En el 330, Constantino creó una nueva ciudad sobre la base de una antigua colonia ateniense en Bizancio, que más tarde se rebautizó con el nombre de Constantinopla, la capital del imperio en el este. La decisión de Constantino revelaba los problemas y las oportunidades en el imperio este de Roma, donde las fuerzas persas constituían una continua amenaza. En el siglo V, tras repetidas invasiones cayó el imperio romano en el oeste. Las provincias del este sobrevivieron y la vieja cultura helenística continuó su desarrollo sin dificultades. En el oeste, una sofisticada cultura latina sobrevivió hasta el año 425.
Conscientes del peligro de las invasiones bárbaras, sus intelectuales escribieron libros sobre filosofía, teología e historia y mantuvieron una activa correspondencia. Durante el siglo IV, se tradujo la Biblia al latín.
La cultura literaria dependía de la comunicación entre un pequeño grupo de hombres educados. Una gran parte de la literatura del período se escribió en forma de cartas, e incluso, con frecuencia, libros en respuesta a las solicitudes de amigos. Las invasiones y las emigraciones desorganizaron la comunidad de literatos, aunque no en todas partes al mismo tiempo. En el 476 finalmente colapsó el poder del imperio romano en el Oeste.