Los reyes y los ministros del siglo XVII sabían que el poder político dependía del poder económico. La agricultura siempre fue la ocupación principal en Europa, pero muy poco se pudo haber hecho para aumentar la producción del país o para disminuir la producción exterior de alimentos y tejidos. La industria fue más susceptible a las interferencias del estado; sin embargo, ninguno de los países más poderosos dependió de la industria. El volumen y el valor del comercio europeo aumentaron enormemente. El desarrollo entre 1500 y el 1600 fue tan espectacular que algunos historiadores calificaron este fenómeno como "Revolución Comercial". Los países que asumieron el liderazgo político en Europa se convirtieron en los centros del comercio. En los Países Bajos, Inglaterra y Francia, el comerciante fue mucho más importante que el industrial y mucho más influyente que el hacendado. En 1 776, Adam Smith, acuñó este fenómeno con el término "sistema mercantil".