La civilización europea, cuyos antecedentes se remontan a los años 5 000 a.n.e., se basó en grandes villas agrícolas, así como en el uso de la metalurgia y los símbolos. La economía agrícola de la Vieja Europa proviene de Mesopotamia, donde se desarrolló primero, pero es en Europa Central donde se convirtió realmente en la base de una cultura avanzada, como resultado de la inestabilidad del clima continental y las difíciles condiciones del medio.
El éxito de la agricultura favoreció la formación de nuevas comunidades. Sin embargo, el número de pueblos creció tanto que no pudieron encontrar a tiempo nuevas tierras para mondar. Los granjeros desarrollaron entonces, formas para mantener la fertilidad del suelo mediante la devolución de sus desechos a la tierra y el barbecho de una porción de esta cada año. Dicho avance permitió a las comunidades asentarse permanentemente.
En el inestable medio de Europa, incentivó la creatividad de las comunidades como vía para sobrevivir. Hacia el 5 000 a.n.e., los pueblos de la región construyeron graneros para almacenar los alimentos a largo plazo y desarrollaron una alfarería avanzada. La fertilidad y la protección de los desastres climatológicos fueron sus principales preocupaciones.