Algunos individuos han comenzado a desarrollar considerablemente el Budhi o Mente Espiritual (aunque en realidad sólo han conquistado algunos kmts del nuevo territorio de la mente y les queda mucho por hacer), mientras que otros parecen tener la consciencia casi enteramente dentro de los límites de lo instintivo, poseen sólo una vislumbre del intelecto y el principio “búdhico” es solo una semilla esperando agua.
Muchísimos de los llamados civilizados no han aprendido a pensar por sí mismos, dejan a otros la tarea de hacerlo por ellos y siguen a ciertos conductores con las docilidad del carnero. No obstante, la raza progresa lenta pero seguramente, y hoy día muchos piensan rechazar los pensamientos de segunda mano e insisten en conocer por sí mismos.
Cuando consideramos que hay muchos hombres en quienes el intelecto apenas se ha desarrollado y que la raza en general sólo ha dado algunos pasos en sus dominios, se advierte cuán difícil es para cualquiera de nosotros, comprender aunque sea débilmente, las regiones de la Mente Espiritual. Es como si un ciego de nacimiento quisiera conocer la luz o un sordo se esforzara en formar un concepto mental del sonido.
Sólo es posible formarse idea de algo, en analogía con la experiencia individual. El hombre que jamás ha probado un dulce no puede formarse idea del azúcar. Sin la experiencia de una cosa, nuestras mentes son incapaces de formar conceptos acerca de eso.
Pero seguramente algunos de los estudiantes, tal vez sin poder interpretarlo adecuadamente, habrán tenido algún vislumbre espiritual que los ayudará a comprender algo de “budhi”, la mente espiritual. El interés por diversos temas “espirituales” (Yoga, Alquimia, Magia, Etc.), y el hambre de más luz que siente el alma, indican que este principio comienza a insinuarse en vuestra consciencia; y aún cuando puedan transcurrir siglos antes de que despertéis a la plena consciencia espiritual, siempre recibiréis su influencia y auxilio.
Esta inquietud espiritual, a menudo nos causa un gran malestar hasta que encontramos “nuestro” camino de conocimiento. Pero no desesperéis, buscadores de la verdad. Estos son los dolores del alumbramiento espiritual. Grandes cosas os aguardan. Valor y no temáis.
Mas adelante en estas lecciones, hablaremos del proceso de la iluminación espiritual, que ha llegado o está llegando a muchos de nosotros; y lo que digamos podrá esclarecer muchas experiencias que habréis tenido sin encontrar explicación. Nosotros sólo podemos presentaros lo indispensable para daros una idea general de la VERDAD.
La mente espiritual tiene maravillosas propiedades y cualidades, de ellas, nada saben ni sospechan los psicólogos e investigadores tradicionales que colocan todo en el “inconsciente” sin hacer diferencia entre lo más bajo y lo más elevado. Algunos autores han llamado, a la mente espiritual, mente superconsciente, término bastante apropiado, pues distingue entre la mente subconsciente (mente emocional), la mente consciente (intelecto: mente concreta y abstracta) y la mente superior (mente espiritual),
Aunque pocos hombres conocen la existencia efectiva de la mente espiritual, hay muchos que están haciéndose conscientes de un superior algo interno que los conduce a más elevados y nobles deseos, pensamientos, anhelos y acciones. Y hay todavía un número mayor que tiene una débil vislumbre de la luz del espíritu.
En realidad, la raza entera recibe algunos de sus beneficiosos rayos; por más que en algunos casos, la luz está tan eclipsada por los densos deseos materiales que rodean al hombre, que su amanecer espiritual es como oscura noche. Pero el hombre evoluciona de continuo, escalón tras escalón, acercándose lentamente a su “verdadera patria” y a su debido tiempo, la LUZ alumbrará plenamente a todos.
Cuanto consideramos bueno, noble y grande de la mente humana, emana de la mente espiritual y se desarrolla gradualmente en la consciencia ordinaria. Algunos autores orientales prefieren decir que se “proyecta” para indicar más correctamente el proceso por el cual el rayo de luz llega a la consciencia del hombre que no ha alcanzado todavía la etapa superhumana de la plena consciencia espiritual.
