La foto, nacida de la cooperación de la ciencia y de nuevas necesidades de expresiones artísticas, fue objeto de violentos litigios en el momento de su aparición. La Iglesia también fue muy hostil al principio.
Esa época encuentra su mejor expresión en la filosofía positiva. Se exige una exactitud científica, una reproducción fiel de la realidad en la obra de arte. Hubo mucha polémica entre foto y arte, oposiciones entre ambos campos.
Es evidente que la foto, durante el siglo XIX, no hubiese llamado tanto la atención en los medios artísticos si la influencia de las transformaciones sociales no hubiese revelado nuevas tendencias en el arte.
Hacia 1855, ya se discutía públicamente acerca de una nueva tendencia artística, el realismo. La teoría de esos primeros realistas es inseparable de la estética positivista. Sus exigencias podían derivar de la aparición del aparato fotográfico. “Sólo se puede pintar lo que se ve”, declaraban.
El punto de partida es el mismo en la foto que en el realismo: para el fotógrafo, la realidad de la naturaleza es exactamente la realidad óptica de la imagen. Sin embargo, los realistas se negaban a considerar la foto como un arte.
El retrato fotográfico, explotado en su mayoría por gentes que sólo buscaban enriquecerse lo antes posible, consolidaba la mala reputación de la foto en el mundo artístico.
El área de penetración de la foto, limitada al principio a la edite intelectual, se extendió hacia 1860 a las amplias masas de la burguesía y de la pequeña burguesía. Los primeros partidarios de la foto se convirtieron en sus más furiosos enemigos.
Baudelaire veía la foto como un procedimiento apto para halagar la vanidad de un público que no entiende nada de arte.
Delacroix consideró la foto como un auxiliar muy precioso que podría completar la enseñanza del dibujo. Pero la rechaza en tanto que obra de arte, lo esencial no era el parecido exterior, sino la intención. El retratista ha de reflejarnos más de lo que estamos acostumbrados a ver.
El pintor histórico, para quien lo esencial era ante todo la reproducción exacta, debía encontrar en la foto el auxiliar ideal.
El artista que vivía del retrato, veía como disminuían sus encargos de día en día; el gran culpable era la foto y no ha de extrañarnos que la mayoría de artistas manifestaran una profunda hostilidad por esa moda que no cesaba de ganar terreno.