Breves apuntes a la cantiga que Alfons X dedicó a cierto deán de Cádiz - El estado de la cuestión (I)
1 - El estado de la cuestión (I)
Contaba un insigne profesor desde lo egregio de su magisterio que "no hay excusa para hacer las cosas bien cuando pueden ser perfectas". Cierto o no, más allá de los pros y los contras, y de todos esos puntos que se le podrían refutar, a la sentencia no le falta buena dosis de razón.
Porque, si dificultoso resulta de por sí encontrar estudios monográficos que aborden de manera rigurosa el ignoto corpus de cantigas que Alfonso X nos legó; cuánto más no lo será cuando lo que se pretende ¾ como el caso del presente trabajo¾ es emprender el estudio de una sola de esas composiciones.
Hasta la fecha, la investigación ha descuidado de forma inexcusable un serio estudio de las cantigas alfonsíes. Existen varias ediciones críticas, cierto, pero son pocas y se extinguen en la sola fijación del texto y poco más. No deseo al punto desmerecer ni aún empañar con ello la hercúlea y formidable labor de edición que algunos profesores como W. Wettmann en el caso de las cantigas de Santa María o Rodrigues Lapa en el de las de escarnio han tenido el valor de emprender. Cual humildes servidores, sus pacientes tareas deben merecernos el mejor de los elogios. Y no obstante sigue siendo precisa la elaboración de estudios que acometan ese ciclópeo corpus que el regio trovador nos legó.
Quiero pensar concretamente en el caso de las cantigas de escarnio; porque a las de Santa María, aunque de forma paulatina, la investigación ha venido dedicándoles algo más de su tiempo. No así en el caso de las de escarnio y maldecir, que sí cuentan con algunos artículos que la crítica ha elaborado como buenamente ha podido, pero que, en fin, se mueven todos ellos en ambiguas e insondables vaguedades que, lejos de arrojar alguna luz sobre cuestiones concretas, nos impiden, por el contrario, ahondar adecuadamente en ellas.
He dedicado entonces las páginas del presente estudio a una sola de esas cantigas de escarnio y maldecir; precisamente a aquella que Alfonso X dedicó a cierto deán de Cádiz y que tradicionalmente ha venido recogiéndose con el número veintitrés en el orden de las mismas. Pues si existe algún botón de muestra que sea bien representativo de cómo ese corpus de cantigas ha venido poniendo tradicionalmente en jaque a la investigación, ése es la cantiga de escarnio que aquí nos ocupa.
La singular composición reza como se sigue:
.....Ao daian de Cález eu achei
.....livros que lhe levavan d’aloguer;
.....e o que os tragia preguntei
.....por eles, e respondeu-m’el: ¾ Senher,
5...con estes livros que vós veedes dous
..... e conos outros que el ten dos sous
.....fod’el per eles quanto foder quer
.....E ainda vos end’eu mais direi:
.....macar no leito muitas [ el ouver],
10.. por quanto eu [de] sa fazenda sei
.....conos livros que ten, non á molher
....a que non faça que semelhen grous
....os corvos e as anguias babous,
.....per força de foder, se x’el quiser.
15.... Ca non á mais, na arte do foder
....do que [e]nos livros que el ten jaz;
....e el átal sabor de os leer,
....que nunca noite nen dia al faz;
....e sabe d’arte do foder tan ben,
20.... que cõnos seus livros d’arte, que el ten,
....fod’el as mouras cada que l’hi praz.
....E mais vos contarei de seu saber,
....que cõnos livros que el ten [ i ] faz:
....manda-os ante si todos trager,
25..e pois que fode per eles assaz,
....se molher acha que o demo ten,
....assi a fode per arte e per sen,
....que saca dela o demo malvaz.
....E, con tod’esto ainda faz al
30.. conos livros que ten, per bõa fé:
...se acha molher que aja [ o ] mal
...deste fogo que de Sam Marçal é,
...assi [ a ] vai per foder encantar
...que, fodendo, lhi faz ben semelhar
...que é geada ou nev’e non al.
Afonso (Rei D.) de Castela e de Leon
La cantiga ha sido reiteradamente aludida ¾ no en cambio esclarecida¾ en algunos artículos críticos a tenor de múltiples pasajes que en ella han venido resultando bien controvertidos. Esos trabajos remiten de forma muy superficial a la susodicha con objeto de describir una más de las composiciones que se inserían en los propósitos del escarnio y el maldecir; no atienden ni aún arguyen, sin embargo, cuál pudiera ser la precisa interpretación de la misma. Uno tiene la sensación de que la crítica no ha querido ¾ tal vez, porque no ha podido¾ encarar el estado de la cuestión y de que sólo el artículo que Márquez Villanueva dedica enteramente a ella pretende abrir algunas brechas ¾ o, como mínimo, indicarlas¾ que permitan apuntar la fuente de cuyas aguas bebe el texto.
