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Capítulo 6
Estuve durante varios días cuestionándome acerca de todo este asunto del amor. Cierto día, iba meditando al respecto mientras viajaba en el autobús rumbo a la universidad. Me exasperaba la descomunal confusión que afloraba en mí cuando pretendía responder a mis preguntas.
Después de unos minutos me dio sueño, estaba empezando a quedarme dormido cuando experimenté algo así como un “deja vu repetido”. O sea, tuve un deja vu, el cual, como cualquier otro, da la impresión de ya haber vivido el momento presente, pero en éste parecía que el instante había sido vivido dos veces, es decir, era el deja vu de otro deja vu; no sólo me parecía haber vivido ese momento, sino también el deja vu.
Pero lo más curioso para mí, fue que no era visual, sino auditivo, y además, se oía la voz de mi hermano diciendo:
“Su problema es el pretender responder a todas sus preguntas partiendo de una idea preestablecida, esa es; que el amor existe. Usted no sabe si eso es cierto. Para conocer la verdad su mente no debe tener ningún pensamiento, debe estar completamente vacía”
Todo me sorprendió muchísimo, no sólo el deja vu como tal, sino el contenido de éste. Con intriga me pregunté:
¿Será eso, que el amor no existe? ¿He estado haciendo preguntas y reflexionando acerca de algo irreal?
Al bajar del autobús y entrar a la universidad me olvidé completamente de eso, debido a que eran casi las seis de la tarde y estaba por iniciar la lección. Después de clases, como me encontraba muy cansado, me fui para mi casa inmediatamente. Sin embargo, olvidé mi agotamiento gracias al asombro que sentí cuando al llegar, mi hermano me saludó y un momento después, sin yo comentarle nada, empezó a hablarme:
_Estuve pensando en algo. Usted últimamente se ha estado cuestionando demasiado acerca del amor y dice no poder llegar a ninguna conclusión satisfactoria. Pero a mí me parece imposible el entendimiento sobre ello, sin antes cuestionar la existencia del amor. Primero debería considerar la posibilidad de que el amor no exista, así tendría la mente más abierta para cuando intente comprender todo este asunto de las relaciones humanas, sin dejarse influenciar por ninguna falsa creencia que pueda estar interfiriendo en su entendimiento. O sea, usted debe tener la mente en blanco para partir desde cero.
Me quedé sin habla por un breve lapso de tiempo y luego le pregunté:
_ ¿A qué hora estuvo pensando en eso?
_No sé -dijo-, hace rato, como entre cinco y seis de la tarde aproximadamente.
_ ¡Más o menos a la hora en que oí lo mismo!
_ ¿Cómo? -preguntó sin saber de qué estaba yo hablando-.
En ese momento le conté sobre mi deja vu y él también se mostró muy sorprendido. A ambos nos parecía un acontecimiento que iba más allá de la casualidad. Él sabía que yo me había estado haciendo muchos cuestionamientos, pero no tenía modo de saber sobre el mensaje de ese deja vu -o sueño, como fuera-, debido a que yo no se lo había contado a nadie.
Nos llamó tanto la atención ese fenómeno, que estuvimos un largo rato hablando sobre el mismo, sin tomar en cuenta el mensaje, al parecer, transmitido por él.
Posteriormente, me dediqué a reflexionar acerca del contenido de ese -como lo llamé en ese momento-, mensaje telepático, y en relación con el mismo empecé a derivar algunas cosas:
Para aumentar la comprensión sobre el amor, debo tener la mente libre sobre cualquier idea preestablecida en cuanto a éste, ya que mis viejos conceptos al respecto podrían estar equivocados, por tanto, distorsionarían mi entendimiento.
Hay quienes recitan bellezas sobre el amor a sí mismos y al mismo tiempo consumen tóxicos, hablan de amor por la vida mientras asesinan a un animal por diversión o para apostar, hablan de amor a Dios, a la humanidad, a esto, a lo otro, y lo que hacen es simplemente repetir lo anteriormente dicho por otros sobre el amor, sin previa reflexión.
