En los Balcanes y en Europa del Este, la prosperidad creció en la medida en que se estimuló el comercio mediante la apertura de tierras y de rutas comerciales ribereñas. Después del siglo XVI, un rápido aumento de la población, cambió la proporción de colonos de la tierra.
Akbar (quien reinó del 1556 al 1605) fue el que realmente aseguró el futuro del imperio y construyó sus fundamentos institucionales tras una serie de triunfos y derrotas que permitieron formar un imperio turco- mongol, persa e islámico en el Sur del Himalaya.
Durante la segunda mitad del siglo XVI y la primera mitad del XVII, los distintos emperadores apoyaron el desarrollo de las artes. Akbar otorgó a más de cien pintores el rango de mansabar; aunque era analfabeto, dejó una biblioteca de 24 000 manuscritos ilustrados, incluía igualmente a los clásicos indios como el Ramayana y el Mahabharata junto a obras de la literatura persa tradicional. Jahangir, su hijo, fue el más entusiasta y un gran conocedor de pintura. Estimulado por su esposa persa, llenó su corte de poetas y músicos persas, así como artistas y arquitectos.