A todos esos estudios ¾ generales o no¾ vendré a referirme en las siguientes páginas con el solo propósito de cincelar unas directrices en las que la interpretación de la cantiga resulte más o menos plausible. Iré retomando, ante todo, el citado artículo de Villanueva por cuanto sus planteamientos bien pedían una verificación por mi parte. Aún así, no he querido desestimar tampoco las alusiones de otros críticos por minúsculas que fueran. Habida cuenta del desolado panorama que las cantigas de escarnio ofrecen, me ha parecido oportuno obrar de forma que este primer análisis tuviera en cuenta todos los planteamientos posibles. Tiempo habrá de desestimarlos.
La síntesis del contenido del poema puede esbozarse con el apunte de unas pocas palabras. Pues la cantiga va dirigida a un cierto deán de Cádiz, contiene su mismo propósito la particularidad de ironizar sobre los usos y vicios de éste a partir de unos livros d’arte que dicho deán tiene en su haber y que le permiten hacer alarde y ostentación del arte do foder con las mujeres. Hasta aquí el contenido de la cantiga cae sin género de dudas en toda esa temática erótica que ha venido ocupando vigorosamente buena parte de las páginas de los textos medievales. Pero, aunque indicado el carácter de su contenido, cabe no olvidar, sin embargo, todos esos fragmentos y pasajes de la cantiga que han venido resultando bien controvertidos a la hora de tener que hacer una interpretación pormenorizada.
Al respecto quiero apuntar aquí ese lugar que comprenden los versos 11-14:
conos livros que ten, non á molher
a que non faça que semelhen grous
os corvos, e as anguias babous,
per força de foder, se x’el quiser
El celebérrimo pasaje al que en adelante tendremos ocasión de volver ha venido atormentando los incansables esfuerzos de cualquier crítico aunque son otras las cuestiones que, como apunta Márquez Villanueva, urge priorizar aquí. De un lado, aspectos más relativos a la praxis del texto tales como su datación, la identificación misma del deán y, en su caso, cuál pudo haber sido la expresa intencionalidad de la composición; de otro, la pesquisa de perseguir en ello las fuentes, de averiguar cuáles fueron esos libros que leyó nuestro deán, atendiendo así tanto a todo lo anteriormente dicho como al contenido mismo de la cantiga. Tras lo cual será oportuno abordar esas peliagudas cuestiones textuales citadas un poco más arriba.
Se lamentaba Márquez Villanueva en su día tanto de la oscura identificación del misterioso deán como de la ignota fecha de composición de la cantiga:
"No ha sido posible hasta ahora identificar a este donoso deán ni fechar tampoco el poema, aunque el año 1267 (cuando el rey hubo de ocuparse en Jerez de ciertos problemas fiscales del cabildo gaditano) me parece muy buen candidato."iii
Aduce para ello Villanueva la existencia de un documento epistolar que el rey otorgaba en fecha de 23 de noviembre de 1267 al arzobispo de Sevilla con el propósito de iniciar el monarca toda una serie de conversaciones sobre materia de diezmos con el obispo de Cádiz y los representantes de su cabildo; hecho éste que resultaría bastante propicio en todo caso "para informarse de toda clase de interioridades acerca de sus miembros". De ahí que Villanueva acabe proponiendo, a la postre, un momento inmediato ¾ me atrevo incluso a pensar en una fecha ligeramente posterior¾ al año de 1267. Los nombres barajados, en cambio, de los sucesivos clérigos del mentado cabildo no parecen arrojar tampoco ninguna luz sobre la cuestión, pues los archivos gaditanos son harto incompletos y la sola constatación de unos nombres nada puede revelarnos acerca de la historicidad de cada uno de los clérigos.