De todas esas ideas obsoletas debo desprenderme si pretendo comprender el amor, porque si parto de pensamientos distorsionados, llegaré a conclusiones erradas. Si el amor, en caso de existir, fuera muy distinto de como lo concibo, entonces, me va a resultar imposible entenderlo a partir de mis creencias.
Además, no se puede comprender sólo con el pensamiento, lo que se encuentra más allá de éste. Y yo considero el amor así; como algo que adelanta y traspasa al intelecto.
Me quedé en silencio un instante y después me dije:
Bueno, entre tantas interrogantes que me he estado haciendo estos días sobre el amor, la principal es; ¿existe el amor?, y si así fuera, ¿qué es?
En esta ocasión decidí no cavilar al respecto, solamente permanecí en silencio, sin esforzar mi pensamiento, y teniendo presente la posibilidad de que todas mis creencias sobre el amor, estuviesen equivocadas.
Me decidí a hacerlo así porque a mi entender, la frase del deja vu también parecía sugerir que ahora, después de pensar tanto, era necesario dejar de pensar.
Me quedé en silencio, acostado en mi cama. Sin quererlo yo, vinieron a mi mente muchas de las preguntas que antes me había estado haciendo, pero no hacía ningún intento por responderlas, simplemente mantenía mi pensamiento quieto, lo cual me daba mucha serenidad.
Al pasar un buen rato, cuando me sentía muy relajado, empecé a sentir que las respuestas llegaban a mí. Pero en esta ocasión, venían acompañadas de una sensación muy especial, a la cual yo califiqué de “amor.”
Esa sensación entraba a mi cuerpo de forma lenta pero continua, y se hacía cada vez más intensa. Crecía incesantemente y parecía no tener fin. Entretanto me dije:
¡Sí, esto es el amor! Ya sé cuál es el motivo de no haber entendido; porque como el amor no es una idea, si se desea comprenderlo, es necesario sentirlo más que pensarlo. Ese ha sido mi error, he estado analizando demasiado en donde el razonamiento tiene poca o ninguna relevancia.
Ahora, al liberar mi mente de conceptos rígidos sobre el amor, puedo ver que el entendimiento de éste se consigue principalmente a través del sentimiento.
Eso lo decía mientras experimentaba esa poderosa sensación, la cual estaba permeando toda mi existencia. Era algo difícil de explicar pero se sentía estupendo. Podía percibirme como uno solo con todo. Las nubes, los árboles, las estrellas, cualquier cosa la veía como parte de mí, y al mismo tiempo yo me sentía parte de ello.
Ese sentimiento no era necesario intelectualizarlo para comprenderlo, simplemente lo percibía y así lo entendía.
Estaba sintiendo amor por todas las cosas. La belleza de esa situación y el asombro que me producía, me resultaban indescriptibles.
Sin ningún esfuerzo podía depositar ese sentimiento en cualquier objeto que mirara. Misteriosamente, para mí las cosas ya no estaban aisladas entre sí, sino que se encontraban fusionadas unas con otras, incluyéndome.
En ese momento de éxtasis me decía:
Cada gota de agua, cada piedra, cada ser, está cargado de esa energía que los une y me hace darles un gran valor. He tocado el plano del amor.
Mis palabras son tan insuficientes para describir lo que siento. Es como multiplicar el encantamiento producido por la más bella obra artística. Como ser parte de una preciosa melodía musical.
¿Es esto producto de que soy un soñador, o realmente estoy en contacto directo con esa fuerza extraordinaria llamada amor?
Me hice esa pregunta porque me parecía increíble estar sintiendo algo así, sin embargo, era tan maravilloso que no me preocupé por responder. Simplemente me dejé sentir y continué en ese éxtasis mágico, el cual, después de alcanzar un punto cúspide de intensificación, lentamente fue disminuyendo hasta dejarme en un estado de paz y quietud. Fue extraño, porque la sensación empezó a decrecer hasta extinguirse, pero el amor que ésta había dejado en mi corazón, se mantuvo.
