El ciclo de los negocios -, fases alternas de prosperidad y depresión- es un defecto reconocido del capitalismo moderno. Pero nunca antes hubo una depresión tan severa. La causa fundamental de la depresión fue el fracaso internacional para resolver los problemas económicos heredados de la primera guerra mundial. La expansión industrial continuó a toda marcha después de la guerra y pronto condujo a la superproducción. A inicios de 1924, una breve, pero artificial recuperación reapareció. Como los campesinos y los trabajadores no compartieron realmente el alza económica, el poder adquisitivo no se mantuvo junto al nivel de la producción. En países como Alemania y Austria, además, la expansión industrial fue ampliamente estimulada por los préstamos foráneos. Cuando esos créditos terminaron, la recuperación cesó y la economía de esas naciones colapsó.
Sin embargo, esto no sucedió hasta la primavera de 1931. Mientras tanto, la situación en Europa Central se tornó suficientemente seria como para exigir soluciones radicales.
En mayo de 1931, la banca más grande de Austria colapsó a inicios de la fase europea de la Gran Depresión. En julio, los alemanes suspendieron los pagos; en septiembre, el gobierno británico abandonó el patrón oro. Como otras naciones siguieron el ejemplo de Inglaterra, la única potencia principal de Europa en persistir en el patrón oro fue Francia, donde la depresión no se hizo sentir hasta 1932.
Es difícil describir el desestabilizante golpe económico que el mundo sufrió en el breve lapso de tres o cuatro años. La producción industrial del mundo decayó más de un tercio, los precios cayeron más de la mitad y más de 30 millones de personas perdieron sus trabajos. Algunos países, especialmente Alemania, fueron golpeados con más fuerza que otros. En los Estados Unidos, la producción industrial y el ingreso nacional, en 1933, habían disminuido más de la mitad y se estimó en 14 millones el número de desempleados.
Debido al alcance internacional de la depresión, cualquier solución exigía de una cooperación entre las potencias principales.
Como las naciones deudoras comenzaron a incumplir, en 1931, se inició una moratoria de un año de todas las indemnizaciones. En 1933, la Conferencia Económica Internacional en Londres, que intentó estabilizar, las monedas fracasó, cuando Norteamérica rechazó adoptar sus propuestas.
Los esfuerzos internacionales por salvar al mundo de la quiebra económica hasta este momento fueron muy pobres o muy tardíos. Entretanto, los gobiernos volvieron a las mismas prácticas que los habían inducido a la depresión por primera vez.
Como Norteamérica aumentó sus aranceles a niveles sin precedentes, el resto de las potencias la imitaron, incluso Inglaterra abandonó en 1932 su tradicional política de libre comercio. Estas y otras medidas restrictivas impidieron el restablecimiento del comercio internacional.