Los filósofos se interesaron en los problemas sociales y políticos, pero ellos fueron reformistas, no revolucionarios.
En 1776, el escocés Adam Smith publicó su Wealth of Nations (La riqueza de las naciones), en él argumentó que todas las naciones pudieran ser más ricas si eliminaran las restricciones sobre el comercio y dejaran la ley natural de oferta y demanda regir el intercambio de las mercancías. Quesnay se interesó primeramente en la agricultura y Smith en el comercio, pero ambos llegaron a la misma conclusión: que las leyes económicas, como las demás leyes naturales, se deben respetar; que la interferencia en estas leyes es peligrosa y que la mayor felicidad y la mayor libertad se obtienen de dejar que estas leyes actúen.
La democracia, demasiado radical para tener una influencia más inmediata, tendría una enorme importancia en el futuro, esta fue la teoría que Jean Jacques Rousseau (1 712-1 778) predicó de manera oscura, pero apasionada en The Social Contract (El contrato social) en 1 762.
En The Social Contract, se desarrolló una teoría de la libertad sobre la base de la obediencia a las leyes que el mismo individuo había ayudado a crear como ciudadano activo. Locke y Montesquieu pensaban que el punto crítico de la libertad política era garantizar los derechos individuales y separar los órganos de gobierno, de modo que ninguno de ellos pudiera obtener el control ilimitado. Rousseau pensaba que nunca se sentiría libre hasta que no encontrara una comunidad en la cual pudiera renunciar a todo, con la condición de que todos los demás hicieran lo mismo. En semejante comunidad no habría división entre los gobernantes y los gobernados; el pueblo se gobernaría solo. Si el pueblo realmente se gobernara solo, no debería haber ni restricciones ni cotejos, ni separación de poderes ni protección de derechos.
Cuando de hecho la revolución se encendió en Francia, después de su muerte, hizo suya las ideas expuestas en The Social Contract. Este no era un trabajo de la Ilustración, él se hizo sentir con todas sus fuerzas en la nueva era de la revolución democrática, el nacionalismo y el Romanticismo.