La actividad dominante en las ciudades del norte de Italia fue el comercio internacional, que dependía directa o indirectamente del comercio con el Levante para su sustento - las regiones costeras del este del Mediterráneo- y con el norte de Europa. Las personas dominantes en las ciudades italianas fueron los banqueros, los exportadores y los fabricantes de tejidos a amplia escala. El poder político de las ciudades italianas se extendió mucho más allá de sus fronteras, así las convirtió en principados urbanos o ciudades- estados. La razón de este desarrollo en Italia estuvo en el rápido y poderoso desarrollo de las ciudades que impidió la instauración de una verdadera jerarquía feudal.
A finales del siglo XII, la población urbana se había dividido en clases, definidas por criterios sociales y económicos. En el siglo XI, en muchas ciudades italianas se habían formado grupos políticos que lucharon contra los obispos por el control de las ciudades. En este período, los obispos, designados por el emperador, tenían el poder dominante en las ciudades. A mediados del siglo XII, las poblaciones urbanas habían logrado la independencia de sus ciudades y habían desarrollado instituciones políticas, dominadas por un consejo, para dirigir su propio gobierno.
A principios del siglo XV aproximadamente, las ciudades- estados italianas comenzaron a mantener embajadores en las cortes de los estados extranjeros para mantener a los gobernantes en contacto permanente con otros gobiernos, potenciales aliados o enemigos. Esta práctica fue el comienzo de la diplomacia moderna.