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La sociedad española del siglo XVIII - Los estamentos privilegiados: nobleza y clero (1)

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Creative Commons Apuntes de UnedHistoria - 23 de Agosto de 2005
Temas Relacionados: Historia
4. Los estamentos privilegiados: nobleza y clero (1)
El S. XVIII es el ocaso de la sociedad estamental, cuyo principio ordenador -el privilegio obtenido por el nacimiento- empezó a ser progresivamente criticado, con especial perjuicio para la nobleza, que vivía una época poco propicia para sus intereses y que, aunque mantenía su preeminencia socio-econó., vio como parte de sus efectivos se hundían entre los elementos no privilegiados de la sociedad (la proletarización de la Hidalguía).  Pero el estamento nobiliario continuó durante el S. XVIII con sus privilegios fiscales -exención de tributos- y jurídicos -diversidad de jueces y penas respecto a los plebeyos y algunas inmunidades frente a embargos o ventajas en la legislación civil-, que no sufrieron merma alguna por causa de la legislación ilustrada, y, además, siguió en sus manos el control de los 1os. puestos del ejército, de la Iglesia y de la alta burocracia.  El derecho al honor concedía a la nobleza otras ventajas anexas, como la preferencia -en lugares públicos, a la hora de conseguir empleos y hábitos, por ej.-, llevar armas, usar ciertas telas en sus vestidos o cazar cualquier día del año.

La nobleza, no obstante, conoció a lo largo de la época una evolución negativa, hasta el punto de que en los años finiseculares se pueden apreciar síntomas inequívocos de una inmediata decadencia.  Sin embargo, esta situación no fue producto de ataques exteriores al estamento, sino que derivó de causas internas entre las que sobresalieron su propio descenso biológico y la concentración de riqueza y dignidades en un nº reducido de linajes, a la vez que se producían dificultades financieras en algunas grandes casas, dada la carencia absoluta de una política de inversiones productivas y los excesivos gastos que se veían obligados a sostener.  Si a esto añadimos la difusión de las nuevas ideas políticas y econó., que tienen en el liberalismo su fundamento vertebrador, veremos que el poder social de la nobleza también se verá afectado en este frente, con lo que su composición interna empezará a modificarse, en medio de una crítica creciente que la reprocha ser un grupo social inútil y parasitario.

Dentro de la nobleza existían grandes desigualdades que daban lugar a una auténtica jerarquía nobiliaria, desde el simple hidalgo que no pagaba pechos, hasta el + encumbrado grande de España.  Las difs. de origen y las econó. matizaban esta jerarquía en la práctica cuando se trataba de rangos similares.  La legislación, no del todo clara, distinguía 3 grados: hidalgos, caballeros y grandes y títulos; pero en la práctica se hicieron subdivisiones.

La situación financiera de la nobleza era muy desigual.  Aunque la riqueza no constituía la esencia de la nobleza, la mayor parte de los titulados eran ricos; no así los hidalgos, cuya situación era en general acomodada.  En todo caso, se mantenía la aversión hacia las activ. productivas, lo cual no quiere decir que no hubiera nobles dedicados al comercio y a la industria, así como ocupados en la Adm. Central, en el Ejército o en la Casa del Rey.

Pero, con una actitud general muy displicente hacia la industria, el comercio y las finanzas, la nobleza se mantuvo mayoritariamente como rentista de sus posesiones agrarias, ocupó empleos civiles y militares y recibió cargos eclesiásticos o encomiendas de las Órdenes Militares. Los sueldos por cargos civiles, militares y eclesiásticos que disfrutaban los nobles constituían un total imp., con aliciente adicional de que se trataba de bienes libres, no sujetos a las reglas del mayorazgo en el caso de que el perceptor fuese titular de éste. Con más frecuencia, dichos sueldos iban a los hermanos menores.

Pero era en el mayorazgo y el señorío donde seguía descansando la solidez de la posición socio-econó. de la nobleza.  El mayorazgo era una propiedad inalienable formada por tierras, ganados, joyas y enseres diversos, que constituían el aval perpetuo de la posición económica de la familia.  El señorío, por su parte, conservaba su valor simbólico de permitir la participación aristocrática y eclesiástica en la soberanía real, al constituir una jurisdicción especial, que los Borbones se propusieron combatir.  En el censo de Godoy-Larruga se constatan 25.000 lugares pertenecientes al régimen señorial, de los que 9.000 son básicamente nobiliarios y el resto, eclesiásticos.  Al margen de la exactitud de tales cifras, lo que sí evidencian es la extensión de un fenómeno que coloca a la ½ de la pob. y del territorio bajo este régimen.
Autor y licencia de 'La sociedad española del siglo XVIII - Los estamentos privilegiados: nobleza y clero (1)'
UnedHistoria Extraído de: http://www.geocities.com/unedhistoria/

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