Se cree que, en el contexto del industrialismo moderno, las fábricas generaron una producción masiva de mercancías mediante las maquinarias. Hubo pocas maquinarias antes del siglo XVIII.
Con la Época del Descubrimiento y la "Revolución Comercial" en el siglo XVI, la demanda de mercancías y su producción aumentó. Como el pequeño artesanado no tenía capital para comprar una gran cantidad de materias primas, para producir una amplia reserva y venderla en un mercado distante, una clase de capitalistas y comerciantes enriquecidos comenzaron a unirse en el proceso de producción. Estos suministraron al artesanado materias primas y algunas herramientas y, transportaron el producto terminado para venderlo con ganancias. Ese sistema "doméstico" o "de producción" se hizo común en el siglo XVII. Incluso hubo unas pocas maquinarias sencillas, que operaban hombres, animales, el poder del viento o del agua. Durante el siglo XVIII, se aceleró la tendencia hacia la producción a mayor escala con la aparición de múltiples maquinarias nuevas. El paso más importante fue la aplicación de la potencia del vapor a estos inventos. A partir de este momento, el sistema doméstico declinó gradualmente, la producción cambió de la casa a la factoría.
No fue accidental que el industrialismo moderno tuviera sus inicios en el siglo XVIII. El clima intelectual de la Ilustración, su interés por la ciencia y su énfasis en el progreso fueron favorables para el desarrollo. Los inicios del industrialismo moderno se ubican en el período después de 1760, el desarrollo del industrialismo fue más marcado en Inglaterra. Este fue un país rico con posesiones en ultramar, su sistema parlamentario ejerció cierta influencia en el surgimiento de la clase media industrial, tenía además, suficiente capital excedente, un amplio suministro de materias primas básicas y mano de obra. La industrialización inicial en Inglaterra también ayudó con cambios drásticos en la agricultura - una "Revolución Agraria"- la cual aumentó el suministro de alimentos y proporcionó cierta mano de obra adicional para la industria.
Antes del siglo XVIII, la mayor parte de la tierra inglesa se cultivaba bajo el sistema de campo abierto. Las tierras de los propietarios particulares se sembraban en franjas, separadas de las de otros terratenientes con un doble surco. Cada terrateniente también compartía pastos y bosques comunes en su comunidad. Este arreglo fue de particular importancia para los pequeños granjeros y labradores, quienes compartían los derechos de los "comunes". Sin embargo, el sistema de campo abierto fue ineficiente y excesivo.
Al comienzo de la época de los Tudor en el siglo XVI, se había iniciado en Inglaterra un "movimiento de cercado", bajo el cual las franjas sembradas de los propietarios particulares se consolidaron en las posesiones de convenio rodeadas con cercas. El cercado significó una ganancia de tierra utilizable porque se eliminaron los surcos dobles y facilitó el cultivo.
Como la población de Inglaterra aumentó, la producción agrícola, más bien para el mercado distante que para el consumo local se hizo más rentable. La tendencia hacia el desarrollo agropecuario a gran escala y especialmente del ganado lanar, por medio de cercas, ganó impulso. Entre 1702 y 1797, el Parlamento aprobó 1 776 decretos de cercado que incluyeron tres millones de acres. En todos los casos, los grandes terratenientes obtuvieron provecho a expensas de los pequeños agricultores.
El pequeño agricultor, con tan poca tierra y privado de su parte en el sistema de los Comunes, tuvo que convertirse en un agricultor arrendatario o trasladarse a las ciudades.
Muchos tomaron la última opción, algunos se sumaron a la mano de obra, sin la cual el rápido desarrollo de la industria británica no hubiera tenido lugar.
El movimiento de cercado trajo dificultades para muchos, pero también un dramático progreso para la agricultura y la cría animal. Ahora los terratenientes, libres de las restricciones del cultivo colectivo, podían llevar nuevos métodos y cultivos a sus tierras. El resultado fue mayor cantidad de alimentos, a partir de la misma cantidad de tierra.
Como su contraparte industrial, la Revolución Agraria se limitó completamente a Gran Bretaña en sus inicios. Sólo con el advenimiento de la industrialización los grandes terratenientes del continente comenzaron a experimentar con los métodos ingleses. Así, se abrieron nuevos mercados para los productos agrícolas. Las mejoras en la transportación facilitaron la comercialización y los nuevos descubrimientos científicos, el uso de fertilizantes químicos produjo grandes cosechas. Estos avances renovaron las esperanzas para los agricultores del este de Europa, que en cerrada competencia con los industriales y las vastas tierras agrícolas del este de Europa y América.