Apuntes para una historia universal - El retorno a la "normalidad"
Apuntes creado por Lic. Rubén Cañedo Andalia, Lic. Caridad Karell Marí. Extraido de: http://www.bvs.sld.cu/revistas/aci/vol12_1_04/aci03104.htm
16 de Diciembre de 2005
Historia
109 - El retorno a la "normalidad"
Entre las potencias occidentales, Gran Bretaña tuvo durante mucho tiempo un desarrollo interno más estable. A comienzos de 1920, sin embargo, Inglaterra entró en una extensa crisis económica. Su efecto fue el cambio de poder de los liberales, primero a los conservadores y luego a los laboristas.
En 1929, los laboristas finalmente ganaron su primera gran victoria, pero la solución de las dificultades económicas de Inglaterra tuvo que esperar hasta después de la Gran Depresión. A pesar de su inestable economía, Gran Bretaña no tuvo serios problemas internos.
La recuperación de Europa, aunque desigual, parecía buena en 1929. Aunque pudiera haberse producido más temprano. Los Estados Unidos conocían bien sus nuevas responsabilidades como potencia más rica del mundo. Sin embargo, Norteamérica prefirió mantenerse apartada de los asuntos europeos. La mayoría de los europeos consideraron este aislamiento extremadamente egoísta. Norteamérica, después de todo, había obtenido ganancias económicas de la guerra, no sólo por abastecer a los Aliados, sino por su penetración en las regiones controladas en otros tiempos por el comercio europeo. Lo menos que Norteamérica podía hacer era olvidar los préstamos que había hecho a sus aliados durante la guerra, pero Estado Unidos rechazó hacerlo.
Hubo otros motivos de fricción. Los franceses se resintieron por la negativa de Norteamérica e Inglaterra para garantizar la seguridad francesa; los ingleses se alarmaron por el crecimiento comercial y la competencia naval de Norteamérica. Tampoco, Francia e Inglaterra recibieron con beneplácito el evidente acercamiento entre los Estados Unidos y Alemania. Otra causa de fricciones fue el obvio intento de Norteamérica de aislarse económicamente al adoptar algunos de las más altos aranceles de su historia.
El aislamiento de Norteamérica tuvo sus raíces internas en una creciente oposición nacionalista a las influencias "foráneas" y "radicales".
A pesar del aislamiento, la conciencia humanitaria de Norteamérica y sus intereses económicos condujeron a renovar su participación en los asuntos internacionales.
Económicamente, los Estados Unidos ni Europa, lograron ajustarse fácilmente a las condiciones de tiempo de paz. La repentina cancelación de los contratos del gobierno trastornó profundamente la economía. Mientras las industrias europeas reanudaban la producción, las exportaciones de los Estados Unidos decayeron. Los trabajadores se resistieron a los intentos de reducir los costos bajando los salarios, la inquietud de los trabajadores se incrementó. El pueblo norteamericano reflexionaba, con nostalgia, sobre la paz y la prosperidad que habían conocido antes de la guerra.
Con Harding, elegido en 1920, Norteamérica entró en una era de prosperidad febril, debido a lo cual, los años 20 son los que mejor se recuerdan.
El interés primordial de los republicanos fue la comunidad comercial norteamericana. Los altos aranceles, la anulación de los impuestos excesivos de utilidades, el descenso de los impuestos sobre las corporaciones y los grandes ingresos, las prohibiciones contra las huelgas y otras medidas beneficiaron a los grandes negocios. El fenomenal desarrollo económico de Norteamérica también se debió al capital disponible y las crecientes inversiones realizadas en el segmento más amplio de la sociedad. Al parecer, los grandes negocios se convirtieron en el negocio de todos. Aunque no fue absolutamente de todos. Ni los trabajadores ni los campesinos obtuvieron su merecida parte de la prosperidad. Como resultado, la membresía de los sindicatos decayó. Aún así, la mayoría de los trabajadores se benefició con el crecimiento de la economía de la nación mediante mejores salarios y empleo completo.
El hijastro de la repentina prosperidad norteamericana fue el campesino. Como resultado de la guerra, la producción total de la agricultura norteamericana en 1919 se había duplicado. Luego, como la demanda externa y los excedentes acumulados aumentaron, los precios cayeron. El gobierno trató de ayudar a los campesinos con créditos adicionales, sin embargo, la administración republicana evadió los subsidios directos. Los aranceles proteccionistas, sin embargo, hicieron que los países extranjeros redujeran sus importaciones de granos de Norteamérica.
Por otra parte, apareció un furor por seguir a Norteamérica en los negocios y el placer durante la "Era del Jazz". Como es común en períodos de prosperidad, Norteamérica tuvo su parte en escándalos privados y públicos. Los mismos norteamericanos parecían muy satisfechos con la prosperidad aparentemente infinita de su país.
Sin embargo, algunos hechos anunciaban la tormenta. Antes de 1929, el crecimiento de algunas áreas básicas se había retrasado. Los precios ventajosos cayeron. Estos signos de la recesión se oscurecieron ante la continua prosperidad en el mercado de valores. Aquí los especuladores establecieron precios desproporcionados con respecto a los valores reales. A mediados de septiembre de 1929, los precios de los valores tuvieron cierto descenso. Los fracasos de las compañías especuladoras en Londres, un mes después, causaron algunos estremecimientos en Wall Street, pero aún no el pánico. El colapso del mercado de valores surgió repentinamente el 23 de octubre. Al día siguiente, el "Black Thursday" (el Jueves Negro), los inversionistas norteamericanos vendieron cerca de veinte millones de acciones con una pérdida total de 40 billones de dólares. La Gran Depresión había llegado.