En lo tocante a este último componente de historicidad de las cantigas fue bien claro Kenneth R. Schölberg al respecto:
"En las sátiras de las diversas clases sociales, nos encontramos una vez más frente al problema de la historicidad de las cantigas. ¿Deben interpretarse los ataques contra monjas y frailes como reflejo de un verdadero estado de relajada moralidad o como meros juegos groseros como cualquier otro de la época? Esto es difícil de aclarar, pero el tono desenfadado de las cantigas indica, por lo menos, que el estado religioso no imponía gran respeto."iv
Aunque pueda parecer que esto no hace al caso ¾ habida cuenta de la precisa interpretación erótica de que es objeto nuestro estudio¾ lo traigo, sin embargo, a colación con una clara intencionalidad de bosquejar las directrices que enmarcan esa interpretación; en modo alguno para desviar el estudio en insondables pantanadas.
Demos por justo y santo lo que previamente suponíamos: que la cantiga de escarnio dirigida a ese donoso deán se sustente en fundamentos concretos de historicidad y no en la intención de hacer un juego de picardías que cobre sentido en sí mismo. A partir de ahí, a partir de esa historicidad se insertaría luego la composición en toda esa actitud de maledicencia tan propia en los poetas gallego-portugueses; quienes se adecuaron expresamente a dos clases de composiciones bien distintas según fuera el propósito que se persiguiera en esa misma maledicencia. La distinción la extraía con acierto el mismo Schölberg citando el prefacio del Cancioneiro da Biblioteca Nacional:
"Cantigas d’escarneo son aquelas que os trobadores fazen, querendo dizer mal dalguen, en dizer-lho per palavras encubertas que ajan dous entendimientos, pera lhe-lo non entenderen ligeiramente; e estas palavras chaman os clerigos equiuocatio. (...)
Cantigas de mal dizer son aquelas que fazan os trobadores descubertamente, e elas encerran palavras que queren dizer mal e non averan outro entendimiento senon aquel que queren dizer chããmente."v
(la cursiva es mía)
Dicho esto y casi a renglón seguido, entra Schölberg en criterios de clasificación; insertando la cantiga en esas primeras composiciones de carácter jocoso y burlesco que se prestan a la equiuocatio; hecho éste que no elude, por cierto, el uso de la sátira en un momento dado, pero que tampoco incluye la cantiga en un expreso propósito del escarnio.vi Como bien anota el crítico, el contenido de estas cantigas jocosas versa fundamentalmente sobre los órganos sexuales y la cópula; por lo que cualquier interpretación que resulte zahiriente en ellas puede muy bien ser sólo una tosca burla que esté en función de la temática, o una hipérbole que, en modo alguno, deberá ser tomada al pie de la letra.vii La historicidad del personaje; la existencia, en todo caso, de hechos concretos y reales en unos súbditos determinados es lo que mueve e impulsa a una composición de guasa y chanza que no es entonces, como se ha dicho, mero juego procaz y grotesco sino que se sustenta al punto en hechos reales y, por ende, puede ser sostenida o justificada, no sólo en un juego de atrevidas picardías ¾ que también lo es¾ sino en la declaración de unos vicios y de un personaje real. La historicidad no es entonces más que una disculpa o pretexto que en modo alguno deberá entenderse en el sentido literal e hiperbólico que la cantiga ofrece. La invectiva que Alfonso dedica así al deán tiene en verdad mucho de ese tono burlesco y jocoso que lo único que pretende es arrancar una risotada; y nada, por el contrario, que nos indique una firme intención de escarnecer la figura del deán.
La cantiga se compone, por tanto, a tenor de los vicios y malos hábitos de un cierto deán; pero en ningún momento se da en ella tono alguno de reprobación o diatriba. Lo que, por el contrario, sí se nos ofrece es una conducta hiperbólica que no responde a otra cosa si no es a una voluntad de recrear ese efecto poético de la exageración. Se nos dice así, verbigracia, que el deán no hace otra cosa que leer y ejercitarse en el arte do foder durante día y noche. Y que aún este ejercicio lleva a cabo cada vez que quiere y con tantas mujeres como le place; a quienes además manda traer ante sí a gusto y voluntad; a las cuales es capaz de extraer el demonio del cuerpo o de dejarlas en tal estado de alucinación que confundan los cuervos con grullas o, en su caso, las anguilas con los gusanos de la seda.
