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Historia de la traducción en Cuba - Traductores de literatura científica

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Creative Commons Apuntes de Dra. Lourdes Arencibia Rodríguez - 04 de Enero de 2006
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2. Traductores de literatura científica
Merecido espacio para los cultivadores de la traducción científica o didáctica merecen Esteban Borrero Echevarria (1849-1906), médico, farmacéutico y profesor, quien tradujo Las instituciones antropológicas, de Broca, y el Tratado de aritmética de Wentworth. Manuel González del Valle (1802-1884), junto con una puesta en verso castellano de la ópera El barbero de Sevilla, de Rossini, acomete la Breve historia del proceso en lo criminal, de Pagano y las Relaciones del Derecho y de la Legislación en la Economía, de F. Rivet, publicada en Paris en 1864. Emilio Blanchet (1829-1915), pedagogo destacado y estudioso de las lenguas compiló, en su obra Trozos de literatura francesa, con resúmenes de historia literaria, notas, vocabularios de las palabras contenidas en el texto (sic) y únicamente de las acepciones que allá tienen y un apéndice mercantil, Barcelona, Imp. de S. Marrero, 1875, textos que demuestran que enfocaba esta actividad con profesionalismo y rigor. Asimismo, dejó inédito un libro de epigramas e idiotismos franceses. José del Perojo (1853-1908) se anota el mérito de haber sido el primero que vertió al español, directamente del alemán, el texto completo de la Crítica de la razón pura, de Kant, y una Historia de los orígenes de la filosofía crítica de Kuno Fischer !su amigo y maestro!, también del alemán. Otro germanista destacado, el traductor Antonio Angulo y Heredia (1837-1875), sobrino de José María, tiene en su haber La campana, de Schiller, y París en América, del francés E. de Laboulaye. Miguel Teurbe Tolón (1820-1870), a quien además de haber puesto en español El sentido común de Thomas Payne y un Compendio de la Historia de los Estados Unidos, de Enma Willard (New York, 1854), también le debemos una obra didáctica sobre la traducción aparecida en Nueva York en 1852, titulada The Elementary Spanish Reader and Translator.

Un espacio en este recuento merece también, aunque no haya sido propiamente un traductor, Nestor Ponce de León, por la descollante obra de divulgación de las letras iberoamericanas que desarrolló desde el exilio político en Nueva York en su casa editorial Monitor, una de las más importantes imprentas y librerías de obras en castellano que existiera en el siglo xix en esa urbe estadounidense. Pero, además, a Néstor Ponce de León se debe el Diccionario tecnológico inglés-español y español-inglés, publicado en Nueva York en 1884, que Martí califica de obra indispensable en la biblioteca de todo hombre moderno y herramienta de trabajo de valor para los traductores. Otro autor importantísimo de obras de referencia y traductor por añadidura, !sobre todo de piezas de teatro!, es Francisco Calcagno (1827-1903), autor del célebre Diccionario biográfico cubano. A su factura se deben Adriana Lecouvreur, Angelo, tirano de Padua, de E. Scribe, por encargo de la casa editorial Baker y Godwin de Nueva York; y Torquemada, de Victor Hugo, que tuvo dos ediciones: en México y en Barcelona. Ensayó también la traducción inversa y llevó al francés un proverbio dramático de C. Navarrete, en 1887.

Juan Clemente Zenea (1832-1871) es otra figura destacada de las letras y de la traducción. Con él presentamos una selección de traductores de valía cuyo desempeño pretendemos ilustrar con algunos trozos de su factura y cerrar el período que dará paso al de la República semicolonial, con el que concluye también nuestro estudio.

En Zenea/poeta, hay una huella muy fuerte de Musset. De éste tradujo, y publicó íntegramente en La Revista Habanera (1862), su drama Andrea del Sarto y dos poemas: nAdieuo (1839), que apareció en Poesias de Cuba (1855), y que también tradujo, por cierto, José Antonio Cortina (Revista de Cuba, t 1, 1877) sin que ni el uno ni el otro le hicieran al original mucho favor, si bien la versión de Cortina es mejor que la de Zenea; y la elegía Lucieo, que el cubano incluyó en el segundo tomo de sus Noches literarias en casa de Nicolás Azcárate (1866) que, al decir del notable crítico de la época Enrique Piñeyro, es de excelente factura, pues el traductor supo reproducir de modo sorprendente, el ritmo deliciosamente melancólico del original de Alfredo Musseto. Por la comparación de las dos estrofas que copiamos a renglón seguido, la primera de Musset y la segunda de Zenea, podrán apreciarse las cualidades del traductor:

Paix profonde à ton âme, enfant, à ta mémoire

Adieu ta blanche main sur le clavier d'ivoire,

durant les nuits d'été ne voltigera pas...

(Musset)

¡Duerme por fin en paz! ¡Duerme, angel mío!

¡Paz profunda a tu alma! ¡Adios! Tu mano

Ya no más en las noches del estío

Podrá vagar sobre el marfil del piano...

(Zenea)

Zenea se ocupó, además, con otros autores. De Lamartine tradujo un trozo de Jocelyn y dos poemitas: El iriso y En un álbum; de Leopardi, las composiciones Desengaño e ninfinito; de Tennyson, el fragmento XVI del poema In memoriam; de William Cullen Bryant, La muerte de las flores; de Longfellow, La ventana abierta; del alemán Gustav Pfizer, Los dos rizos, que Logfellow había también traducido al inglés cambiándole el título; de Heine, algunas estrofas del Intermezzo que no poseen gran calidad y de Nicolás-Bermain Léonard, poeta originario de la isla de Guadalupe, la composición Las Antillas.

