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Extrañando a Dina - Capítulo 4

 ***** (8 opiniones)
Creative Commons Apuntes de Marioalonso Madrigal - 19 de Febrero de 2007
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5. Capítulo 4

Capítulo 4

Después de haber meditado tanto, me convencía más de que las cosas no suceden por casualidad; la vida se puso de acuerdo para dejarme en soledad con el fin de que yo la sintiera en carne propia, y así aprendiera a vivir con ella en vez de buscar un escape falso.

 

Posteriormente a mi reflexión sobre la soledad y la compañía, mi mente estaba un poco más clara, por lo cual me di cuenta de que inconscientemente, mi interés por salir con algunas personas, hasta cierto punto era ir con ellos a algún bar juvenil de mala muerte, en el cual pudiera tomar licor en exceso, oír música a un volumen ensordecedor y quizás conocer a una mujer con quien aliviar mi angustia mediante sexo. Todo para saturar mi mente y olvidar mi aflicción. Pero esa fuerza guiadora de mi vida, consideró preferible que yo me encontrara a mí mismo en soledad, en vez de perderme por buscar compañía.

 

Además, el tener la mente más clara, me llevó a pensar que tal vez la supuesta soledad de diciembre, era simplemente verdadera compañía. Esto, porque ciertas personas estaban dispuestas a verme cuando yo quisiera; mi hermana, mis abuelos, mi madre y su esposo. Aunque en el momento no lo noté, todos hubieran recibido mi visita cualquier día, pero ellos no estaban interesados en ir a un bar donde hubiera un inaguantable olor a tabaco y marihuana, música barata a todo volumen y muchas personas deseosas de apagar sus problemas con sexo y alcohol. Al parecer, sin estar del todo conciente de ello, eso era lo que yo deseaba.

 

No quiero decir que las personas con quienes no pude salir no fuesen verdadera compañía, sí lo eran, pero a casi todos los busqué con el fin de tener con quien ir a algún bar, y no precisamente para conversar un rato, sino más bien para escapar de mí mismo temporalmente.

 

Nada fue casualidad, todo sucedió por un motivo especial. No sé cómo explicar eso que dirigió mi vida hacia un determinado rumbo, para enseñarme el valor de la soledad y no dejarme caer en el escape que buscaba para según yo, olvidarme de Dina. Algunos le podrían llamar Dios, otros quizás dirán que es la misma vida. Alguien tal vez lo vea como una energía desconocida que puede ayudarnos en ciertas ocasiones.

 

Pienso que aparte de eso, puede ser también el poder de la mente, la cual es capaz de encaminarnos hacia lo que en el fondo de nosotros sabemos, es más importante. Muy en mis adentros, sabía que era preferible aprender a convivir con la soledad en vez de pasarme la vida evadiéndola.

 

Sin embargo, en esos momentos de confusión, estaba muy influenciado por mi dolor como para reflexionar al respecto. Pero esa fuerza inexplicable para mí, me empujó hacia lo más adecuado.

 

No sé cuál es el motivo de ese cúmulo de “casualidades” que a veces intentan dirigirnos hacia un objetivo, me parece bastante difícil el acontecimiento de muchos sucesos relacionados, únicamente por pura coincidencia.

 

De hecho, esas supuestas casualidades no ocurrieron sólo cuando terminé con Dina, también hubo algunas bastante curiosas, mientras estuvimos juntos e incluso antes de empezar nuestra relación, o sea, cuando acabábamos de empezar nuestra carrera y nos veníamos conociendo. En relación con eso hay una historia interesante.

 

Cuando ingresé a la universidad a estudiar sicología, estaba tan entusiasmado con ello que por primera vez en mucho tiempo me propuse dejar de pensar en relaciones de pareja. En ocasiones anteriores yo sentía muchos deseos de tener una novia con la cual compartir, pero por algún motivo todas mis relaciones eran problemáticas o demasiado vacías. Por lo cual, frecuentemente soñaba con conocer a alguien especial a quien pudiera querer. Al decidirme a estudiar esa carrera tan apasionante para mí, me dije:

 

De ahora en adelante, dejaré de pensar tanto en hacerme de una novia para concentrarme en mi carrera. Si llegara a tener una relación tendría que ser con alguien de la misma universidad, para tener mayor facilidad de verla. No pienso gastar tiempo viajando hacia algún lugar muy lejano con el fin de verle, sabiendo que podría estar empleándolo en mis estudios.

 

Sin embargo, no voy a la universidad a buscar novia, voy a estudiar, debo tener eso presente. Si de forma espontánea aparece alguien, está bien, pero si no es así, no importa.

 

En esos días fue fabuloso sentir como, sin el menor esfuerzo, podía cumplir lo que me había propuesto. Desde varias semanas antes de entrar a la universidad había dejado por completo, de pensar en relaciones de pareja, situación que era poco usual en mí. Al llegar el primer día de clases fue igual, la mayoría de compañeras eran mujeres, algunas estaban muy guapas, y aun así ni siquiera me pasaba la idea por la mente.

 

Creo que eso sucedió gracias a la felicidad producida por estar estudiando una carrera tan hermosa para mí. Lo que antes había intentado llenar inútilmente con relaciones de pareja, ahora estaba empezando a hacerlo mediante el interés en una profesión.

