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Capítulo 8
Después de un buen rato de estar acostado, a causa de estar dejándome llevar por esa música instrumental tan nostálgica que estaba escuchando, dejé de pensar completamente en el tema del amor. Me estaba empezando a dar bastante sueño cuando inició en mí, algo similar a lo que había experimentado anteriormente; ser uno con todas las cosas.
En cuanto esa sensación empezó se me quitó completamente el sueño, entonces decidí simplemente, sentir.
Pocos minutos después, el sentimiento llegó a un punto donde no aumentó más pero tampoco disminuyó. No alcanzó la intensidad de la ocasión anterior, pero igualmente era maravilloso y me proporcionaba mucha paz.
Una corazonada me hizo saber que era justo ese momento, -cuando el sentimiento había dejado de crecer-, el apropiado para empezar a responder a mis preguntas sobre el amor de pareja.
Como no sabía por dónde empezar, decidí responder a como fuera sintiendo:
En lo referente al deseo de dar continuidad a una relación durante el resto de la vida, debo entender que nunca podré estar seguro de cuál será mi sentir el día de mañana. No tengo forma de garantizar que mi sentimiento actual hacia alguien, siga igual en el futuro.
Eso no implica el no poder planear nada, sí puedo, pero es imprescindible vivir la relación más en el presente que en el futuro. Y aceptar que una unión de pareja durará el tiempo que debe ser, no el que según yo, debería ser.
Si la relación dura menos de lo deseado, no debo pensar que fue un fracaso. Es un error medir el éxito de una relación, proporcionalmente a su duración. Hacer eso podría provocar el aferrarme a relaciones que definitivamente ya no funcionan, o causar más malestar de la cuenta durante alguna separación, como me está sucediendo actualmente.
El concluir que una unión de pareja no se convierte en un fracaso sólo por terminar antes de lo esperado, lo hice basado en el carácter perecedero -por lo menos en este plano físico-, de todas las relaciones humanas. Lo cual implicaba para mí, que en algún momento, la relación debe acabar. Continuaba:
En cuanto al hecho de buscar una pareja con el fin de obtener un beneficio y satisfacer ciertos placeres -como los de compañía y contacto físico-, no lo considero un acto reprochable. El placer, simplemente forma parte de estas relaciones.
Precisamente por eso surge el establecimiento de condiciones al formar relaciones de pareja, no necesariamente por egoísmo, sino porque es fundamental garantizar la propia felicidad mediante la adecuada satisfacción de las necesidades propias, eso es amor a uno mismo.
Una relación que no cumpla con ciertas características básicas y además, conlleve aspectos negativos muy significativos, puede perjudicarme.
Sin embargo, el establecimiento de condiciones en una relación de pareja, debe ser sólo en aspectos primordiales. Si me llevo esa situación a un extremo más allá de lo esencial, podría dañar a la otra persona, al cometer errores como pedirle cosas que soy incapaz de dar, exigirle ser casi perfecta, o en el peor de los casos, cosificarla y utilizarla cual si fuera un objeto cuyo único fin es el de gratificarme.
Ese razonamiento acerca de la cosificación, surgió porque yo en algún momento pensé que, si bien podemos considerar la relación de pareja, en parte como una economía -por el hecho de existir un dar y recibir-, en ocasiones nos comportamos de forma despiadada al deshumanizar a las personas y tratarlas como si fueran mercadería. En relación con eso continuaba pensando:
Hoy día es usual el no ver a la pareja como alguien con quien compartir, sino como un objeto del cual apropiarse para utilizar cada vez que se requiera y desechar cuando se vuelve molesto, o si deja de cumplir con la mínima de una enorme serie de exigencias:
“Mi pareja debe ser inteligente, con cierta posición social, económica y académica, determinado físico, cierta edad, que no tenga tales defectos, que sea creyente de ciertas cosas y poseedor de muchísimas virtudes. Que me acompañe pero sin asfixiarme, que me llame pero sólo a ciertas horas, que no quiera verme muchas veces para no cansarme, ni pocas para no sentirme solo, pero tampoco establecer un ritmo fijo en medio de esos dos extremos porque se convierte en una aburrida rutina, y al primer fallo en alguna de esas cosas, ¡le mando a volar porque ya no sirve para nada!”
Esta situación tan común actualmente, representa una exigencia extrema que no se hace sólo con el fin de garantizar una relación satisfactoria, sino también porque se trata a las personas como objetos de consumo a los cuales se les demanda lo máximo sólo para obtener gratificación. Se considera a la pareja no como alguien de quien recibir lo que pueda y quiera dar, sino como alguien a quien sacarle todo lo que se pueda y se quiera recibir. No es compartir con un ser humano, es hacer negocio con éste y en muchos casos, un intento de estafarle.
Con todo esto, yo no estaba pensando en el conformar relaciones íntimas con alguien no-agradable para uno, ni en soportar cualquier cosa de la pareja, ni en darle continuidad a relaciones que ya no funcionan. Mi opinión era que la “economía del amor” no debería ser tan brutal, por haber en medio, seres humanos, no mercancía. Por ello, consideraba que en una relación es importantísimo poner en práctica algunas cosas como ser paciente, tolerar, esperar, disculparse, apoyar, tender la mano, ofrecer afecto, aceptar defectos, comunicarse, y cualquier otra cosa imposible de hacer con un objeto.
