Una buena parte de la confusión política de la generación posterior a Napoleón tuvo su contraparte y causa en la conmoción espiritual asociada con la época del Romanticismo. La mayoría de los románticos compartieron algunas características. La más notable de estas fue su protesta contra el racionalismo del siglo XVIII. La Ilustración, que hizo énfasis en la naturaleza racional del hombre y el orden racional del universo, había ignorado las fuerzas irracionales. Ocurrieron algunas reacciones tempranas a este racionalismo estricto. La Revolución Francesa y la época de Napoleón impulsaron esta protesta. La razón, al parecer, no fue la solución a los problemas del hombre como los filósofos habían anunciado.
El romántico típico seguía más a su corazón que a su cabeza. Era un individualista. La Ilustración hablaba del hombre como si fuera el mismo en todas partes. El Romanticismo subrayaba las diferencias entre los hombres.
Rousseau también consideraba la educación como un medio de realización de la individualidad personal. La Ilustración, con su creencia en la igualdad esencial de las mentes humanas, se interesó más bien en la educación formal que en la individual. Rousseau sostenía que se debe dejar que los niños desarrollen sus propias habilidades y potencialidades. Para el filósofo del siglo XVIII, el mundo había surgido como un mecanismo bien ordenado, para el romántico la naturaleza era un organismo misterioso, cuyos ataques de melancolía reflejaban sus profundos sentimientos.
La estrecha relación entre el romanticismo y la religión, especialmente con el Catolicismo, es obvia, porque ambos enfatizaban el lado irracional del hombre. El misterio de la teología católica y el esplendor de su ritual proporcionaban justamente el tipo de experiencia emocional que el romántico ansiaba. Como resultado, aun cuando había estado a la defensiva desde la Revolución Francesa, se reafirmó. Una vez más, en casi todo el continente, la educación se convirtió en monopolio del clero.
El despertar del interés religioso se relacionó estrechamente con la veneración general del romántico por el pasado.
El período desde el 400 al 1300 de nuestra era, se llamó merecidamente la "era oscura", de la ignorancia y la superstición. Los románticos recurrieron a estos siglos, hasta entonces menospreciados, atraídos por el clamor y la grandeza que habían sobrevivido en los castillos medievales y las catedrales góticas. El interés del romántico por la Edad Media, a partir del despertar del interés por el pasado, también avivó el interés general por el estudio de la historia. La historia moderna se originó en la época del Romanticismo.
El Romanticismo fue un movimiento que afectó todos los aspectos de la vida y el pensamiento humano. Fue particularmente fuerte en las artes, no sólo en la literatura, sino también en la pintura y la música. Todas las naciones de Europa contribuyeron a ello, también fue una fuerza vital en los Estados Unidos.
El Romanticismo destruyó la clara simplicidad y la unidad que habían prevalecido durante la Ilustración. No expresaba como filosofía dominante, los fines e ideales de la civilización occidental, como había hecho el racionalismo durante el siglo XVIII. El racionalismo proporcionó una visión parcial del mundo e ignoró la competencia de la experiencia humana. El Romanticismo hizo mucho por corregir ese desequilibrio, al insistir en que el mundo no era la simple máquina que había parecido desde Newton y que el hombre no era una parte simple en esta máquina. El Romanticismo proporcionó una visión más compleja, pero también más exacta del mundo. Con su énfasis en la evaluación, la creatividad y la singularidad del individuo, el Romanticismo llegó como un soplo de aire fresco después del formalismo de la Ilustración. Esa fue su principal y perpetua contribución.
La humanidad se dividió gradualmente en distintos grupos, definidos por el área geográfica, el lenguaje y la experiencia histórica. Estos elementos juntos crearon una "conciencia nacional" común. Algunos de estos sentimientos existían en Inglaterra, Francia e incluso en Alemania desde los tiempos medievales o principios de los modernos. Para transformar la conciencia nacional en nacionalismo, se necesitaba algo más - el sentimiento de no ser sólo diferente, sino superior a otros grupos nacionales. Las primeras manifestaciones modernas de nacionalismo pudieron haber aparecido en la Revolución Francesa y en las guerras napoleónicas. Con su llamado a las emociones, el nuevo nacionalismo encajaba perfectamente en el clima del Romanticismo. Para el romántico, tanto el nacionalismo como la religión, proporcionaban algo en que creer y porque sacrificarse.
A inicios del siglo XIX, el nacionalismo fue una doctrina revolucionaria. Al estar dirigido a la liberación de los pueblos o a su unificación en un estado común, representó una amenaza para el orden establecido. En defensa de ese orden, una filosofía política había aparecido durante la Revolución Francesa, el conservadurismo.
