Nacionalismo vasco
Nunca constituyó una unidad política y menos aún hegemónica equiparable a Catalunya. Estaban divididos por diversos reinos (Francia, Castilla y Navarra).
Existían zonas vascongadas donde el uso de la lengua era habitual y otras zonas con penetraciones culturales castellanas, pero el núcleo vivía dentro de la Corona de Castilla (si bien con un status especial e instituciones propias típicas del Antiguo Régimen -leyes pactadas, privilegios, etc.-). Pese a todo, la élite vasca participa de la proyección imperial de Castilla, así, la aristocracia participa en la administración de la Corona de Castilla como Gobernadores, etc.
No obstante existen unas especificidades (cultura, lengua, leyes forales, etc.) que daban cierto sentido de comunidad. Tenían derechos diferentes a los de Castilla (excluidos del ejército, el tema fiscal, un derecho penal diferenciado, etc.) que permitían hablar de un pueblo pero sin que ello implicase un componente político hasta la revolución liberal y la creación del Estado liberal español con voluntad uniformadora lo que implica voluntad de acabar con el régimen vasco. Este periodo coincide con las guerras carlistas del S. 19 en el que giran componente políticos y dinásticos (defensores del Antiguo Régimen versus defensores del Estado liberal). En el País Vasco, el tema se juntará con los fueros.
El nacionalismo saldrá después de la derrota de las tesis carlistas a mediados de 1870 y la abolición de los fueros en 1876. Desde entonces, las provincias[1] vascas pasará a ser gobernadas como el resto del Estado (por tanto se aplicará el sistema de quintas, la educación dependerá de Madrid, el tema fiscal es abolido, etc.), si bien debe decirse que la victoria centralista no será total y en 1978 se llega al Concierto Económico (las Diputaciones Provinciales recudan y liquidan al Estado central), este sistema estará vigente hasta la Guerra Civil que tras la victoria del fascismo, y por el apoyo a la República que dieron Vizcaya y Guipúzcoa, el Generalísimo, abolió los Conciertos a esas provincias si bien los mantuvo a Álava y Navarra por los favores prestados.
El proceso de industrialización en esa etapa (industria pesada) provoca la llegada de trabajadores de otras zonas de España y, determinados sectores vascos ven en peligro su propia supervivencia nacional. Surge la figura de Sabino Arana[2] (fundador del PNV[3]), que en los años 80 conectará con los nacionalistas catalanes cuando estudiaba derecho en Barcelona.
Se trató de una concepción nacionalista muy diferente a la catalana, es reaccionario, conservador y católico “Dios y leyes viejas”. Intenta ligar la defensa del catolicismo con las leyes viejas (Antiguo Régimen) y mantiene componentes étnicos muy fuertes (pueblo igual a raza). Sus escritos iniciales son racistas. Su peso en el nacionalismo vasco es fundamental, así en nombre de Euskadi o la bandera se la inventa (diferente al nombre de Euska Herria “pueblo que habla vasco”).
El PNV se iniciará en Vizcaya y se irá extendiendo. Su posición histórica ha sido ecléctica entre reclamar la independencia o colaborar con Madrid, lo que le h conducido a varias escisiones.
Comenzó conexitos electorales (locales, Diputaciones). Se insiste en sus orígenes xenófobos y racistas así como antiliberal. En los primeros años del nacionalismo vasco se equipara totalmente con el PNV (bandera, himno, etc.).
Poco a poco se irá extendiendo y captando capas cada vez más amplias de la población, crearán su propio sindicato (ELA en 1911 en un momento de doctrina social de la Iglesia).
Paulatinamente se irá moderando en el tema nacional frente al radicalismo de Arana y pasó a autonomista en 1936 que alcanzó su propio Estatuto y lo mantuvo hasta que Franco lo abolió. Se mantuvo fiel a la República lo que significó su persecución intensa durante el franquismo. En los años 60 saldrá de una escisión ETA.
Los tres polos políticos se situaban en:
· Derecha españolista: la alta burguesía vasca con poder financiero importante.
· Nacionalismo vasco: con todas sus familias.
· Izquierda socialista: obreristas, anticlericales, antinacionalistas vascos.
[1] Por cierto y como anécdota, el término provincia significa “tierra de vencidos” y nos viene de los romanos.
[2] Arana Goiri, Sabino (1865-1903), político español, fundador del nacionalismo vasco. Nacido en Abando (Vizcaya) en 1865, se formó ideológicamente en el carlismo. En 1895 fundó el Partido Nacionalista Vasco (PNV), basado en el antiespañolismo y la recuperación de las formas de vida tradicionales de los vascos, que planteaba la creación de un estado vasco independiente formado por las tres provincias vascas españolas (Guipúzcoa, Vizcaya y Álava), Navarra y el País Vasco francés. Tras la guerra de Cuba (1898), felicitó públicamente al presidente de Estados Unidos por su victoria, lo que le valió ser encarcelado. En 1902 fundó la Liga de Vascos Españolistas (LVE), lo que significó un cambio respecto a sus postulados anteriores al defender la autonomía para las provincias vascas dentro de España. Su muerte (1903) impidió que se llevara a cabo el proyecto. Fue autor de numerosas obras y estudios histórico-culturales sobre el pueblo vasco.
[3] Partido Nacionalista Vasco (PNV), formación política vasca creada en 1895 por Sabino Arana. Sus primeros componentes ideológicos defendían el integrismo católico, el rechazo al estado liberal, la exaltación de la raza vasca y la creación de un estado vasco independiente. Tras la muerte de Arana (1903), el partido adoptó postulados más moderados, reclamando algún tipo de autogobierno para el País Vasco que no implicara la ruptura con el Estado español. A la vez, procuraba llevar los ideales nacionalistas fuera del ámbito político con la creación de una serie de organizaciones —culturales, femeninas, juveniles e incluso, un sindicato— con las que logró una hegemonía social por encima de su fuerza política.
Con la proclamación de la II República, el PNV encabezó el movimiento en favor de la autonomía que no se consiguió hasta que comenzó la Guerra Civil en 1936. El PNV mantuvo una activa oposición al régimen franquista aunque sus acciones resultaran más simbólicas que eficaces. Mientras que sus dirigentes en el exilio buscaban apoyos en el exterior, el logro más importante fue su ingreso en la Internacional Demócrata Cristiana, de la que fue uno de los fundadores.
Con la restauración de la democracia en España y bajo la dirección de Xabier Arzalluz recuperó su papel de principal fuerza política en el País Vasco. Tras la aprobación del nuevo estatuto de autonomía (1979) ha dirigido el gobierno de la Comunidad Autónoma Vasca, aunque la disidencia que encabezó Carlos Garaicoetxea en 1984, puso en peligro su hegemonía.