Mientras, Takahata y Miyazaki, tras abandonar Toei Doga se hallaban trabajando para series de televisión, pero éste último sentía grandes deseos de volver al cine de dibujos para la pantalla grande. Hayao Miyazaki conseguirá firmar como director su primera película gracias al encargo recibido de adaptar para el cine el popular personaje televisivo de Lupin III, en Rupan sansei, Kariosutoro no shiro (Lupin III y el castillo de Cagliostro, 1979). Gracias al ritmo rápido que le insufló Miyazaki y a unos “gags” basados sobre todo en la acción, resultó una obra maestra, de la que también fue muy comentado el romance entre Lupin y la joven Claris. Miyazaki publicaba desde 1982 en la revista especializada “Animage” el “manga” “Kaze no tani no Nausika” (Nausicaa del valle del viento), que gozaba de gran prestigio. Gracias a ello, surge el proyecto de que Miyazaki realice una versión para el cine, que Isao Takahata se responsabilizará de producir. Por su parte Miyazaki, además de dirigir, se encargó también del argumento, guión y “story board”. Nace así el film homónimo Kaze no tani no Nausika (Nausicaa del valle del viento, 1984), donde Miyazaki despliega toda su energía para retratar una Tierra devastada por la guerra, donde la humanidad está en peligro de extinguirse. La joven mesías que está dispuesta a salvarnos será una especie de Juana de Arco llamada Nausicaa, que cual pájaro salvaje se desplaza por los cielos en una especie de “paraglider”. Y a pesar de tratar un tema tan poco comercial como el de las relaciones entre los seres humanos y la Naturaleza, el público mostró una respuesta entusiasta. La maestría de la animación de Miyazaki consigue que, al igual que los héroes y heroínas que se mecen por los cielos, el espectador se sumerja en una sensación de placentera irrealidad. Gracias al éxito de esta película, Takahata y Miyazaki convencen al poderoso magnate del mundo editorial Y. Tokuma para que colabore en la formación de sus propios estudios de cine de animación, inaugurándose de esta forma en 1985 el “Studio Ghibli”. Dentro de estos, Miyazaki dirigirá títulos como Tenku no shiro, Rapyuta (Laputa, el castillo en el cielo, 1986), vagamente inspirada en “Los viajes de Gulliver” de J. Swift, Tonari no totoro (Mi vecino Totoro, 1988), con una extraña criatura de los bosques (Totoro) a la que sólo pueden ver los niños de corazón limpio, Majo no takyubin (El servicio de mensajería de la bruja, 1989), sobre las penalidades de la joven bruja Kiki para salir adelante en la vida, o Kurenai no buta (Porco Rosso, 1992), ambientada en Italia y con emocionantes duelos aéreos protagonizados por un cerdo piloto. Por su parte, Takahata dirige la muy emotiva Hotaru no haka (La tumba de las luciérnagas, 1988), basada en un argumento de Akiyuki Nosaka, con la que hizo llorar al público por la fuerza con que relata la tragedia de dos hermanitos a los que los bombardeos americanos durante la guerra han dejado huérfanos. Tras ésta, firmará la también interesante Heisei Tanuki Gassen ponpoko (La guerra de los tanuki (12) en los tiempos modernos, 1994), donde los tanuki protagonistas ven amenazada su morada por el desarrollo urbanístico y deciden pasar a la defensa empleando sus habilidades para transformar su apariencia. Todas estas producciones tuvieron gran éxito comercial y repercusión también en el extranjero, donde empezó a cobrar fama la denominación de “Ghibli brand” o “Miyazaki brand”.
(11) En España el primero de dichos remontajes se estrenó con el título de La guerra de los planetas, dirigido por Yoshinobu Nishizaki y Toshio Masuda. “Yamato”, por cierto, era el nombre del buque más emblemático de la flota japonesa durante la Guerra del Pacífico. (12) Los tanuki son unos animales de la familia de los cánidos, originarios de Japón aunque también puedan verse en Siberia y Mongolia, y cuyo aspecto se asemeja al mapache occidental. En torno a estos animales han crecido leyendas centenarias que les han dotado de un aura mítico-mágico.