



Dentro de la variadísima temática de los romances, se pueden distinguir tres grandes categorías:
1- De asunto familiar. En todos ellos, el conflicto familiar es nudo y motor del poema; casi siempre conforme a un triángulo de fuerzas que actúan dentro de la misma familia. Citaremos como ejemplos “Delgadína", “La Infanticida", “La mala suegra” , "Blancaflor y Filomena", “Casadita de lejanas tierras" o “Las tres cautivas".
2 - De asunto amoroso. Son los romances de "amor" propiamente dichos, como por ejemplo "El Conde Olinos" “La boda estorbada", "Los mandamientos", “La pobre Adela" o "El Desdichado”, que analizaremos más adelante.
Dentro de este segundo grupo estarían los romances de tipo más picaresco, como “La molinera y el corregidor", “La dama y el pastor", "La doncella guerrera" o "El molinero y el cura igualmente en los que el tema del honor tiene prioridad frente al amor, como “La serrana" o “Isabel " y finalmente aquellos romances que tienen conexión con crímenes o tragedias cometidos por amor, citemos por ejemplo “El cura y su penitencia" o "Muerte de Santa Elena". Es curioso observar cómo en muchos casos el Amor y la Muerte van ligados en estas historias narradas, como es el caso del romance "El Desdichado".
3 - De asunto social. Son los que tienen un carácter costumbrista, como “La loba parda", "Don Gato" o bien los que pertenecen a un plano sobrenatural como "Santa Catalina", "Milagros de San Antonio", “Jesucristo v el labrador" o "LaVirgen y el ciego".
Los personajes de los romances se presentan más como símbolos que encarnan pasiones, ideas o figuras de instituciones o poder, que como seres auténticamente caracterizados. Por lo común, la familia es el esquema básico sobre el que se articulan los distintos personajes, así por ejemplo el padre es "el rey", la madre “la reina y los hijos suelen ser "los héroes" o protagonistas principales de la narración, víctimas generalmente del "padre terrible" o "la madre mala”, ellos siempre vencen al final del romance, aunque sea en un plano sobrenatural (castigando la acción de sus progenitores desde el más allá), ya que en este tipo de narraciones el bien siempre triunfa sobre las malas acciones.

En el complejo proceso de producción y divulgación de un romance intervienen un creador del tema (tanto musical como literario), un difusor y uno o varios receptores. Casi siempre se dice que los romances son anónimos, debido a la dificultad de demostrar quién fue el autor; lo que sí sabemos es que este creador debe construir varias frases melódicas cortas y combinarlas correctamente con un verso de dieciséis sílabas (o sea con dos hemistiquios de ocho sílabas, formando estrofas cuyos versos pares rimen en asonante); estas frases tendrán un perfil característico, formando intervalos que casi nunca sobrepasarán la octava y con un ritmo fácilmente adaptable al auditorio; se formará así un bloque que se irá repitiendo a lo largo de toda la composición; esto será lo que facilite el aprendizaje del romance.
El difusor suele ser un cantor ambulante que busca su público entre los diversos pueblos y a los que vende sus coplas impresas por un módico precio. Estos cantores suelen tener una excelente memoria y gran capacidad de interpretación. Suelen cantar acompañados de algún instrumento popular que facilita la ejecución del tema, tradicionalmente han sido las zanfonas las encargadas de esta labor, aunque igualmente puede ser el rabel (sobre todo por esta zona) el que acompañe el canto del romance.
El receptor puede ser de dos tipos, activo y pasivo. El receptor activo será aquel que asimile algunas de las versiones interpretadas por el difusor, incorporándolas a su propio repertorio y el pasivo es el que sólo muestra su aceptación o rechazo a lo escuchado.
Pasaremos seguidamente a comentar los dos romances recogidos en Reinosa y valle de Campoo. El primero. Titulado “El Desdichado" me fue facilitado por mi tía‑abuela Ramona Ramos de 90 años de edad y natural de Villar. El informante del segundo romance, titulado "¿Dónde vas Adelaida?" fue mi madre Elena Ramos, natural de Reinosa, que a su vez lo había aprendido de la suya, Al no haber prácticamente romances cantados hoy colectivamente, el informante suele ser un eslabón aislado dentro de la cadena de tradición, y se perderá si un hijo o un nieto no aprenden una determinada composición. Predominan las mujeres sobre los hombres; ello no es casualidad, ya que el romance es una forma de expresión que se ha ido convirtiendo en costumbre familiar, íntima, por ello no es de extrañar que madres y abuelas sean actualmente el vehículo más apropiado para la propagación de esta forma narrativa.
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