 

A la salida del segundo día de clases conocí a Dina, le hablé con la simple intención de conversar, ahí descubrimos que habíamos matriculado las mismas materias.

 

Al día siguiente, cuando acababa de subirme al autobús para ir a la universidad, pensé:

 

Ahora veré en clases a Dina... mmm, algo me dice que voy a terminar enamorado.

 

No sé por qué surgió esa ocurrencia en mí, cuando hablé con ella el día anterior, en ningún momento pensé en nada parecido. Pero lo más sorprendente fue que justo en ese instante, levanté la vista y ahí estaba Dina pagándole el pasaje al chofer. Esa fue la primera gran “coincidencia”; topármela justo cuando estaba pensando en ella.

 

Se sentó junto a mí y muchas más “coincidencias” surgieron cuando empezamos a hablar; nos gustaba la misma música, odiábamos las mismas cosas, opinábamos igual acerca de la religión, la política, los deportes, la televisión, las costumbres populares, la sexualidad, las relaciones familiares y muchas otras cosas, lo cual nos asombró, ya que ambos éramos personas bastante radicales en algunos de nuestros planteamientos, por lo cual, siempre nos había resultado difícil encontrar gente con formas de pensar similares a las nuestras. Sin embargo, por alguna asombrosa razón éramos muy similares en casi todo.

 

Después de eso, estuvimos varios días hablando únicamente como amigos y sorprendiéndonos de ver cuánto nos parecíamos.

 

La primer semana de nuestro noviazgo yo le conté que cuando nos topamos en el autobús, yo venía pensando en ella como una persona de la cual me enamoraría, y que ahora, lo más curioso para mí era, no sólo haberla visto ahí ese momento, sino también el haber empezado posteriormente, una relación de pareja con ella. Al terminar de contarle, Dina respondió asombrada:

 

_ No lo puedo creer

_ ¿Por qué? -respondí-

_Porque yo también venía pensando en ti justo cuando me saludaste en el autobús.

_ ¿En serio? ¿Qué estabas pensando?

_Solamente recordando cuando estuvimos hablando el día anterior, y me sorprendí de verte ahí.

 

Al terminar esa conversación ambos quedamos atónitos. Nos parecía una “gran casualidad” venir pensando uno en el otro justo cuando nos topamos, y al hablarnos descubrir que ninguno de los dos, nunca habíamos conocido a alguien con quien tuviésemos tanto en común.

 

Después, esa idea de las “grandes casualidades” era reforzada constantemente al descubrirnos muchas características de personalidad similares. También al contarnos lo que uno opinó del otro cuando nos vimos por vez primera en clases; antes de hablarnos, a ambos nos pareció que el otro tenía un carácter poco agradable.

 

Durante la relación sucedieron algunas cosas bastante extrañas, pareciendo ir más allá de la coincidencia, como que -sin habernos avisado ni hablar nada-, nos hiciéramos un regalo uno al otro el mismo día, y lo más curioso de todo, nos obsequiamos la misma cosa. O que yo llamara a la casa de una familiar de ella, a la cual Dina muy pocas veces visitaba, con el fin de preguntar si por casualidad la habían visto, y ahí estuviera en ese momento.

 

En otra ocasión estábamos Dina y yo en la ciudad de San José, teníamos hambre, entonces estuvimos durante unos minutos conversando con el fin de escoger uno de entre muchos lugares disponibles donde comer. Mientras caminábamos hacia el restaurante al cual decidimos ir, empecé a contarle que Viky dijo haber soñado con nosotros. Comienzo a relatarle el sueño de Viky y al entrar, ahí estaba ella.

 

Curiosamente esta amiga mía no es una persona que acostumbre frecuentar San José. Además, el restaurante escogido por nosotros no era precisamente uno de nuestros preferidos. Sin embargo, nos encontramos en un lugar inesperado, justo cuando hablábamos de que ella, había soñado con nosotros.

 

Hoy día sigo sintiéndome bastante impresionado por esos raros acontecimientos ocurridos al comienzo y durante la relación, y los que a mí me sucedieron después. Me resisto a reducir todo a simples casualidades. Pienso que detrás de esas situaciones había algo dándome una enseñanza. Bueno, en realidad no sé si fue sólo una o varias, pero yo aprendí una muy especial; saber seguir el rumbo que lleva la vida.

 

Es más fácil adaptarme a la vida que intentar adaptarla a mí. Si ésta considera determinado momento como el adecuado para tener una pareja, pues esa es su oferta y mejor aceptarla cuando existe la oportunidad. Pero si después me dice; “ahora te toca pasar algún tiempo en soledad porque necesitas aprender algunas cosas”, pues también debo aceptarlo, es al rumbo de la vida y no lo puedo modificar. Puedo forzar las cosas un poco o engañarme haciéndome creer nada debe cambiar, pero eso únicamente retrasaría lo inevitable y lo que tal vez es mejor.

 

Sin embargo, en esos días, -a pesar de haberme tranquilizado ligeramente por haber meditado sobre la soledad-, me costaba mucho aceptar el rumbo que llevaba mi existencia. Aunque Dina se había ido, sentimentalmente yo no la dejaba ir.

Autor y licencia de 'Extrañando a Dina - Capítulo 4'

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