Debe introducir al menos 3 caracteres en el buscador.
Inicio / Wikis / Apuntes / Extrañando a Dina - Epílogo

Extrañando a Dina - Epílogo

 ***** (8 opiniones)
Creative Commons Apuntes de Marioalonso Madrigal - 19 de Febrero de 2007
Temas Relacionados: Desarrollo personalArteAutoayuda
14. Epílogo

Epílogo

Se puede decir que después de mi “despedida final” acabó todo; dejé de hacerme tantas preguntas, no volví a sufrir extremadamente por la ausencia de Dina, y abandoné enteramente la esperanza de regresar con ella.

 

Sí continué durante unos meses más sintiendo tristeza y nostalgia, pero me mantenía muy calmado, pues consideraba eso como algo normal. Así fue pasando el tiempo hasta cierto día, en el cual me percaté de que ya no la extrañaba absolutamente nada. En relación con eso hay una historia curiosa.

 

Iba yo saliendo de mi casa rumbo a la oficina, era un viernes del mes de diciembre, por cierto, el último día de trabajo en ese año. Abordé el autobús, me senté en los asientos de la mitad, y éste empezó a avanzar. Después de un corto rato el chofer hizo una parada con el fin de que más gente subiera, y entre esas personas venía Dina.

 

Como llevaba varios meses de no verla me sorprendí bastante. Nunca la volví a ver en la universidad porque después de nuestra última conversación ella abandonó la carrera. Supe eso por dos compañeras mías, quienes muy intrigadas me comentaron que estaban con ella en dos cursos, pero después de cierto día, nunca la volvieron a ver. Ese día del cual ellas hablaban, fue cuando Dina me contó lo de su reconciliación con el marido.

 

Cuando Dina subió al bus me quedé viéndola, ella me miró, sonrió de manera rápida y un poco forzada, y siguió caminando hacia el fondo. Yo empecé a sentirme ligeramente ansioso sin saber por qué, pero rápidamente me tranquilicé.

 

Al llegar el autobús a la última parada, con el fin de bajarme me paré y caminé hacia la puerta trasera, pero como estaba cerrada tuve que permanecer de pie a la par de Dina. Mi intención no era hacer eso, usualmente al estar el bus en ese lugar el chofer abría la puerta, pero por cuestiones de tránsito decidió mantenerla cerrada durante un momento.

 

Esperé a que me mirara para decirle aunque sea “hola”, pero no lo hizo, me ignoró completamente. Sin embargo, eso no me provocó ningún malestar. Con el fin de saber si aún sentía algo por ella me quedé observándola detalladamente; estaba más delgada, no andaba maquillaje, sus uñas estaban cortas -como siempre-, le miré los brazos, las piernas, el cabello, en fin, todo su cuerpo, pero no sentí nada. No hubo en mí, nostalgia, dolor, alegría, ganas de llorar, nada. En ese momento me di cuenta de que ya había dejado de echarla de menos, ya no me encontraba Extrañando a Dina.

 

Después de un minuto aproximadamente, el chofer abrió la puerta, ella bajó primero y empezó a caminar en sentido contrario hacia donde yo debía ir. Seguidamente bajé, permanecí mirándola durante unos segundos y cuando la perdí de vista entre la multitud, continué mi trayecto. Hasta la fecha no he vuelto a verla ni a saber nada más de ella.

 

Esta historia me parece curiosa debido a varios motivos:

 

Primero, la volví a ver exactamente un año después de aquella tarde en la cual ella me llamó para decirme que dejara de molestarla, y yo me dije a mí mismo; “ya es hora de aceptarlo, todo terminó”. El lapso de tiempo pude deducirlo debido a que dicho día también fue el último de trabajo en ese año. Segundo, el topármela me hizo darme cuenta de que ya la había olvidado, antes de ese encuentro no estaba conciente de ello. Y por último, unas horas después de ese acontecimiento, en la fiesta del trabajo, conocí a una muchacha con quien inicié una relación de pareja bastante bonita. ¿Casualidades? No lo creo.

