En Japón existe desde hace tiempo el tradicional teatro de muñecos llamado “
Bunraku∞” (5), que todavía se representa de vez en cuando. En el cine de animación existe también la variante de películas de marionetas, cuyo más famoso exponente está en la cinematografía checa. En Japón, la historia de las películas de marionetas comienza gracias a
Tadahito Mochinaga∞ (1919-1999), que también enseñó la técnica del cine de animación a los cineastas chinos. Mochinaga, discípulo de Mitsuyo Seo, había sido encargado de realizar películas en
China∞ durante la guerra, permaneciendo allí hasta
1955∞. Al regresar a Japón forma la Ningyo Eiga Seisakusha, dedicada al cine de marionetas y que ofrece nueve títulos, de los cuales destacan
Uriko Hime to amanojaku (La princesa Uriko y el diablo rabioso, 1956) y
Chibikuro Sambo no tora taiji (El negrito Sambo vence al tigre, 1956). Por cierto que este último consiguió el Gran Premio a la mejor película infantil en el
Festival de Cine de Vancouver∞.
Como discípulos más aventajados de Tadahito Mochinaga en el cine de marionetas pueden citarse a
Kihachiro Kawamoto∞ (1924) y
Tadanari Okamoto∞ (1932-1990). Kawamoto, tras una etapa trabajando con Mochinaga, viaja a
Checoslovaquia∞ en 1963 para conocer a su admirado
Jirí Trnka∞ (1912-1969), gracias al cual perfecciona la técnica de animación de marionetas. De vuelta a Japón realizará con producción propia títulos de esta modalidad como
Hanaori (La flor arrancada, 1968),
Oni (El demonio, 1972),
Dojoji (El templo de Dojo, 1976) y
Kataku (1979), en su mayor parte basados en piezas tradicionales del teatro
Noh∞ o el
Kyogen∞. Kawamoto consiguió varios premios en festivales internacionales, dando así su nombre a conocer en el extranjero. Tadanari Okamoto, que aprendió también la técnica de Mochinaga, se independizará para formar la Eko sha, dedicada al público infantil. Sus trabajos más representativos fueron
Fushigi na kusuri (Un medicamento extraño, 1965),
Home my home (1970),
Chiko tan (1971) y
Okon joruri (1982).
(5) A diferencia de las típicas marionetas occidentales del guiñol, los muñecos del “Bunraku” son de tamaño casi humano y a menudo necesitan varias personas para ser manipulados.