En la Biblia esto está señalado en la referencia a Juan el Bautista => “él es la voz que clama en el desierto: aparejad los caminos, que viene el Señor”; es decir, en el “desierto espiritual” que es la mente del hombre ordinario, llega el primer rayo de luz espiritual, el primer “interés” por lo espiritual, (representado por Juan el Bautista), que indica que el “trabajo interior espiritual” ha comenzado y se van a “aparejar los caminos” (los contenidos emocionales y mentales errados); y cuando este trabajo esté realizado, llegará el “Señor” => la Luz del Cristo Interno (el “Atma”), reflejada en “Budhi” (la Mente Espiritual), “iluminando” al “Intelecto”.
Todo cuanto allegó el hombre en su evolución, todo cuanto humanidad, justicia, amor desinteresado, clemencia, simpatía, etc, lo allegó mediante el lento desarrollo de su mente espiritual. Su amor al prójimo y a Dios, le llegó de este modo. A medida que es mayor su desarrollo, se amplía su idea de justicia, tiene más compasión, aumenta el sentimiento de fraternidad humana, crece su idea de amor y se intensifican todas las cualidades que los hombres de todos los credos disputan por buenas y que pueden resumirse en el intento de vivir las enseñanzas que el Cristo enunció con esa gran verdad, comprendida por los sabios espirituales de todos los credos, pero muy poco por muchos que declaran ser sus discípulos, diciendo: “éste es el resumen de toda la Ley y los Profetas: Amaras al Señor tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente y con toda tu fuerza... y al prójimo como a ti mismo”.
A medida que se acrecienta la consciencia espiritual del hombre, éste va teniendo la “percepción directa” de la realidad de la existencia del Supremo Poder, y a la par también alimenta el sentimiento de humana fraternidad. “La mente espiritual no contraría al intelecto, lo trasciende”; ella, le transmite al intelecto, ciertas verdades que halla en sí misma, y él razona acerca de ellas. Pero estas verdades no tienen su origen en el intelecto. El intelecto es frío y analítico, la conciencia espiritual es cálida y vive de los más elevados sentimientos (Espirituales).
El intelecto razona sobre las impresiones recibidas y procura exteriorizarlas en sistemas, credos, cultos, etc., y a veces erradamente se fanatiza e “interpreta” mal las Verdades Espirituales que recibe; y si el individuo así obsesionado logra hacerse seguir por otros de menor consciencia, es posible que convenza a muchos de hacer “guerras santas” y producir todo tipo de iniquidades justificándolas con los conceptos errados en los que se basó y fanatizó. Muchas veces estos individuos tienen “buenos ideales”... pero ya sabemos que “el infierno está lleno de buenas intenciones”... (según reza el viejo dicho de la Iglesia Católica)
El individuo verdaderamente espiritual, VIVE ESPIRITUALMENTE; permitid que os diga por qué el hombre es más bondadoso que antes hacia sus semejantes y hacia las inferiores formas de vida; no es porque el intelecto le enseñe el valor de la bondad y del amor; pues el hombre no es bondadoso por el frío razonamiento; el hombre es bueno y amoroso porque en él nacen ciertos impulsos y deseos de origen desconocido, que le hacen imposible ser de otro modo sin sufrir malestar y dolor; estos impulsos son tan reales como otros cualesquiera, y a medida que el hombre evoluciona, son más frecuentes e intensos; comparad el mundo de hace algunos siglos con el de hoy; veréis cuánta más bondad y amor tenemos que entonces; pero no nos envanezcamos por ello, pues pareceremos simples salvajes a los ojos de quienes vendrán después y se asombren de nuestra falta de humanidad para con nuestros hermanos.
A medida que el hombre evoluciona espiritualmente, siente su relación con todo el género humano y ama con mayor fervor a sus semejantes. Le es doloroso ver a otros sufrir y procura hacer algo para remediarlo. Según vaya pasando el tiempo y el hombre evolucione, el terrible sufrimiento que hoy padecen muchos seres humanos será imposible, porque el desenvolvimiento de la consciencia espiritual de la raza hará que el dolor sea tan violentamente sentido por todos, que no siendo capaces de soportarlo, harán lo posible por buscar el remedio.