Jose Agustin Quintero (1829-1885) pertenece a la generación de traductores de la evasión. La evasión de los poetas se realiza de múltiples formas, y una de ellas puede ser a través del acercamiento o la imitación a figuras de otras culturas. Así se manifiesta en ellos la producción que hemos llamado traducción de prevalencia con tendencia a la evasión.

Desde niño, Quintero aprendió el inglés, lengua que llegó a dominar como la suya propia, incluso para escribir en ella algunas de sus composiciones. Cultivó la amistad personal de poetas de habla inglesa, entre ellos, Longfellow y Tennyson, y realizó igualmente versiones del alemán. Entre éstas se destaca uno de los sonetos llamados Geharnischte Sonette, que el alemán Friedrich Ruckert publicó en 1814 en su primera colección de versos titulada Deutsche Gedichte. El soneto del alemán, en forma de preguntas y respuestas comienza así:

Was schmiedst du, Schmied? !Wir schmieden Ketten, Ketten! Ach, in die Ketten seid ihr selbst geschlagen...

Traducido textualmente todo el soneto, dice:

- ¿Qué estás fundiendo, herrero? ! Forjamos cadenas, cadenas.

- ¡Ay! Prisioneros en esas cadenas vivís atormentados.

- ¿Qué cultivas, labrador? !La tierra que ha de brindarme sus frutos.

- Si, para nuestros enemigos será el trigo; para vosotros, los labradores, los cardos.

- ¿A quién enderezas tus tiros, cazador? !Quiero dar muerte al más gordo de los ciervos.

- Igual que al ciervo y al corzo, a vosotros os cazan y persiguen.

- ¿Qué tejes, pescador? !Redes para los peces temerosos.

- ¿Y de la red mortal en que sucumbes, quién podrá arrancarte?

- ¿Qué meces tú, madre insomne? !Mis niños.

- Si, para que crezcan al servicio de los enemigos, ofendan y maltraten su propia patria.

- ¿Qué escribes tú, poeta? !En letras de sangre inscribo mi vergüenza y la de mi pueblo, que no puede atreverse siquiera a pensar en su libertad

A su vez, la paráfrasis de Quintero recoge en cuatro estrofas de cinco versos algunas de las preguntas de Ruckert, adaptándolas a la situación de Cuba, y dándoles parecida respuesta:

- ¿Qué trabajas, herrero? !Una cadena.

- ¿Cadena que tal vez lleve un hermano!

- ¿Dónde vas, pescador? !La mar serena mi red de hermosos peces verá llena...

- Ve, tráelos al banquete del tirano.

- ¿Qué aras, labrador? !La tierra dura

donde florecen el café y la caña.

- ¿Vana es tu industria; tu afán locura!

Para tí la fatiga y la amargura.

¡El oro y las cosechas son de España!

- ¿Qué corta, leñador, tu hacha pesada?

- ¿Árboles de vigor y pompa llenos!

- ¿Detente, que la patria está enlutada:

a cada golpe de tu mano osada

(hay un cadalso más y un árbol menos!

- Di, ¿qué meces, mujer, en esa cuna?

- ¡Un niño! En él mis ojos siempre clavo.

- Pese, oh madre infeliz, a tu fortuna, desvelada te encuentran sol y luna,

y al fin le das al déspota otro esclavo.

Diego Vicente Tejera (1829-1885) estaba particularmente dotado para la traducción. Colaboró en forma anónima con la que hizo el venezolano Juan Antonio Pérez Bonalde, de Das Buch der Lieder (El libro de los cantares) de Heine que, hasta el presente, no tiene parangón en lengua castellana e integró un singular equipo de trabajo con el propio Bonalde y con José Martí, durante los años que residieron los tres en Nueva York, para traducir del inglés al español Lalla Rookh de Thomas Moore, cuyo texto nunca se ha hallado. También tradujo magníficamente a Leopardi y dio a conocer en español La romanza de Mignon de Goethe; La hoja de Arnaulto y El amanecer, de Longfellow. No obstante, su mejor traducción es la de los diecisiete Cantos magiares de Petöfi y, de ellos, la de Mi voto, de la que reproducimos las dos últimas estrofas. Con ella Tejera quiso alentar el sentimiento de libertad de los cubanos de la época y por eso la dedica a Cuba:

¡La muerte, sable en mano, magnífica, tremenda, cuando el clarín vibrante reemplace el ruiseñor!

¡Que el alma mía, entonces, el libre vuelo emprenda!

¡Que brote de mi pecho sangrienta y ancha flor!

Y así que el corcel mío me lance entre el ramaje acude y besa al punto mis labios por piedad.

¡Oh tú, que siempre fuiste mi amor rudo y salvaje!

¡Oh casta hija del cielo, sublime Libertad!

José Martí (1853-1895). La talla universal de este gigante de las letras y el pensamiento americano y la autoridad y el prestigio de las plumas que a su obra le han dedicado cientos de miles de páginas de homenaje y reflexión en todos los continentes, hacen ociosa una presentación que siempre habría quedado a la zaga del empeño. Su actividad como traductor a varios idiomas es en cambio no tan conocida, pese a que su vastísima cultura y sus excepcionales dotes le permitieron abordar con ventaja géneros, autores y asuntos muy variados.

Cuadro general de las traducciones conocidas de José Martí
Autor y licencia de 'Historia de la traducción en Cuba - Traductores de literatura científica'
Dra. Lourdes Arencibia Rodríguez Extraído de: http://bvs.sld.cu/revistas/aci/vol6_1_98/aci05198.htm

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