La Revolución Industrial
Gran parte de la tensión política en Europa durante la primera mitad del siglo XIX se debió al subyacente malestar económico causado por la gradual transformación de la economía europea de agrícola a industrial. Este cambio, que comenzó aproximadamente a mediados del siglo XVIII, no se hizo notable hasta después de 1815. A partir de entonces, adquirió impulso, primero en Inglaterra y después en el continente, hacia finales del siglo XIX la mayor parte del occidente de Europa se había industrializado.
El cambio de la agricultura a la industria, al parecer, fue un proceso gradual. El mejoramiento de los medios de comunicación y la industrialización hicieron que el mundo pareciera mucho más pequeño; la posibilidad de que más personas se ganaran la vida, hizo que el mundo se llenara más y el aumento del nivel de vida, hizo que la vida se hiciera más agradable. La industrialización elevó a naciones que hasta aquel momento fueron insignificantes y degradó a otras, que no tenían mano de obra ni las materias primas que requería la industria. La industrialización desintegró un orden social rígido y jerárquico para sustituirlo por una sociedad de masas variables e igualitarias. No todos los cambios fueron necesariamente para bien. Mientras la industria creó riquezas para algunos, marcó la pobreza de otros. Mientras hizo naciones e individuos más dependientes de otros, también acrecentó su rivalidad por una parte de las riquezas del mundo.