Incluso pensé en una economía más inteligente, lo cual también quería decir, más justa. Al respecto meditaba:
Si tengo una relación de pareja y tanto mi compañera como yo, estamos centrados únicamente en nuestros propios intereses sin prestar atención a los del otro, eso provocará que sólo haya una persona interesada en mí; yo. Y sólo una interesada en mi pareja; ella. Pero si ambos nos centramos no sólo en los propios intereses, sino en los de nuestra pareja, entonces habrá dos personas preocupadas por mí; ella y por supuesto yo. Y viceversa.
Pero para poder hacer una relación más justa, en donde cada uno esté verdaderamente interesado en su pareja, y la intención sea procurar pedir a la otra persona sólo lo necesario y lo que puede dar, en vez de exigirle como si fuera un objeto de gratificación permanente, hace falta una buena dosis de humanidad y conciencia, lo cual se resume en... amor.
En ese momento me sentí sorprendido y alegre, porque de forma inesperada pude ver que estas relaciones, aunque se busquen para beneficio personal, pueden incluir amor, y la ausencia o presencia de éste, es el determinante de cosificar o no, a la pareja.
Si el amor no pone ninguna condición, pero son condiciones el contacto físico y la compañía para que exista la relación de pareja, ¿es ésta producto del amor?, -fue la pregunta por la cual empecé a reflexionar durante todo ese rato-. Después de tanto meditar, había comprendido que estas condiciones son normales si tienen como fin el poder determinar pautas sobre cómo llevar la relación, pero cuando se exceden, pueden convertirse en una conducta mezquina cuya finalidad es el pretender adueñarse de la otra persona, y no el compartir con ella.
“¡Las relaciones de pareja sí pueden conllevar amor!”, era el grato pensamiento que en ese momento llenaba mi cabeza. Me sentía tan alegre por haber comprendido eso, que cuando me percaté, estaba sonriendo. Permanecí durante unos minutos disfrutando de mi alegría, sin pensar en nada. Después, sentí un enorme deseo de pronunciar mis últimas palabras del día, como forma de concluir mi reflexión:
Antes de unirme en pareja, debo estar lleno de amor, sólo así podré entregarlo y recibirlo. Si soy una persona vacía, el amor no surgirá al crear una relación, más bien, es probable que ésta contenga esa misma vaciedad.
Por ello, no debo considerar el vínculo de pareja como la fuente del amor -ya que ésta se encuentra dentro de mí-, sino como un canal por el cual se expresa el amor disponible en mi corazón.
Al terminar de pensar en eso, me sentí complacido con las respuestas dadas a mis interrogantes. No sabía si eran correctas, pero para mí eran satisfactorias. Tampoco supe si había dejado sin contestar alguna pregunta, pero no me afligí por ello, porque sentía ya saber todo lo necesario respecto al amor de pareja. Además, pensaba que si faltaba algo por aprender, llegaría en el momento apropiado.
El sentimiento de compenetración profunda con todas las cosas, fue decreciendo poco a poco, pero sin que el amor presente en mi corazón, disminuyera.
Pasado un rato, me levanté sintiendo un gran deseo de escribir algo breve acerca del amor, con el fin de hacer un compendio sobre mi aprendizaje al respecto, y también dar una respuesta optimista a la tristeza reflejada en la poesía que realicé, como tres años antes de conocer a Dina.
Encendí la computadora y empecé a anotar cuanta idea se me iba ocurriendo. Lo hacía de manera que se lo pudiera dedicar, no solamente a Dina, sino también a cualquier otra persona si así me apeteciera.
Cuando ya tenía redactadas las frases que consideré apropiadas, rápidamente las ordené y les puse como título:
La canción del Verdadero Amor
porque éste trasciende los límites de la distancia
El amor que se acaba con el pasar de los años nunca fue amor
porque éste va más allá del tiempo
El amor que se acaba al terminar el contacto físico nunca fue amor
porque éste va más allá de los límites de nuestro cuerpo
El amor que se acaba con la humillación o el desprecio nunca fue amor
porque éste va más allá de las condiciones
Mi amor por ti no morirá porque éste nunca nació
lo que pasó fue que un día despertó
Por no verte el día de hoy no te dejaré de amar
Igual si no te veo nunca más
Por no abrazarte el día de hoy no te dejaré de amar
Igual si no te abrazo nunca más
Te amo por lo que eres y por lo que no eres
aunque no seas lo que yo creí, ni lo que pretendes aparentar
Describiré el amor más grande que pueda imaginar
y sabré que el verdadero amor es el que realmente sea así
El amor que se acaba con la muerte de quien se ama nunca fue amor
porque el amor sabe que la vida no acaba
El verdadero amor no espera ser correspondido ni ata a nadie
porque éste va más allá del interés y la dependencia
Recordar tus ofensas no me hará dejar de amarte
porque el amor no vive en el pasado y va más allá del recuerdo
Mi amor por ti no morirá porque éste nunca nació
lo que pasó fue que un día despertó
Por no verte el día de hoy no te dejaré de amar
Igual si no te veo nunca más
Por no abrazarte el día de hoy no te dejaré de amar
Igual si no te abrazo nunca más
Te amo por lo que eres y por lo que no eres
aunque no seas lo que yo creí, ni lo que pretendes aparentar
Mi amor por ti es hermoso y puro
porque yo te amo aunque tú no me ames a mí
Mi amor por ti no se puede olvidar ni recordar
porque éste, presente siempre está
Mi amor por ti no crece con tu compañía
ni disminuye con tu ausencia
Mi amor por ti es mucho más que el contrario de odio
Mi amor es... Verdadero Amor
A ti que te amo y debes marcharte
te deseo lo bello y te obsequio esta canción
y aunque algún día deje de extrañarte
nunca dejaré... de amarte.
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