Este tratamiento de desintoxicación que propone es más suave que la cura completa, pues le permite al organismo ir depurándose un poco más lentamente; por lo tanto, para asegurar un buen efecto depurativo debería hacerse durante un periodo más prolongado que la cura completa de savia y limón, y tomando en cuenta que el semiayuno, naturalmente no puede conseguir los mismos niveles de desintoxicación profundos de la cura completa.
Cada noche, mientras dormimos, ayudamos, o sea que no ingerimos alimentos y dejamos que el organismo se ocupe de sí mismo, que se regenere, purifique y ocupe sus energías gastadas en gran parte en la asimilación de la comida. Con el desayuno rompemos este proceso de recuperación y auto limpieza del ayuno nocturno. El propósito de este semiayuno es el de prolongar este periodo de ayuno nocturno, sustituyendo el desayuno o la cena por dos o tres vasos de sirope de savia limón y agua y así ofrecer al organismo mayor tiempo para su regeneración. Para que el tratamiento sea más eficaz convendría en lo posible suprimir los alimentos que por su contenido en toxinas retrasarían la acción depurativa:
q Sal, embutidos
q Carnes rojas (Cerdo, ternera, buey, etc.)
q Fritos: patatas fritas, huevos (en general todo lo que se puede freír)
q Pan blanco, harinas refinadas, etc.
q Café, alcohol, bebidas carbónicas, tabaco, etc.
Este semiayuno se recomienda también como preparación para personas cuyo organismo esté muy intoxicado y quieran llevar a cabo una cura completa; para quienes no se sientan dispuestos o preparados para hacer “la cura”, pero tienen necesidad de depurar su cuerpo.
Muchas; personas continúan una o más semanas con el semiayuno, después de los diez días de la cura, porque todavía no se ha acabado por completo el proceso de desintoxicación, porque necesitan adelgazar más, o simplemente porque quieren contrarrestar una posible ansiedad de comer demasiado después de la cura de savia y limón, ya que ahora les está permitido otra vez comer.
Durante la cura el estómago ha reducido su tamaño y necesita y pide poca comida; nunca es el hambre después de la cura lo que nos hace comer más de lo necesario, sino en muchos casos las ganas de golosinas de celebrar el éxito de la cura y la pérdida de peso comiendo otra vez mal y demasiado.
Las consecuencias de la falta de moderación en las dos semanas siguientes de la cura pueden ser turbulencias bastante desagradables como cefaleas, calambres, flatulencias, una gran fatiga y la vuelta de algunos kilos perdidos.
El semiayuno durante una o más semanas ofrece aquí un método óptimo para evitar estos efectos: ir introduciendo suavemente métodos de una alimentación más sana y equilibrada y en muchos casos para volver a aprender a escuchar la sabiduría innata de nuestro cuerpo comer como él nos lo pide, dejar de comer cuando se siente saciado, no cundo esté lleno y sobre todo comer lo que nos hace sentir bien.
Un propósito importante tanto de la cura completa como del semiayuno consiste en volver a hacer más consciente a la gente en cuanto a una alimentación más sana, sus verdaderas necesidades, sus múltiples errores cometidos en el pasado, y los efectos que tienen los alimentos sobre nuestra salud y nuestro equilibrio mental y emocional.