Antes de 1815, la Revolución industrial fue principalmente un fenómeno inglés. La reactivación económica en Francia después de 1763, que ayudaba a compensar la pérdida de las colonias francesas a manos de Inglaterra, se había interrumpido con la Revolución francesa. En otras partes de Europa, hubo pocas señales de industrialización. La desunión política retardó en Alemania el desarrollo económico. Italia y Austria eran casi completamente agrícolas. Después de 1815, las industrias del continente siguieron muy por debajo de las de Inglaterra. Sólo después del advenimiento del ferrocarril en la década del 30, comenzó a mejorar la situación.
La historia inicial de la industrialización se vincula estrechamente con el desarrollo de inventos mecánicos. La mayoría de los inventos se produjeron en la industria algodonera. Como la mayoría de esos artefactos primarios fueron pequeños, baratos y manejables, se podían utilizar como parte del sistema doméstico en las casas de los trabajadores.
Ahora bien, de todos los inventos en los primeros años del industrialismo, la máquina de vapor fue el más importante. Hasta el advenimiento de la electricidad fue la principal fuente de fuerza artificial. El desarrollo de la máquina de vapor se relaciona estrechamente con dos productos básicos de la industrialización moderna - el carbón y el hierro. La primera máquina de vapor se patentó en 1769. El uso de las máquinas de vapor aumentó además la necesidad de carbón y hierro. Los aumentos de la producción de hierro, por otro lado, condujeron al perfeccionamiento de las máquinas de vapor. Esta interacción de un descubrimiento con otro fue el rasgo fundamental del desarrollo industrial.