Cuando ya había pasado esa experiencia y sentía una gran tranquilidad, pude entender que si no podía “ver” más allá, era gracias al cúmulo de ideas y razonamientos. O sea, había cometido el error de bloquear con la razón, mi capacidad de entender a través del sentimiento.
Un rato después, pude empezar a dar una respuesta satisfactoria para mí, a las preguntas que había realizado:
¿Qué es el amor?... Bueno, para mí… es un arte. El único que conlleva la belleza, profundidad, complejidad y el misterio de todas las artes juntas.
Sí existe el amor, pero es demasiado distinto de la forma en que mucha gente lo considera.
Si el concepto actual de amor se ha creado a partir de una cultura que promueve en nombre de éste, el abuso de poder, la guerra, el racismo, la xenofobia, el patriotismo, la división a partir de ideologías religiosas y políticas, el nacionalismo, y muchos otros males, no es de extrañarse que haya tantas palabras y tan poco amor, ni ver cuán difícil nos resulta comprenderlo.
Sí se puede entender el amor como dar sin esperar nada por ello, ya que si se desea obtener algo, no es amor, sino más bien un intercambio económico en el cual doy para recibir.
Sin embargo, eso no implica el no esperar recibir la satisfacción que se siente cuando se entrega algo a otros, es decir, cuando se ama. Porque si soy parte del todo, entonces al dar a los demás, obligatoriamente me estaré dando -y amando-, a mí mismo.
Además, es natural -porque es una necesidad humana-, el esperar sentirse gratificado.
Por lo tanto, es normal el amar para sentirme bien y así, hacer sentir bien a los demás. Al hacer sentir bien a otros, me siento bien yo. No sucede una cosa primero y otra después, acontecen en conjunto porque somos parte de un todo. Y para amar a los demás, debo amarme a mí mismo. Si no me amo, no puedo amar.
Sentirme parte de una totalidad, tampoco implica aceptar malos tratos de otros sólo porque son parte de mí. Será un sano indicio de amor propio, alejarme de quien me haga daño, aun cuando lo haga sin intención. Aunque el amor no pone condiciones, las relaciones humanas sí, y una condición para poder interactuar con otros, debe ser el no permitirles lastimarme, ya que si se los permito, estaría dejando de amarme.
Para poder sentirme parte del todo, debo identificarme no sólo con un grupo, familia, país, raza o religión, sino con la humanidad, la vida y el universo.
En ese momento me percaté de algo muy curioso para mí, y era no sentir ser yo quien daba estas respuestas. Como que sí era yo quien las traducía e interpretaba, pero sentía como si las estuviera tomando de algún lado. Esa sensación ya la había experimentado anteriormente, pero no con tanta intensidad como en ese momento. Me pregunté si será que algo o alguien me da las respuestas a esas interrogantes. Sin embargo, no intenté contestar a esa pregunta, debido a que aún me quedaban algunas cosas por expresar acerca del amor:
También el amor se puede entender como darle valor o importancia a alguien o a algo, sin embargo, lo ideal sería poder concederle valor a cualquier cosa, apreciar la magnificencia existente en todas las formas de vida, en todos los objetos y probablemente, en todo lo que no conozco.
Eso no implicaba para mí, el aceptar pasivamente cualquiera de los actos atroces realizados por algunos seres humanos, ni tampoco el considerar incorrecto enojarse con quien haya provocado un daño. Me refería al hecho de estimar todas las cosas y apreciar la vida en general, incluyendo la humana. Continuaba:
Amor y apego son cosas distintas. Este último se refiere al bienestar que percibo cuando estoy con alguien y al hecho de mantenerme cerca de quienes me proporcionan placer.
Sin embargo, un apego sano no es malo. Es parte de ser persona, buscar el bienestar y disfrutar del placer que otros me puedan brindar.
No obstante, es necesario diferenciar amor de apego, porque si los veo como una sola cosa, puedo caer en el error de calificar ciertos actos como producto del amor, cuando en realidad están impulsados solamente por el afán de mantener el apego, es decir, por el deseo de obtener un beneficio personal.
