La riqueza de Italia se basaba en el comercio y la industria. Durante siglos, las comunidades urbanas de la península proporcionaron el vínculo comercial entre las poderosas civilizaciones del Mediterráneo, del este y el oeste de Europa. La riqueza del norte se basó en la agricultura y en la abundancia de minerales. Para estar seguros, los del norte se dedicaron al comercio y a la industria. Las ciudades del oeste de Europa tuvieron fuertes comunidades de comerciantes. Sin embargo, en un inicio la riqueza de la región se basó en una agricultura fecunda, al ser el norte de Europa una de las primeras regiones agrícolas del mundo, la cantidad de ríos allí existentes hace posible de forma fácil y económica el traslado de las cosechas al mercado.
Mientras los gobernantes italianos se construyeron ciudades- estados, basadas en la riqueza derivada de su monopolio del comercio mediterráneo, los gobernantes europeos del norte y el oeste construyeron ciudades- estados basadas en las nuevas industrias y rutas del comercio. La acumulación de adelantos tecnológicos - los cuales produjeron inventos mecánicos como relojes, molinos y grúas y otros que mejoraban la calidad y la capacidad de los barcos- sentó las bases de una nueva explosión de actividades en la economía transalpina durante el siglo XV.
El perfeccionamiento de las técnicas en la metalurgia posibilitó el desarrollo del cañón y de la guerra naval.
En el siglo XV, el inventor de la imprenta, Johannes Gutenberg, -que imprimió por primera vez la Biblia en 1453- influyó mucho también en el desarrollo en la metalurgia. El elemento esencial de la imprenta fue el empleo del carácter móvil, la confección de este carácter requería de un metal que se pudiera fundir y echarlo en moldes. Los germanos - famosos como fabricantes de implementos metálicos desde principios de la Edad Media- desarrollaron una aleación que se dilataba en la medida en que se refrescaba, de modo que llenaba un molde completamente. Las caras del carácter moldeadas con esta aleación producían impresiones fuertes y claras. Como la imprenta se extendió rápidamente desde el valle del Rhin hasta Italia, los europeos de los Países Bajos, Francia, España e Inglaterra recibieron un torrente de libros con precios asequibles, imposible un siglo antes. La extensión de la imprenta significó que la enseñanza no volvería a monopolizarse nuevamente por una pequeña clase alta de la sociedad europea.
El perfeccionamiento del diseño y las técnicas de construcción naval hicieron posible los viajes de Vasco de Gama alrededor de África hasta la India y de Colón hasta América. Estos viajes descubrieron nuevas rutas comerciales y riquezas que dieron a los estados del Atlántico acceso directo al comercio internacional. Dichos estados obtuvieron el control sobre las vías marítimas no sólo porque sus barcos eran ligeramente mejores que los de Italia y otras potencias del Mediterráneo, sino también porque fueron capaces de armarlos con el poderoso cañón naval.
La nueva tecnología de guerra afectó profundamente la distribución del poder político en los reinos del oeste de Europa. Sólo los reyes podían proporcionar las nuevas armas. Consecuentemente, los reyes fueron capaces de socavar la independencia y el poder de la aristocracia, a partir de la centralización del poder y las mejoras en la seguridad dentro de sus múltiples reinos. Se produjo entonces un desequilibrio de poder entre los reyes y los nobles.
Las nuevas industrias como la de fundición del cañón y la imprenta requirieron amplias inversiones iniciales para la creación de las fábricas y la compra de las maquinarias. Desde el inicio, esas industrias se organizaban como empresas capitalistas - es decir, la riqueza acumulada se utilizaba deliberadamente para crear nuevas riquezas. Aunque los comerciantes medievales hubieran utilizado sus ganancias para comprar las mercancías que comerciaban, la mayoría de las riquezas - como las que se producían en grandes fincas agrícolas- se utilizaba para comprar los bienes de "consumo". Ahora la riqueza acumulada se invierte para producir más riqueza, este principio es la esencia del capitalismo.
Las nuevas industrias también necesitaron mano de obra barata que se pudiera emplear por un salario y despedir cuando los negocios se debilitaran. Las empresas capitalistas sacaban sus trabajadores de la ciudad y el campo, así se creó una fuerza laboral cada vez más amplia y móvil que estaba sujeta a los caprichos de una economía internacional sobre la que los industriales ni los trabajadores tenían ningún control. La sociedad de mano de obra barata fue, por consiguiente, más rica y más inestable que la sociedad medieval basada en el trabajo agrícola y artesanal. Los nuevos trabajadores fueron alternadamente más ricos y más pobres que sus antecesores. Los dueños progresistas trataron incluso de introducir el nuevo sistema capitalista en la agricultura. La riqueza derivada de las nuevas industrias y del comercio tendió a concentrarse en unas pocas manos en pocos lugares.
A finales del siglo XV, las monarquías europeas comenzaron a recobrarse de los efectos desastrosos de la guerra y la plaga.
Las Guerras de las Rosas (1455-1485) terminaron con el establecimiento de una fuerte dinastía en Inglaterra; los reyes franceses reconstruyeron su monarquía después de expulsar a los ingleses en 1453.
España obtuvo una gran importancia como país sobre la base de las nuevas colonias. Durante los siglos XV y XVI, los reyes dirigieron sus acciones hacia el establecimiento del poder absoluto, eludido por sus antecesores medievales.
Los descubrimientos de Colón en el Nuevo Mundo introdujeron un flujo constante de oro y plata, que superó todos los anteriores sueños de riqueza. Como resultado, España se convirtió en el poder principal de la Europa del siglo XVI.