Se debería hacer la cura por un mínimo de siete de siete a diez días, pero en casos muy graves y bajo supervisión médica se puede prolongar hasta cuarenta días (Stanley Burrouglis menciona el caso de una persona muy gorda, en el cual se hizo durante ciento veinte días).
Los tres primeros días el cuerpo se alimenta a base de las reservas, almacenadas en forma de glucógeno (azúcar simple) sobre todo en la sangre y en el hígado, que es fácilmente digerible. Por lo tanto, una cura debería durar más de tres días. Después, el organismo empieza a eliminar toxinas y a reducir sus demás reservas de grasas depositadas por todo el cuerpo. Mientras dura este proceso, no sentimos hambre. Sólo cuando los depósitos están agotados, vuelve el hambre y nos señala que ya es tiempo de volver a comer.
El régimen contiene todos los nutrientes vitales que uno necesita durante este tiempo. Hacer la cura dos o tres veces al año time un efecto muy positivo sobre la salud del cuerpo.
Un buen indicador del progreso de la purificación es la lengua, la cual se cubre a veces de una capa blanca durante la desintoxicación. Cuando ya no se ve cubierta, sino limpia y de color rosa, el proceso de purificación puede darse por terminado. (Las experiencias han mostrado que en la mayoría de casos la lengua está aún sucia, después de diez días y a veces hasta después de catorce o veinte días. Esto indica que el proceso de purificación aún no está terminado y que conviene repetir la cura en otra ocasión.
El organismo se deshace, durante la cura de sus restos e impurezas metabólicas acumuladas durante años a través de todos los poros y aberturas:
Ø El intestino
Ø La orina (más oscura, tiene a veces un olor penetrable) –
Ø La piel
Ø Los pulmones (mucosas, mal aliento)
Ø La vagina (flujo aumentado)
Ø La boca (mal sabor, ayuda una cucharadita de arcilla medicinal con un poco de agua)