Con el descubrimiento de una forma para descifrar la escritura antigua en el siglo XIX, así como un método para determinar la correspondencia entre el calendario egipcio y el reloj astronómico, los arqueólogos escribieron una historia de la civilización Mediterránea a principios del siglo XX. En ella se planteaba que la civilización, con origen en Asia Suroeste, se difundió, con el comercio marítimo, a través del Mediterráneo a Creta, a Grecia y a España. De allí, según ellos, se extendió a la Bretaña, Norte de Europa y los Balcanes.
Sin embargo, los nuevos hallazgos han hecho pensar de manera diferente. Los asentamientos encontrados en Europa son tan antiguos como, y en algunos casos más antiguos, que los del suroeste asiático. Los avances más representativos de los sumerios y egipcios fueron la construcción de ciudades y la escritura, los europeos no construyeron comunidades urbanas significativas ni utilizaron la escritura. La alfarería y la metalurgia en los Balcanes y en Europa Central, llamada la Vieja Europa por los arqueólogos, se desarrolló en comunidades de España, Creta y Grecia, más antiguas que aquellas de las que se suponía fueran la fuente de los estilos y tecnologías europeas. Estos hechos parecen indicar que, al menos en algunos períodos de tiempo, la influencia se ejerció en sentido contrario al planteado hasta el momento, aunque el efecto del contacto entre la Vieja Europa y el suroeste asiático no puede considerarse sobre la base de los hechos hasta ahora conocidos.