 

En la noche, al llegar a mi casa, muy alegremente me senté en el sillón -el mismo en cual estuve varias veces llorando por Dina-, junté mis manos, cerré los ojos y oré con un amor e intensidad como nunca lo había hecho en mi vida, dando gracias por la enorme felicidad que estaba sintiendo a causa de haber superado el dolor.

 

Después pensé en cuánto aprendí durante aquellos momentos de gran malestar, y al hacerlo me pareció lindo compartirlo con otras personas, entonces me decidí a crear este libro. Muy motivado por la idea de plasmar mi historia en páginas, pensé:

 

Tal vez a alguien le pueda ser útil leer mi experiencia, o por lo menos, entretenido.

 

En relación con mis preguntas, probablemente no todas las respuestas que di resulten satisfactorias para cualquiera. No obstante, si fueron buenas para mí, quizás lo sean para otra persona, por eso las comparto.

 

Sé que algunas interrogantes no las respondí, eso fue porque en el momento no supe cómo, o no sentí la necesidad de hacerlo. Sin embargo, las escribí debido a mi deseo de que el lector pueda aportar sus propias ideas. En ningún momento quise presentarme como un dador de respuestas absolutas a cuanta duda pueda surgir.

 

Por ejemplo, ¿a qué obedecen todas las supuestas “casualidades”? ¿Dios?, ¿ángeles?, ¿energías?, ¿facultades mentales desconocidas para mí? Cada cual responda de acuerdo a lo que le resulte más razonable.

 

Mi fin al realizar esta obra no es únicamente contar mi historia, también es promover el amor. Pero no sólo en un sentido romántico, sino el amor por todo; por sí mismo, por la humanidad, por el planeta entero. Amor en actos, no sólo en palabras, ya que no basta con sentir mucho amor, es necesario demostrarlo con hechos.

 

El amor es la única salida al caos existente en este mundo. No existe sistema político, económico, social o religioso, capaz de salvarnos si no hay amor, y si lo hay, entonces no es necesario preocuparse excesivamente por dichos sistemas. La revolución que más le urge al mundo no es militar ni tecnológica, es sicológica y espiritual, es de amor.

 

Cuando estaba planeando cómo elaborar este libro, el cual debía contener mi aprendizaje respecto a las relaciones humanas, el cariño, la soledad y demás, pensé que seguramente aún me faltaban muchas cosas por aprender, y encontré interesante también escribir sobre ello.

 

Consideré dicha idea como una buena manera de concluir el libro y despedirme de mis lectores, por esa razón, compuse unas cuantas líneas acerca de ese tema y las titulé:

 

Aún queda mucho por aprender.

Yo, que creí saber tanto respecto a relaciones amorosas, últimamente, sin querer y sin darme cuenta, observando mis experiencias, mis aciertos y sobre todo, mis errores, he visto que en materia de amor, aún me falta tanto por APRENDER... por ENTENDER... por CAMBIAR... por CORREGIR... por ACEPTAR... por MEJORAR...

 

DEBO APRENDER que enamorarme no es obsesionarme ni irme a los extremos.

 

DEBO APRENDER a no poner toda la motivación de mi vida en sólo una persona.

 

DEBO ENTENDER que no se debe rogar amor y que una relación de pareja no es para vivir angustiado.

 

DEBO APRENDER que si pretendo tener una relación de adulto, debo comportarme como tal.

 

DEBO ACEPTAR que en el amor como en cualquier otra cosa de la vida, existen los tropiezos, las caídas y los dolores, y el miedo solamente dificulta más las cosas.

 

DEBO APRENDER que no es bueno sobrevalorar, endiosar, ni idealizar a nadie. Porque todos somos humanos y no debo esperar de mi pareja más de lo esperable de un ser humano.

 

DEBO APRENDER que es bueno ser como soy, siempre y cuando eso no implique irrespetar a quien esté conmigo.

 

DEBO ACEPTAR que en algunas ocasiones, es necesario pasar por un gran dolor para conocer una gran felicidad, ya que a veces el suelo del fondo es el más apto para brincar.

 

DEBO TENER PRESENTE que el sentir algo hoy no implica el sentirlo mañana, y así como me permito disfrutar también debo permitirme llorar, porque el dolor es parte de la vida tanto como el placer.