Ahora bien, si el restablecimiento del antiguo orden salvó a Europa de varias guerras internacionales fue el responsable de las ininterrumpidas series de revueltas ocurridas por más de una generación en el continente.
La primera oleada de revueltas después de 1815, lejos de transformar el antiguo orden, pareció fortalecer su dominio. La segunda ola de revueltas, entre 1 830 1 833, fue diferente. Se inició el pueblo, en París y de allí, se extendió hacia la mayor parte de Europa, para dejar, tras de sí, algunos cambios políticos importantes.
Como las revoluciones, a principios de la década del 30 del siglo XIX, fueron exitosas sólo en el oeste de Europa, contribuyeron a ensanchar el abismo existente entre los poderes del este y el oeste.
La tercera ola de revueltas, entre 1 848 y 1 849, duró más de un año y afectó gran parte de Europa. El nacionalismo constituyó la preocupación principal de los revolucionarios en Europa central. En el oeste de Europa, ni el nacionalismo ni el feudalismo continuaron con éxito. El objetivo principal de la revolución fue la extensión del poder político más allá de las clases medias más altas. Los revolucionarios no siempre estaban de acuerdo en cuán lejos debía llegar esa liberalización. La clase media quería simplemente ampliar el derecho al voto para incluir la mayor cantidad de ciudadanos, mientras que la clase trabajadora quería una democracia política para todos y en alguna medida una democracia social y económica también. Con las revueltas de 1848, el socialismo se convirtió por primera vez en un tema para los diplomáticos europeos.
Además de las causas políticas, también hubo razones económicas en la ola de revueltas. Como resultado del desarrollo económico sin precedentes de Europa desde 1815, hubo varias crisis económicas severas, las últimas en 1846 y en 1847.
Estas afectaron particularmente a las clases más bajas. En muchos casos, las dificultades económica antecedieron y precipitaron la acción política. Existieron otros rasgos comunes en las revueltas de 1848: fueron esencialmente urbanas, los líderes procedían de la clase media. Las clases urbanas más bajas, artesanos y trabajadores lucharon verdaderamente.
Pero, ¿por qué fracasaron las revueltas de 1848? Las revueltas de 1848 fracasaron en todas partes debido a puntos débiles en el campo revolucionario, a la resistencia constante de las fuerzas reaccionarias y a las condiciones económicas que facilitaron que las revueltas no resistieran. Uno de los puntos débiles de los revolucionarios fue la carencia de programas bien definidos.
Pero su debilidad principal fue la falta de un apoyo popular de gran envergadura. La clase media, en la mayoría de los países, realmente no deseaba una revolución.
Muchas de las luchas, emprendidas por los artesanos y los trabajadores, buscaban mucho más que la democracia limitada de los ricos. En su lugar deseaban una democracia política completa y, en algunos casos, económica también. Para la clase media, estas demandas, especialmente las socialistas, no sólo amenazaban su predominio político, sino también su propia existencia.
En 1848, se publicó el Manifiesto Comunista.
No sólo hubo desunión entre los revolucionarios, sino que no hubo intento de coordinar las revueltas en los diferentes países. Mientras las fuerzas de la reacción trabajaban juntas, la colaboración entre los revolucionarios era escasa.
Las revueltas de mediados de siglo provocaron un viraje en la historia de Europa. Hasta aquel momento, la economía del continente fue esencialmente agrícola. A partir de este momento, la industrialización se afirmó realmente. Dos fuerzas dominaron entonces la historia de Europa y el mundo -el nacionalismo y el socialismo. Ninguna de las dos era nueva, pero ambas habían perdido mucho del idealismo y la utopía de sus inicios. A partir de este momento, el nacionalismo y el socialismo se convirtieron en cuestiones importantes en la lucha de una nación contra otra y de una clase contra otra.
El único país de Europa occidental donde la mayoría de la población había esperado que la revolución llegara primero fue Gran Bretaña. Sin embargo, las Islas Británicas demostraron ser la principal excepción de la regla de la revolución. La Ley de Reforma de 1832 fue merecidamente la más notable de una amplia serie de reformas. La más importante de ellas fue el establecimiento del comercio libre. En correspondencia con la campaña por la libertad económica, también se produjo durante los años 30 un movimiento a favor de una libertad política mayor. A partir de estos momentos, los trabajadores giraron hacia el sindicalismo como una forma de mejorar su estado.