Crisis políticas y económicas
El siglo XVII, mucho más que el XV o el XVI, es el siglo en el que la civilización europea moderna adoptó una forma reconocible actualmente. También fue un siglo atribulado de crisis políticas, sociales y económicas; además de crisis tan peligrosas como las que habían sacudido la civilización medieval de Europa en el siglo XIV. Por doquier, se desafió el creciente poder del estado y en la década del 40 del siglo XV, las tres monarquías más fuertes de Europa - España, Francia e Inglaterra- se debilitaron con las grandes rebeliones. La guerra fue endémica - la última de las guerras religiosas se unió a las guerras que mantenían el equilibrio del poder y estas con las primeras guerras comerciales. Los estragos de las guerras se combinaron con la hambruna y las plagas.
También ocurrió una prolongada depresión económica durante las décadas intermedias del siglo. El flujo de plata desde el Nuevo Mundo, el cual había estimulado la economía, decayó severamente y la producción industrial en Europa creció sólo ligeramente. Sólo, de forma gradual, después de 1670, se reanudó el comercio y la industria. Entretanto, la pobreza exacerbaba la inquietud social y las rentas públicas limitaban la capacidad de los gobiernos.
A pesar de este ambiente tan poco prometedor, emergió una nueva Europa. Gobiernos, hombres de negocios y líderes intelectuales decidieron que no serían despojados de las ganancias que habían obtenido en los últimos dos siglos. Todo desafío fue respondido, en diferentes momentos y con diferentes significados, en cada país. Pero la consecuencia evidente fue una Europa más rica, más fuerte en el comercio mundial y con gobiernos más efectivos en el siglo XVII que en el anterior. Y como un inesperado acontecimiento, una revolución intelectual, un violento cambio de las formas de pensar acerca del hombre y el universo, que influyó más en la naturaleza de la vida humana que ninguna de las nuevas ideas surgidas durante el Renacimiento italiano.
Aunque los estadistas y escritores del siglo XVII reconocieron la importancia de los problemas económicos con mayor claridad que sus antecesores, ellos aún sentían que los problemas políticos merecían una consideración primaria. Ellos quisieron también completar el proceso que se había iniciado en el siglo XIII, la construcción de estados territoriales independientes. Se produjo la concentración del poder supremo en algunos órganos del estado, la monarquía (como en Francia y en la mayoría de los demás estados) o la asamblea representativa (como en Inglaterra).
Entre 1 598- 1 661, Francia buscaba el orden y la autoridad; entre 1 603- 1 660, Inglaterra trataba de establecer la libertad civil y religiosa.