Mientras que los europeos se aventuraban a sus primeras grandes acometidas de ultramar; el mundo islámico florecía y se extendía. EL siglo, que fue testigo de la toma de Constantinopla (1453), también estuvo marcado por la expansión del Islam en Sumatra y Java, en el lado opuesto de Asia, así como en Africa. Ellos fueron, con mucho, el más poderoso de los estados musulmanes e incluso después de su caída dejaron huellas imborrables en las principales regiones de Eurasia.
Entre los imperios islámicos, el otomano fue el más extendido, el más diverso y el más duradero de los tres imperios islámicos. La toma de Constantinopla en 1453 marcó la transformación del estado otomano en un imperio completamente maduro. El unió Sofía, Serbia, Grecia, Siria, Egipto y Argelia, entre otros. La conquista de Chipre en 1571 estimuló la alianza entre España, Venecia y el Papado. La victoria en la batalla de Lepanto (1 571) tuvo una enorme repercusión en la moral europea.
Durante el resto del siglo XVI y los primeros sesenta años del siglo XVII el imperio estuvo a la defensiva. En el último tercio del siglo XVII se añadieron nuevas posesiones al imperio tras nuevas guerras de conquista; sin embargo, el imperio no tuvo más fuerzas para continuar a la ofensiva.
Una larga dinastía de sultanes se extendió hasta el establecimiento de la moderna Turquía en 1923.