El movimiento de reforma de los siglos XI y XII coincidió con una prosperidad económica que brindó a los europeos los recursos necesarios para remplazar las viejas iglesias por grandes construcciones. Esto ofreció una oportunidad a los escultores para cumplir programas artísticos a gran escala. Durante el siglo XII, hubo un renacimiento en el arte y la arquitectura al igual que en filosofía, teología y leyes. Tanto los contratistas como sus maestros albañiles diseñaron y dirigieron las construcciones; ellos trataron de recrear el estilo que asociaban con la construcción romana.
El amplio auge de las construcciones europeas creó una clase de albañiles profesionales, que viajaban de un sitio a otro y, eventualmente, se organizaban en gremios. Estos artesanos proporcionaron la base para la innovación, al realizar múltiples construcciones y desarrollar un sentido artístico que estimuló la creatividad.