El intento razonable del gobierno por conseguir nuevos ingresos fue recibido con una poderosa oposición en las colonias americanas. La Guerra de Independencia de Norte América (1775-83) fue, en cierto sentido, una guerra civil dentro del imperio británico en ambos lados del Atlántico; los colonialistas, por ejemplo, tenían amigos en Inglaterra e Irlanda simpatizaba con los reclamos de Norteamérica.
Los colonialistas norteamericanos ganaron la Guerra de Independencia con la ayuda de Francia. Siguiendo los principios del equilibrio de poder, Francia compensó la pérdida de Canadá privando a Gran Bretaña de sus colonias americanas. Los suministros, tropas y barcos franceses fueron una ayuda inestimable para el General Washington en su lucha por derrotar las fuerzas británicas en las colonias. En el tratado de paz de 1783, las trece colonias ganaron su independencia y obtuvieron el derecho a los territorios del este del Misisippi, del norte de la Florida y del sur de los Grandes Lagos.
El éxito de la Revolución Norteamericana tuvo profundos efectos en Europa y en otras partes del mundo. Los oponentes del viejo régimen en Europa se percataron de ello, un pueblo había tomado su destino en sus propias manos, se había rebelado contra las normas establecidas y había creado un gobierno de su propia elección. Se había obtenido la libertad sin autorización.
Las ideas de John Locke - igualdad natural, derechos inalienables, gobierno por consenso del gobernado y el derecho elemental de revolución- se habían reivindicado. La Declaración de Independencia (el 4 de julio de 1776) dio la señal para llamar a la rebelión a los pueblos del Viejo Mundo.
Los acontecimientos en América parecieron demostrar que las unidades políticas más pequeñas se podían unir sin recurrir al despotismo. La Revolución Norteamericana representó y trasladó al mundo occidental dos ideas políticas de gran importancia para el futuro: un gobierno limitado o constitucional (con una larga historia desde el mundo antiguo y medieval) y la soberanía popular o democracia (relativamente nueva en una época aún muy aristocrática en su pensamiento).
Los veinticinco años transcurridos entre el Tratado de París y el estallido de la revolución en Francia ofreció al mundo occidental tres posibles caminos para el desarrollo futuro: el despotismo ilustrado, el dominio aristocrático o la revolución democrática.