Obvio es que lo referido bien poco tiene de creíble y sí obedece, en cambio, a la sola intención de producir efectos hiperbólicos. Pero nada más. No existe escarnio, sátira o reprobación que ponga de manifiesto una mordacidad incisiva en unos hábitos que el poeta regio pudiera estimar como reprobables. Por eso no dejan de ser sorprendentes las opiniones de ciertos sectores de la crítica que han visto en el poema alfonsí, no una composición de tono hiperbólico sino "una obscena sátira contra un eclesiástico, al que [Alfonso X] acusa de lujurioso y cultivador de artes prohibidas para conseguir sus pecaminosos intereses". Insisto: no se da acusación o sátira expresamente dirigidas contra el deán o, en su caso, contra las artes mencionadas. Quiero concederme en ello un punto de apoyo que J. Paredes Núñez ofrece en una muy acertada observación:
"Es muy curioso el proceso mediante el cual el autor aleja en este caso de sí la responsabilidad de las expresiones obscenas, poniéndolas en boca del criado del deán."viii
Seamos sinceros: la consideración de etiquetar aquí la cantiga alfonsí en términos de obscenidad está más en el ojo del crítico que en el contenido de la misma. No es lógico seguir pensando la composición en términos procaces cuando la obscenidad misma queda velada en un trasfondo que sí intuimos en la base de la cantiga pero que no aflora a la superficie del texto. De ahí que me resulte sintomática la estimación de J. Paredes Núñez puesto que la concesión de la voz poética que el autor confiere al criado le relega precisamente a un plano de distanciamiento con respecto a la misma figura del deán.
No puede escamotearse, en este sentido, el tratamiento que el motivo del clérigo lujurioso suscitaba en la poesía de la época; muy particularmente en las composiciones del rey sabio. Lo refería en su día Márquez Villanueva en los siguientes términos:
"El hervidero humano de las Cantigas de Santa María incluye, como no podía ser menos, un buen número de clérigos. Sabios y santos muchos de ellos, alguno incluso poeta aficionado [202], pero también no pocos irregulares, lujuriosos y proclives a ir tras lo suyo en liga o trato con los espíritus infernales. (...) Pero el tema del clérigo lujurioso se halla en las Cantigas de Santa María usualmente corregido por la intervención benéfica de la Sennor das sennores, siempre más que dispuesta al milagro en favor del último y menos merecedor de los suyos. Contemporáneamente, la condena radical del clérigo lujurioso alcanza su pleno desarrollo bajo la severidad moral del mester de clerecía, con el arcipreste que en el Poema de Fernán González pretendió forzar en despoblado a la infanta doña Sancha, episodio bastante para resumir el tópico de la rijosidad clerical hasta los tiempos de Juan Ruiz y aún los de Lope de Vega. Don Alfonso, por su parte, no llegó nunca a comulgar del todo con aquel espíritu adusto, y su manejo del tema nos ofrece así uno de los más claros hitos de su distanciamiento respecto al oficio y mentalidad de los clérigos. Aunque buen cristiano, no era sin duda uno de ellos."ix
Prescindo ahora del caso del mal arcipreste del Fernán González así como del tratamiento que otros poetas gallego-portugueses dieron al tema. Parece claro, en este punto, el propósito moral que el mester de clerecía tenía en no pocas ocasiones para con la relajación moral de costumbres de todos sobradamente conocida en buena parte del estamento clerical del XIII. Tampoco creo oportuno abordar el amplio panorama de los poetas gallego-portugueses ¾ aunque respecto al mismo comparto la opinión de Schölberg según la cual dichas composiciones deben ser igualmente entendidas en fundamentos de historicidad que sirvan, no obstante, a unos efectos poéticos de hipérbole.x
Lo que sí resulta palmario es el tratamiento que el rey sabio concede al tema en las Cantigas de Santa María. Como indica Villanueva, son numerosas las composiciones de estas Cantigas en las que el motivo del clérigo lujurioso aparece "corregido" por la intervención de Nuestra Señora quien, a pesar de todo, obra siempre el milagro. El tono que Alfonso adopta entonces es de absoluta indulgencia para con el clérigo en cuestión. La composición de las Cantigas de Santa María se ha conjeturado además en fecha muy cercana a la de la cantiga del deán. Si ésta se situaba a partir del año 1267, las de Santa María se estiman a partir del año 1270 ¾ y aún el códice de Toledo ha venido a situarse en el año de 1257¾ por lo que no es probable que en este corto lapso de tiempo la actitud de Alfonso para con la lujuria de los clérigos cambiara brusca y repentinamente desde una feroz mordacidad hacia una más que piadosa condescendencia. Por eso es por lo que uno no deja de sustraerse cuando Villanueva, una vez expuesto esto, entra a considerar la cantiga al deán como una composición de mal dizer en la que no se ahorran crudezas; consideración que le impide al crítico, en recta lógica, un justo análisis interpretativo de la cantiga que observe esas dos clases de tonos en la maledicencia.
