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Escribir un cuento donde la imaginación tome la batuta - "Palabras": un cuento para escritores jovenes y no tan jóvenes

(1 opiniones)
Apuntes creado por Jocelyn Liñan Corona
09 de Marzo de 2007
Escritura

1 - "Palabras": un cuento para escritores jovenes y no tan jóvenes

El día cerró sus ojos al abrir Florentino la puerta de su apartamento. El negro que danzaba sobre los muebles minimalistas le recordó que tenía unas velas rojas en el refrigerador, sacó las velas y aprovechó para elegir entre un té verde de Arizona con miel o un jugo de tomate con almeja y apio, prefirió la infusión y la bebió con rapidez. En seguida encorvo su robusto cuerpo, hasta quedar debajo de la barra del desayunador, tenía varios tamaños de tablas para picar fruta o vegetales- esas cosas que pueden ser tan divisibles-, tomó el tamaño mediano; se acercó a la llave del agua girándola lentamente, para no quemarse y con la otra mano se aseguró de mantener la boca del fregador bien tapada con la coladera, para que el agua se acumulara y cubriera los vegetales hasta el cuello era hora de que escupieran los bichitos, -es sabido que si estos animalitos llegan al estomago de cualquiera comenten desastres que se expían hasta el culo-. Florentino se consideraba un hombre prevenido y de excelente gusto en la decoración; las puertitas del mueble en su cocina integral tenían un contraste muy peculiar a los objetos decorativos de la sala, abrió una de ellas y observó a sus platos con insistencia- recordando aquella tarde de compras en el comercio de antigüedades-, y pensando " tan ensimismados las 24 horas, sin problemas, pero sin sentimientos, que desdicha ser un plato. Ordenó los vegetales por tamaños, los cortó y perfumó con un aderezo de nuez y otras especies. La ensalada le recordó la majestuosidad de la selva, sólo que sin culebras y animales de esos que hela la sangre. Después se apresuró a destapar una de sus botellas de vino blanco, que se encontraba en el interior del trinchador color café y aroma de madera a campo; optó por un vino chileno. El corcho y Florentino tuvieron una disputa, hasta que la botella expulsó el tapón. "vaya he terminado con esto, ahora, mi cena y yo disfrutaremos de un jazz fabuloso y lo que mi ventana pueda ofrecernos esta noche. Del otro lado del cristal había nombres de la ciudad, nombres con cabello, ramas, calles, botones, pabellones y lo que terminara en ones; Florentino saboreaba sus alimentos e inesperadamente se percató que el centelleo de las velas, comenzaba a moverse con necedad, era el viento que se colaba por el agujero sin importancia, en el cristal de la ventana amplia frente a él; distraído por el minúsculo detalle, consiguió boletos de cortesía para un resfriado, los cuales prefirió utilizarlos como separadores en un libro de Cortázar.
Probaba su ensalada y al unísono, leía el escrito de su amiga Catherine:

" Viene la lluvia, corre el viento. El paso de una historia atraviesa la calle,
con presencias ausentes; troncos con bigote y barba, roncan
la sinfonía de los años; se anida el brío de un bardo bajo la noche...
Hacia el cielo, sola en su cuna cóncava, refrigera blanca su figura
y rostros de uñas señalan su lejanía. Guías incontrolables, desnudas de sus hojas,
velan el cause del río de humanos. Es hora de marcharse, el frío suda
la soledad de un día cualquiera."

Sus ojos perseguían obstinado cada línea del escrito, mientras un olor a incienso de sándalo lo distrajo momentáneamente; descubrió que provenía debajo de la puerta de su habitación, impregnándose en la casa sin timidez y teniendo como única alternativa de escape el agujero de la ventana. Florentino buscaba alguna explicación a ese olor, que lo hacía dudar de su presente. Comenzó a inquietarse y se dirigió a su habitación; de pronto, con estupor y desconcierto sus nervios se manifestaban a través del sudor que salían por su cabeza, escurriéndose a través de su frente amplia y de ceño fruncido. La apacibilidad que existió instantes atrás en su apartamento, se marcho. El ambiente se bautizaba de pánico; sus manos inquirían en el bolsillo del pantalón color caqui, tratando de tocar su celular: "no es posible, esta mañana lo guardé justo aquí...” ¡con un carájo!; los reflejos de Florentino actuaron con prontitud, algo helado y gelatinoso lo sujetaba con fuerza de su tobillo izquierdo, sus manos forcejaban con ahínco, para retirar aquello calmo y pegajoso que intentaba devorar con ansia su pie izquierdo y así cada parte de su cuerpo.

El disco de jazz seguía girando pero con dificultad; se escuchó el golpe de un objeto caer encima del tocadiscos...un continuo clock, clock, provenía de aquel incidente. La luz tenue que emanaban las velas se desvaneció insospechadamente.

El cuerpo de Florentino, se encontraba tendido sobre el pasillo que conducía al baño; a su derecha la puerta del cuarto de visitas y a la izquierda su habitación; cortejado por las tres puertas, su cuerpo pedía auxilio a un techo mudo e incapaz de socorrerlo...

Amaneció y Florentino comenzaba a despertar, era el ruido del tostador el que insistía; alguien preparaba el desayuno, es inconfundible el aroma del pan recién tostado: "¿es congruente esto?, no lo creo". Los paso de Florentino tomaron dirección hacia el misterio que flotaba en la cocina; cauteloso avanzaba dos y retrocedía tres; sus ojos deseaban ser más grandes mientras el decía: " ¿que sucede?, los recuerdos sólo permanecen en la poza de la memoria y... ¡que rayos!, ahora preparan el desayuno.

Lo que presencio Florentino en la cocina era un recuerdo, la mañana de un diciembre hace dos años, almorzando café y pan tostado con su amiga Catherine. “¡Caray! si los recuerdos se encuentran en la poza de la memoria sin invadir nuestro espacio vital: ¿por qué veo en mi cocina la imagen de esa mañana?”; de repente su cuerpo fue desapareciendo al ritmo de la goma de migajón de Catherine.

Florentino era rescatado a través de las palabras escritas, al parecer la única forma en la que podía sentirse vivo. Los años se marchaban y ella continuaba redactando el pasado; él reaparecía en diferentes capítulos los cuales concluyeron. Se dice que Catherine conoció a un hombre en el café La trova, con buen porte, excelente gusto en la decoración y discípulo de Cortázar…por cierto el aroma del incienso a sándalo, le subía la presión arterial.
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