Los planes Fouchet (1961, 1963): Europa política e intergubernamentalismo
De Gaulle quiere el protagonismo francés en Europa. Recela de los EEUU y de la URSS. Sus planteamiento hará que entre en colisión con el resto de líderes europeos dado que apuesta por una Europa unida pero desde la óptica francesa, de ahí que su propuesta se base en el intergubernamentalismo con un eje París/Bonn y con Francia como gran protagonista.
Con su posición entra en plena confrontación con los supranacionalistas y además por su oposición a la petición de ingreso de Gran Bretaña a la CE.
Joseph Luns, ministro de los Países Bajos se convierte en el abanderado de los pequeños países de la CE y encabeza el movimiento por el supranacionalismo y por la expasión de la CE.
El 19 de octubre de 1961 se presenta el primer Plan Fouchet que no es sino, el reflejo de la Europa que pretende De Gaulle: una unión de estados europeos sobre una base intergubernamental (dando mas importancia a los acuerdos entre estados que a la creación de instituciones estables). Además, el plan propone una política exterior y de defensa común. En el fondo De Gaulle retoma las antiguas ideas de construcción europea pero evitando el supranacionalismo.
El Plan Fouchet consigue tener la oposición de todos, y tanto Spaak como Luns se unen para hacer frente comùn (belgas y holandeses) que defienden:
· La supranacionalidad.
· La ampliacón de la CE (entrada de Gran Bretaña).
· Preferencia por el atlantismo (los países del Benelux apuestan por la OTAN)
Las discusiones son violentas y, en enero de 1962 se lanza el segundo Plan Fouchet que esencialmente coincide con el primero pero es menos ambicioso.
Pese a los debates y discusiones, la comisión prosigue sus reuniones y en abril de 1962, los representates de los Seis países abandonan el Plan Fouchet y cualquier otra alternativa (es decir que sufren una derrota tanto la posiciones francesas como las europeistas ya que no se aprueba ninguna).
Por tanto los años 60 se caracterizan por la visión de De Gaulle sobre el diseño de Europa y el enfrentamiento que esa postura tuvo con el resto de países europeos y otros (EEUU).
Veto francés al ingreso británico (1963, 1967)
Gran Bretaña reivindica su participación en las instituciones europeas (con la posición popular de sus propios ciudadanos. Lo de GB es un caso curioso de tiras y aflojas con la CE que durará 30 años, hasta Major y T. Bleir).
También solicitan su entrada Irlanda, Dinamarca Noruega y Suecia (todos ellos en momentos distintos que van desde 1961 a 1963).
De Gaulle no es partidiario de la ampliación. Las razones oficiales son que, una Europa ampliada no contribuiría a la cohesión sino que favocecería la atomización, lo que la dejaría en manos de los EEUU por se incapaz de crear instituciones.
Lo cierto es que De Gaulle desconfía de los anglosajoses y, en concreto temía la entrada de GB por que este hecho podría desplazar el eje París/Bonn a otro de Londres/Bonn.
En enero de 1963, Francia se opone a la entrada de GB y evidentemente por extensión a la ampliación a otros países.
Entre 1966 y 1967, vuelven a solicitar el ingreso y también se encontraron con el no francés alegando temas de cohesión.
En 1973 entra Gran Bretaña, Irlanda y Dinamarca. El parlamento sueco vota en contra de la entrada y tras un referundum en Noruega también decide no ingresar (en ambos casos en 1972).
Política francesa de “silla vacia”: un ataque contra el supranacionalismo
La Europa de los 60 tiende hacia el integubernamentalismo contra el suprancionalismo.
El Tratado de Roma situaba que a partir de 1966, determinadas cuestiones referentes a políticas económicas se podrian adoptar los acuerdos por medio de mayoría, rompiendose el criterio de la unanimidad (derecho de veto), era por tanto un planteamiento supranacionalista.
Durante 1965 (sin entrar por tanto aún en vigor la toma de acuerdos por mayoria), el Presdidente de la Comisión, Hallstein, propone una reforma de la política agraria común que interesaba a Francia, pero la propuesta está vinculada a una reforma institucional comunitaria de carácter supranacional, en concreto: que el Parlamento Europeo tenga el poder e supervisión y control de los presupuestos comunitarios.
Francia se enfrenta a una disyuntiva: está a favor de la política agrícola que se propone pero no de la reforma institucional de carácter supranacional. Su reacción es la de que se voten por separado ambas propuestas. Se produce de nuevo un tira y afloja (el momento es importante dado que aún no entraba en vigor la regla de las mayoríapor lo que existía el de la unanimidad).
Francia decide retirarse del Consejo en lo que se llamó política de la “silla vacía”.
La CEE puede seguir funcionando, pero la ausencia de Francia le resta legitimidad. En realidad supone una paralización en la práctica de la CEE.
En enero de 1966 se llegó a un compromiso: el de Luxemburgo.
Compromiso de Luxemburgo (1966): falseamiento del juego institucional
Es un compromiso que tiene una validez de 20 años, según el cual, las decisiones del Consejo puede ser adoptadas por mayoría, pero si existen intereses muy importantes por parte de uno de los estados miembros, se buscará la unanimidad. Por tanto se trata de una prolongación del criterio de unanimidad o lo que es lo mismo, se mantiene el derecho de veto (que aún sigue).
Por tanto De Gaulle acaba imponiéndo en intergubernamentalismo y la no ampliación, paralizándose de esta manera la unión política e incluso la económica.
El compromiso de Luxemburgo (enero de 1966) puso fin a la crisis llamada "de la silla vacía" durante la cual Francia no participaba ya en el Consejo desde julio de 1965. Este compromiso fue una constatación del desacuerdo existente entre, por una parte, quienes deseaban, cuando un interés nacional muy importante estaba en causa, que los miembros del Consejo se esforzaran en llegar a soluciones que pudiesen ser adoptadas en un plazo razonable por todos en cumplimiento de sus intereses mutuos y, por otra parte, Francia que era favorable a la continuación de los debates hasta que se llegara a un acuerdo unánime. Posteriormente, otros Estados miembros se sumarían al punto de vista francés.
El compromiso no impidió al Consejo tomar sus decisiones de acuerdo con el Tratado, que prevé, en numerosos casos, la mayoría cualificada. Por otra parte tampoco impedía a los miembros del Consejo la continuación de sus esfuerzos con el fin de aproximar puntos de vista antes de la decisión del Consejo.