Por ejemplo, a quien necesita irse, podría terminar -inconscientemente-, manipulándolo para que no lo haga, bajo el pretexto de mi amor por él o ella, cuando en realidad es sólo para seguir recibiendo el placer que me provee. Así, estaría coartando la libertad de otro, en nombre del amor.
Este tipo de acciones son el resultado de confundir amor con apego, y no precisamente con un apego sano en el cual compartimos con quienes nos dan placer, sino con uno excesivo que nos lleva a pretender apropiarnos de ellos.
Para justificar esa actitud y hacer sentir a los demás comprometidos, le llamamos a todo esto, amor. Puesto que, si le diéramos un nombre más acertado como apego excesivo, egoísmo o posesión, se nos haría más difícil controlar a las personas y al beneficio obtenido a costa de ellas.
Todas las explicaciones que me estaba dando sobre el amor me resultaban satisfactorias, sin embargo, como también había entendido que en la comprensión del amor hay algo inalcanzable con el intelecto, solamente con el sentimiento y el espíritu, me dije:
Si deseo comprender el amor, debo liberar mi mente de pre-conceptos establecidos en torno a éste, para poder sentirlo más que pensarlo. Cuando así lo haga, obtendré una comprensión más emocional y espiritual que racional, por lo cual me será difícil definir el amor con palabras, pero me resultará más sencillo sentirlo y entregarlo.
Resulta ilógico preguntar cuál es el sentido del amor, ya que al hacerlo, pierde sentido. Es algo así como el significado de la vida, no se puede pensar y por ello nadie lo puede dar, pero todos lo podemos sentir.
Llegar a pensar así representó un desafío para mí, esto debido a mi característica obsesividad, la cual siempre me hacía procurar tenerlo todo bajo control y no me permitía dejarme sentir y desasirme de los viejos conceptos arraigados en mí. En ese momento también me di cuenta del motivo por el cual era preciso considerar la posibilidad de que el amor no existe; porque ese era el mejor modo de poner mi mente en blanco y desprenderme de cualquier concepto deformado que yo tuviese al respecto.
Después de haber entendido y experimentado todo eso, me sentía exhausto pero calmado. Pensé en la posibilidad de no haber respondido a todas mis preguntas, o no haberlo hecho de manera adecuada, pero no me importó, porque entendí que las respuestas a muchas de mis interrogantes, se encontraban en mi corazón y no en mi mente, por lo tanto, no era necesario verbalizarlas.
Me levanté de la cama y fui a la cocina. Tomé un vaso de leche y empecé a prepararme para dormir.
Mientras hacía todo eso, pude notar que a pesar de sentirme un poco mejor a causa de todo lo aprendido en ese rato, aún extrañaba a Dina y sentía cierta tristeza al pensar en ella. Por ello me pregunté:
Si existe el amor a pesar de las largas distancias y aunque las personas no estén interactuando, ni dándose nada una a la otra, ¿por qué estoy sufriendo por la partida de Dina? Si no se necesita estar cerca de una persona para amarla, ¿por qué sigo extrañándola? El amor no pone condiciones, entonces ¿por qué estoy poniendo la condición de tenerla junto a mí para poder amarla?
Esa última interrogante me tocó profundamente y con mucha fuerza, lo cual, después de unos segundos de mutismo me hizo cuestionarme:
Si el amor no pone ninguna condición, ¿es la relación de pareja en la que comúnmente se establecen tantas condiciones, producto del amor?
Esa pregunta me pareció importante, porque me parecía -a juzgar por el hecho de no haber una relación humana a la cual se le dediquen tantas canciones y poesías-, que la relación de pareja es considerada como una de las máximas expresiones del amor. Por lo cual no le encontraba sentido al establecimiento de condiciones.
Sin embargo, como ya estaba bastante cansado, decidí dejar esa pregunta pendiente para intentar responderla en otra ocasión. En ese momento, lo que hice fue acostarme a dormir.
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