En 1929, los laboristas finalmente ganaron su primera gran victoria, pero la solución de las dificultades económicas de Inglaterra tuvo que esperar hasta después de la Gran Depresión. A pesar de su inestable economía, Gran Bretaña no tuvo serios problemas internos.
La recuperación de Europa, aunque desigual, parecía buena en 1929. Aunque pudiera haberse producido más temprano. Los Estados Unidos conocían bien sus nuevas responsabilidades como potencia más rica del mundo. Sin embargo, Norteamérica prefirió mantenerse apartada de los asuntos europeos. La mayoría de los europeos consideraron este aislamiento extremadamente egoísta. Norteamérica, después de todo, había obtenido ganancias económicas de la guerra, no sólo por abastecer a los Aliados, sino por su penetración en las regiones controladas en otros tiempos por el comercio europeo. Lo menos que Norteamérica podía hacer era olvidar los préstamos que había hecho a sus aliados durante la guerra, pero Estado Unidos rechazó hacerlo.
Hubo otros motivos de fricción. Los franceses se resintieron por la negativa de Norteamérica e Inglaterra para garantizar la seguridad francesa; los ingleses se alarmaron por el crecimiento comercial y la competencia naval de Norteamérica. Tampoco, Francia e Inglaterra recibieron con beneplácito el evidente acercamiento entre los Estados Unidos y Alemania. Otra causa de fricciones fue el obvio intento de Norteamérica de aislarse económicamente al adoptar algunos de las más altos aranceles de su historia.
El aislamiento de Norteamérica tuvo sus raíces internas en una creciente oposición nacionalista a las influencias "foráneas" y "radicales".
A pesar del aislamiento, la conciencia humanitaria de Norteamérica y sus intereses económicos condujeron a renovar su participación en los asuntos internacionales.
Económicamente, los Estados Unidos ni Europa, lograron ajustarse fácilmente a las condiciones de tiempo de paz. La repentina cancelación de los contratos del gobierno trastornó profundamente la economía. Mientras las industrias europeas reanudaban la producción, las exportaciones de los Estados Unidos decayeron. Los trabajadores se resistieron a los intentos de reducir los costos bajando los salarios, la inquietud de los trabajadores se incrementó. El pueblo norteamericano reflexionaba, con nostalgia, sobre la paz y la prosperidad que habían conocido antes de la guerra.
Con Harding, elegido en 1920, Norteamérica entró en una era de prosperidad febril, debido a lo cual, los años 20 son los que mejor se recuerdan.
El interés primordial de los republicanos fue la comunidad comercial norteamericana. Los altos aranceles, la anulación de los impuestos excesivos de utilidades, el descenso de los impuestos sobre las corporaciones y los grandes ingresos, las prohibiciones contra las huelgas y otras medidas beneficiaron a los grandes negocios. El fenomenal desarrollo económico de Norteamérica también se debió al capital disponible y las crecientes inversiones realizadas en el segmento más amplio de la sociedad. Al parecer, los grandes negocios se convirtieron en el negocio de todos. Aunque no fue absolutamente de todos. Ni los trabajadores ni los campesinos obtuvieron su merecida parte de la prosperidad. Como resultado, la membresía de los sindicatos decayó. Aún así, la mayoría de los trabajadores se benefició con el crecimiento de la economía de la nación mediante mejores salarios y empleo completo.
El hijastro de la repentina prosperidad norteamericana fue el campesino. Como resultado de la guerra, la producción total de la agricultura norteamericana en 1919 se había duplicado. Luego, como la demanda externa y los excedentes acumulados aumentaron, los precios cayeron. El gobierno trató de ayudar a los campesinos con créditos adicionales, sin embargo, la administración republicana evadió los subsidios directos. Los aranceles proteccionistas, sin embargo, hicieron que los países extranjeros redujeran sus importaciones de granos de Norteamérica.
Por otra parte, apareció un furor por seguir a Norteamérica en los negocios y el placer durante la "Era del Jazz". Como es común en períodos de prosperidad, Norteamérica tuvo su parte en escándalos privados y públicos. Los mismos norteamericanos parecían muy satisfechos con la prosperidad aparentemente infinita de su país.
Sin embargo, algunos hechos anunciaban la tormenta. Antes de 1929, el crecimiento de algunas áreas básicas se había retrasado. Los precios ventajosos cayeron. Estos signos de la recesión se oscurecieron ante la continua prosperidad en el mercado de valores. Aquí los especuladores establecieron precios desproporcionados con respecto a los valores reales. A mediados de septiembre de 1929, los precios de los valores tuvieron cierto descenso. Los fracasos de las compañías especuladoras en Londres, un mes después, causaron algunos estremecimientos en Wall Street, pero aún no el pánico. El colapso del mercado de valores surgió repentinamente el 23 de octubre. Al día siguiente, el "Black Thursday" (el Jueves Negro), los inversionistas norteamericanos vendieron cerca de veinte millones de acciones con una pérdida total de 40 billones de dólares. La Gran Depresión había llegado.
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