Breves apuntes a la cantiga que Alfons X dedicó a cierto deán de Cádiz - Conclusiones
3 - Conclusiones
Debemos ser conscientes de que lo dicho hasta aquí se sostiene en meras conjeturas. Nadie ignora que el solo descubrimiento de la fuente puede venir a echar por tierra todos nuestros planteamientos sin más: aducimos unos pocos datos simplemente porque nos plantean una hipótesis y dicha hipótesis ¾ lo sabemos¾ no puede probarse debido a la carencia material del texto. Pero que no pueda probarse no quiere decir que sea improbable. Tan quebradiza resulta esa necesidad de explicarnos lo que el escaso conocimiento de los datos permite alcanzar. Y, sin embargo, debemos hacer el esfuerzo de concedernos una mínima explicación. Porque sólo a ese precio, sólo asumiendo ese riesgo seremos capaces de ir más allá de la virginal constatación de unos versos inconexos hacia la construcción histórica y coherente de unas formas de proceder.
Partimos de una cantiga d’escarneo ¾ jocosa a nuestro entender¾ que parte de presupuestos históricos: concretamente, de una verídica relajación de costumbres de un cierto deán del cabildo gaditano. Pero, como ocurre en muchas otras cantigas, esa relajación de costumbres, ese componente de historicidad, si se quiere, se exagera con el solo propósito de provocar un juego poético meramente procaz que, de suyo, no supone invectiva o reprobación alguna. Por el contrario, al regio trovador sí le sirve para aducir dos de los libros que, seguramente en esas fechas, estarían en fase de composición.
Para ser sinceros, debo confesar que al iniciarse este trabajo resultaba deseable llegar a conjugar todos los datos aquí expuestos ¾ aun sin tener a la vista el contenido del Libro¾ a fin de que la evidencia despejara per se cualquier sombra de duda. No sé, sin embargo, hasta qué punto no debemos concedernos el sano beneficio de la duda: toda argumentación siempre será susceptible de contraargumentarse, la nuestra no es una ciencia empírica y el hecho de no conservar el contenido del Libro es impedimento más que suficiente como para no seguir arriesgando. La obra alfonsí, como se ha visto, recoge demasiadas alusiones que, de un modo u otro, van amalgamándose a las referencias que expone la cantiga. Sé bien que puedo engañarme lamentablemente en lo que de entelequia se muestra toda hipótesis; sin embargo, tras la verificación de unas y otras obras, y casi por una cuestión de eliminación, no parece que sea del todo desacertado indicar dos de los tratados del Libro de las imágenes como ese trasfondo libresco de la cantiga dirigida al deán. No: así entendida, la hipótesis no parece tan desacertada. Aglutina demasiados matices como para serlo.
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