La regularidad del desarrollo económico y social en los pueblos agrícolas y sus feudos, produjo un modelo histórico común en el norte de Europa, creó un sistema muy conservador. Es difícil imaginar cómo se pudo introducir innovaciones en una economía social estable. Pero dos características de la historia social y económica medieval provocaron cambios.
Primeramente, el establecimiento de nuevos grupos - primero los germanos y, desde luego sus parientes, los vikingos- rompió el ciclo natural de la vida del pueblo e introdujo nuevas ideas y tecnologías. En segundo lugar, los señores aumentaron sus riquezas al estimular a los campesinos a reutilizar las viejas tierras cultivables y a colonizar las nuevas, estos pueblos estuvieron más abiertos a la innovación que los más antiguos.
Las principales innovaciones en la agricultura medieval fueron el uso del arado pesado con ruedas, el caballo de vapor y la introducción de la rotación de tres campos por cosecha para remplazar la antigua rotación de dos campos. Estos cambios causaron un crecimiento, tanto en la variedad como en la cantidad de cosechas, en aquel momento tuvo efectos importantes en la dieta de los europeos.
El cambio del buey por el caballo fue el resultado de dos avances tecnológicos -el uso de la herradura y el desarrollo de la collera, que permitía al caballo tirar de una carga fácilmente. El uso de caballos para tirar los vagones aumentó la eficiencia del transporte por tierra, tanto para el comercio como para las campañas militares. Esto condujo al crecimiento de la industria de transporte por tierra. También permitió un mejoramiento general de la red de carreteras y aumentó las oportunidades comerciales para algunas comunidades situadas en los cruces de caminos.
El uso del caballo permitió la expansión de las tierras cultivables y contribuyó al crecimiento de la producción de alimentos, a la vez, que acompañó la agresiva expansión agrícola que invariablemente dejó rezagado al bosque medieval.