Luis XVIII aceptó, tanto el principio revolucionario de igualdad bajo la ley como el acuerdo revolucionario de la tierra. También debió presentar una constitución a su pueblo. En toda Europa las grandes ideas de la revolución - libertad, igualdad y nacionalismo- perduraron y, con estas, el peligroso concepto de revolución como un medio de alcanzar los objetivos sociales y políticos. Estas ideas fueron reconocidas parcialmente en algunos países y prohibidas por completo en otros; pero persistieron en todas partes - encendiendo la llama que se inflamaría una y otra vez. Por primera vez en dos siglos, Francia no sería el estado más rico y poderoso de toda Europa.