El conflicto surge entre los partidarios de mantener el poder de la Iglesia y los partidarios de limitarlo.
þ Antecedentes del conflicto
La presencia de la Iglesia en la configuración del poder de la monarquía española (ya se advierte en la “reconquista”) y la consideración de España como un baluarte de defensa del catolicismo frente al protestantismo.
Debe destacarse que la Historia de España contiene muchas guerras de religión (expulsión de los moriscos, de los judíos, la inquisición, etc.). Es decir, que la Iglesia tenía un gran poder y en todo momento apoyó la monarquía como defensora de los valores católicos.
þ Repaso histórico del conflicto religioso en España.
Durante el S. 19 los sectores moderados son partidarios de la confesionalidad del Estado y los sectores progresistas aceptan la libertad de culto y una cierta laicidad del Estado, una moderación del poder de la Iglesia (por ejemplo la prohibición de la Inquisición). En la Constitución de 1812 se comienza a estudiar la posibilidad de desamortizar los bienes eclesiásticos, si bien en su artículo 12 declaraba que la religión católica era la oficial del Estado (es decir, no se procura deslindar Iglesia y Estado). Por otra parte no hay que olvidar que el “grito de guerra” de los carlistas era el de: “Dios, patria y fuero”.
Las distintas constituciones del S. 19 en función de si eran moderadas o progresistas favorecían o no a la confesionalidad del propio Estado.
En 1868 con la Gloriosa Revolución, la Constitución resultante avanza mucho en favor de un Estado laico (por primera vez se establece la libertad de culto tanto público como privado). El intento de crear un Estado laico duró poco: la Restauración de la monarquía supuso un retorno a la política moderada y a la confesionalidad del Estado, el catolicismo y al culto privado de otras confesiones que no fueran la católica. Por tanto, la Restauración intentó asentar el poder de la Iglesia (que ya había perdido poder. Como prueba las desamortizaciones).
Existían posiciones distintas dentro de la propia Iglesia. Así, el obispo Torras i Bages, desde sectores clericales reivindicaba las raíces cristianas de Catalunya: la idea de Catalunya vinculada a la idea de católica.
Hasta finales del S. 19, la Iglesia católica estuvo muy vinculada a la monarquía, lo que sitúa a la Iglesia dentro del debate político. La consecuencia es que sectores republicanos tienden a ser anticlericales y los conservadores confesionales.
A principios del S. 20 (1909) se suceden los hechos de la Semana Trágica de Barcelona[1] (quema de conventos e iglesias, como expresión de luchas populares contra los representantes de la Iglesia católica, ubicada claramente a favor de la oligarquía y la monarquía).
En 1931, con la llegada de los republicanos al poder (con un bagaje anticlerical y con claros planteamientos de limitar el poder de la Iglesia), la nueva Constitución reconoce la libertad de culto y de creencias, limitan el papel de las órdenes religiosas en España (fiscalización de cuentas, limitaciones de actividades, prohibición de actividades de enseñanza y la expulsión de los jesuitas). Es decir, unas limitaciones muy duras a la Iglesia que provoca una movilización de ésta contra la República. En la etapa republicana, el conflicto religioso se caracterizó por el anticlericalismo y la persecución religiosa.
De hecho, el franquismo fue una guerra calificada como “cruzada nacional”: Franco como caudillo “por la Gracia de Dios” y el nacionalcatolicismo se convierte en un aspecto de la ideología del franquismo.
[1] Semana Trágica, insurrección política y social ocurrida en Barcelona durante la última semana de julio de 1909, con la cual la ciudad se vio envuelta en una gran conmoción social, con una notable incidencia en el terreno político a nivel estatal.
La situación social y sindical de Barcelona, el núcleo más industrializado de España, era realmente explosiva en los primeros años del siglo XX. Además, el grado de concienciación y organización obrera era en ella muy alta. Especialmente el anarquismo contaba con muchos seguidores. Ante el cariz de los acontecimientos de Melilla (desastre del Barranco del Lobo), el gobierno, de forma torpe, recurrió a reclutar reservistas, padres de familia ya integrados en sus puestos de trabajo, precisamente de Barcelona. El embarque del contingente (18 de julio) provocó ya importantes tumultos.
A partir del día 26 se convocó una huelga general, con amplio seguimiento. Las primeras noticias acerca del desastre marroquí desencadenaron una auténtica insurrección, cuyo momento culminante fue el día 28. Más de medio centenar de edificios fueron incendiados y se produjeron un centenar de muertos. El gobierno recurrió al Ejército para acabar con la sedición. En cuanto a los responsables directos se saldó con más de un millar de arrestados y 17 condenados a muerte, 5 de los cuales fueron ejecutados. Entre éstos el anarquista Ferrer i Guàrdia, fundador de la Escuela Nueva.
La ejecución de Ferrer i Guàrdia desencadenó una campaña de condenas internacionales. Por su parte, las izquierdas españolas se unieron por primera vez formado un frente común (Bloque de Izquierdas), cuya presión obligó al joven Alfonso XIII a retirar la confianza al gobierno conservador presidido por Antonio Maura. El rey encargó formar gobierno a José Canalejas, cabeza visible de gran parte del conglomerado opositor. Enciclopedia Encarta 2000.