Si consideramos un continuo conformado por datos - información - conocimiento, la última dimensión surge de la eficaz gestión de las dos anteriores. Ya que:
|| Datos || Información || Conocimiento ||
|| Observaciones sencillas de los estados del mundo.
· Se estructuran fácilmente
· Se capturan con facilidad en las máquinas
· A menudo se cuantifican
· Se transfieren con facilidad || Datos dotados de pertinencia y propósito.
· Requiere una unidad de análisis
· Necesita consenso sobre el significado
· La intermediación humana es indispensable || Información valiosa de la mente humana. Incluye reflexión, síntesis y contexto.
· Difícil de estructurar
· Difícil de capturar en las máquinas
· A menudo es tácito
· La transferencia es complicada ||
El grado de participación humana entonces, aumenta a medida que avanzamos en este contínuo (Davenport, 1999)[3]. Las tecnologías de información inciden especialmente sobre las dos primeras dimensiones y contribuyen a facilitar la generación de la tercera, pero no son suficientes, ya que las computadoras son idóneas para ayudarnos a manejar datos, menos aptas para la información y mucho menos para el conocimiento.
Es por ello que, en una trilogía de personas - procesos - tecnología, la gestión del conocimiento ponga énfasis en las personas como procesadores de símbolos para generar nuevas significaciones y procesos, dejando a la tecnología como una herramienta necesaria, pero relegada al último lugar.