 

DEBO ENTENDER que la confortabilidad brindada por la rutina es engañosa, porque la realidad está en constante cambio, por eso es necesario aprender a tolerar la inseguridad natural de la vida cotidiana.

 

DEBO ACEPTAR que los planes pueden desaparecer en un instante, porque el futuro se mueve como él desee y no como a mí me dé la gana. Si éste me permite hacer algunas cosas sobre él, debo estar agradecido y no lamentándome por lo que no pude hacer.

 

DEBO ACEPTAR que alrededor del amor se han creado muchas mentiras. Por eso debo dejar de volverle la cara a la verdad sólo para seguir en una falsa comodidad o por miedo al dolor. Si la vida me demuestra que aquello en donde puse mi corazón es una farsa, debo aceptarlo; llorando, desahogándome y renaciendo como una nueva persona.

 

DEBO MEJORAR mi amor propio...

Para que la partida de quien quiero no me haga sentir despreciado, humillado o rechazado.

Para no ser tan sensible al abandono.

Para no terminar creyendo que me dejaron por feo o por tonto, y poder aceptar que simplemente funcionó el tiempo necesario.

Para no arrastrarme poniéndome de alfombra a los pies de nadie.

 

DEBO ACEPTAR que agradarle a alguien hoy no garantiza el agradarle mañana. Y eso no tiene por qué ofenderme si lo acepto...

Si acepto que a veces las personas no pueden dar más.

Si acepto que quien esté conmigo tiene derecho a no estarlo, y a que yo ya no le guste.

Si acepto que quien amo, tiene derecho a tomar sus propias decisiones, aunque a mí no me satisfagan.

 

DEBO RECORDAR que a veces lo bueno se obtiene esperando y presionando se arruina. Por eso es necesario tener paciencia, esperar tranquilamente y RECORDAR...

Que la impaciencia es producto de un impulso emocional, el cual tal vez pronto pasará.

Que la impaciencia asfixia a quien está conmigo.

Que la presión se puede convertir en irrespeto.

Que tomar una decisión mientras estoy impaciente es peligroso, porque estoy influido por un estado emocional extremo y pierdo toda objetividad, ahí no va mi verdad, sino mi impulso, mi compulsión, y podría hacer algo de lo que me arrepienta.

Además, si soy paciente no veré la espera como sufrimiento.

 

DEBO APRENDER a no ser posesivo. Que alguien se marche no es perder una pertenencia que me gustaba mucho. Mi pareja no es mía, es prestada, y “su dueño”  tiene derecho a llevársela cuando desee. Y aunque “ser dueño” de alguien brinde más seguridad que tenerlo prestado, debo entender que eso es una ilusión. Aunque la crea mía, no lo es, por lo tanto...

No puedo decidir sobre la vida de quien esté conmigo.

No puedo esperar que actúe sólo de acuerdo a mis deseos.

No debo controlarle, manipularle, adueñarme de ella, ni decidir su destino.

No debo reclamarle a la vida por hacerme devolverle lo que me prestó.

 

Pero sobre todo... DEBO APRENDER... QUE NUNCA DEJARÉ DE APRENDER, y mientras continúo aprendiendo, debo permitirme vivir y sentir.

 

Y ahora, que me empiezo a recuperar de los dolores sufridos gracias a ni siquiera haber aprendido que aún queda mucho por aprender, lo único restante por hacer es, en medio de unas cuantas lágrimas de nostalgia y alegría, tomar un gran suspiro y decirme a mí mismo...

 

¡Bueno amigo... volvamos a empezar!

Autor y licencia de 'Extrañando a Dina - Epílogo'

Wikis relacionados con 'Extrañando a Dina - Epílogo'

Durante 1993 y 1994 se concentraron buena parte de las sorpresas que parecieron insinuar la... Más »
Es una lista de frases que contiene las más comunes y utilizadas. This is a medium-sized... Más »
Cada nombre propio de las personas ha tenido un origen en un determinado concepto. Se... Más »
Los autores analizan y discuten acerca de la filosofía, la economía política, la geopolítica, la... Más »
En estas páginas nuestro querido amigo Mario Amorós relata casi toda la historia de nuestras... Más »
¿Estás seguro de que deseas eliminar este capítulo?