Nto. conocimiento de la pob. española en el S. XVIII se halla facilitado por la existencia de un cierto nº de censos, a dif. de lo que sucedía en el S. XVII. Estos censos se encuentran desigualmente repartidos en el tiempo y ofrecen diversos grados de fiabilidad y de exactitud en su elaboración. Durante el 2º decenio de la centuria se realizaron diversos recuentos de pob. que fueron luego reunidos por orden del superintendente de hacienda, marqués de Campoflorido, el cual ha dado nombre a este censo o “vecindario”. El resultado de este censo abarca casi la totalidad del conj. nacional, excepto P. Vasco y Baleares, aunque su calidad es muy dudosa. El carácter fiscal y la desfavorable coyuntura por la que atravesaba el país contribuyeron a elevar la propensión a la ocultación. Así, hubo una gran irregularidad a la hora de especificar los grupos y la cuantía de los vecinos que quedaban exentos en razón de privilegio o por extremada pobreza, e, incluso, se tendió a repetir las cifras de pob. registrada en recuentos anteriores, con casos extremos, como el de algunas pobs. castellanas que aportaron los datos del reparto militar de 1694. Por lo tanto, su utilización es problemática.
La gran encuesta del catastro de Ensenada dio lugar subsidariamente a un censo de pob. de la corona de Castilla, correspondiente a 1752. Tuvo como finalidad la averiguación nominal de las riquezas y bienes de sus vecinos, por lo que la información demográfica aparecía como subsidiaria de la econó. Es decir, tenía que ver con la ref. hacendística promovida por Ensenada, una ref. que intentó ser revolucionaria, porque trataba de cambiar la filosofía y la práctica de la percepción, buscando aumentar los recursos del erario y una mayor proporcionalidad contributiva. Iba orientada a las rentas provinciales que eran lesivas por varias razones fundamentales: pagaban + los pobres que los ricos. La idea inicial era sustituir el galimatías de las Rentas Provinciales –alcabalas, cientos, millones y servicios ordinarios- por la Única Contribución, un impuesto + racional y de evidente sencillez recaudatoria. Las protestas que se sucedieron por parte de las clases privilegiadas dieron al traste con el proyecto.
En la 2ª ½ del S. xviii, los esfuerzos por mejorar los sist. de recaudación de infor. y su fiabilidad fueron notables. La firme decisión de los gobernantes ilustrados de «calcular la fuerza interior del Estado» (Floridablanca, 1787) llevó a ensayar diversos métodos para conocer el volumen de pob. y reducir la ocultación.
A finales de la década de 1760, el Conde de Aranda recurre a la institución y estructura adminis. de la Iglesia para confeccionar un censo de la pob. española. Los resultados de este censo, aunque organizados por diócesis, constituyen un hito en la hª demográfica española. Abarca el conj. de España -faltan algunas poblaciones pertenecientes a Órdenes Militares y jurisdicción nullius- y la información se refiere a habs., no a vecinos. Además, en este censo se intenta, por 1ª vez, sistematizar los datos sobre la estructura demográfica de la pob., dividiéndola según el sexo, grupos de edad y estado civil (casados o solteros).
Este intento de averiguar la pob. española por la vía del anonimato, mejorando la calidad de la infor. extraída, se volvió a repetir en los años siguientes: Censo de Floridablanca, 1787, y Censo de Godoy, 1797. Con un acertado criterio, los gobernantes ilustrados pensaban que, para combatir la desconfianza natural de la pob. ante un censo, era necesario que éste se repitiera periódicamente, y con ello disminuirían los recelos de la pob. En estos 2 recuentos de pob. se aprovechó para perfeccionar el sist. de recaudación de infor. y se incrementaron los datos requeridos, conservando siempre el anonimato. Entre los cambios y mejoras introducidos destaca la utilización de la adm. civil y la intervención directa de los intendentes. Con ello se pretendía desvincular el proceso de recogida de la estructura adm. eclesiástica y adaptarlo mejor a las circunscripciones civiles. No obstante, la participación de los párracos en las 1as. fases de recaudación de infor. siguió siendo imprescindible.
La calidad y contenido de la información recogida también aumentó con la introducción de unos formularios + precisos y completos. Ahora se incluirán casillas para las 2as. nupcias; habrá un mayor nº de grupos de edad (que aumentará aún + en el Censo de Godoy de 1797), y lo mismo ocurrirá con el nº de profesiones en las que se intentaba distribuir al conj. de la pob. Junto a estos datos se incluyó también infor. sobre las instituciones eclesiásticas, benéficas, penitenciarias y docentes, así como sobre sus componentes.
Las difs. de estos recuentos de pob. con los de finales de la centuria precedente eran, pues, abismales. Los gobernantes del S. XVIII habían conseguido dotar al país de unos instrumentos eficaces para medir el desarrollo y composición de la pob., acordes con la función rectora asignada al Estado ilustrado. El desarrollo de estos instrumentos, unido a la mejora en los registros parroquiales, ha permitido a los investigadores disponer de unas fuentes privilegiadas para aprox. a la pob. española del S. XVIII.