Desde lo más recóndito del alma, se levanta una protesta contra los errores y vicios de la naturaleza inferior animal, y aunque podamos desoírla por algún tiempo, será más y más persistente hasta que nos veamos obligados a escucharla. El viejo simbolismo que señala que cada persona tiene dos consejeros, el uno aconsejándole que siga las enseñanzas superiores y el otro tentándole a que prosiga por la senda inferior, es más real de lo que pudiéramos suponer. Pero recordad que la Luz llegará a Todos a su debido momento...
El intelecto representa la consciencia dominante en la generalidad de las gentes. Esta consciencia tiene a un lado lo instintivo de la mente emocional que la incita a satisfacer los viejos deseos de su antiguo ser, los impulsos de la vida menos evolucionada del animal u hombre inferior, deseos que fueron necesarios en la etapa inferior de evolución, pero indignos del hombre adelantado. Por otra parte, la mente espiritual envía sus impulsos de progreso al intelecto y se esfuerza en atraer la consciencia hacia sí para favorecer la evolución del hombre, a fin de que rija y dirija su naturaleza inferior Espiritualmente en Armonía con el Todo.
Todos los atentos observadores de la mente y carácter humanos se han dado cuenta de la lucha entre las naturalezas superior e inferior y muchas teorías se han expuesto para explicarla. En otro tiempo se creía que por una parte tentaba el demonio al hombre y por otra lo protegía el ángel de la guarda. Pero los ocultistas saben que la lucha entre los dos elementos de la naturaleza del hombre no es exactamente una batalla, sino que cada cual sigue su propia línea de acción, ocasionando al alma o “ego”, sufrimientos o alegrías, en sus esfuerzos por disciplinarse.
El ego está en una etapa de transición de consciencia y la lucha es a veces muy dolorosa, pero cuando a su debido tiempo progresa, se sobrepone a la atracción de su naturaleza inferior, y el despertar de la consciencia espiritual lo capacita para comprender el verdadero estado de las cosas y le ayuda a dominar al “yo inferior” y a asumir una actitud positiva hacia él, mientras que al mismo tiempo se abre a la luz de la mente espiritual colocándose en actitud receptiva, sin oponerse a su influencia.
La mente espiritual es también el origen de la inspiración de los poetas, artistas, escritores, predicadores y oradores. De la mente espiritual obtiene el vidente su visión y el profeta sus profecías. Muchos han encontrado sus elevados ideales y recibido raros conocimientos, atribuyéndoselos a seres del otro mundo, a espíritus, ángeles, o a Dios mismo; pero todo lo han recibido de su interior. Les habló la voz de su Yo superior. No queremos decir que no se comunique el hombre con otras inteligencias; muy lejos de ello, sabemos que inteligencias elevadas se comunican frecuentemente con el hombre por conducto de su mente espiritual, pero mucho de lo que el hombre ha atribuido a esas inteligencias exteriores, lo ha recibido realmente de sí mismo.
Por el desenvolvimiento de su Mente Espiritual (Espíritu Santo), puede el hombre colocarse en un alto estado de relación y contacto con el aspecto Espíritu de su Ser (el Cristo Interno) y a través de él con la Esencia Divina que verdaderamente ÉS (el Padre o Mónada), por eso Cristo dijo: “nadie llega al Padre sino a través de Mí”; esta relación le otorga al hombre una sabiduría que el intelecto ni siquiera se atrevería a soñar.
El hombre también recibe de este modo, las superiores facultades psíquicas; pero sólo después de sobreponerse a las atracciones de su naturaleza inferior; de no ser así, podría emplearlas en propósitos egoístas; Sólo se obtiene el poder, cuando no se lo desea; tal es la ley.
Cuando el hombre reconoce su mente espiritual y advierte sus inspiraciones y enseñanzas, fortalece su lazo de comunicación con ella y consecuentemente recibe más viva luz. Cuando aprendemos a confiar en el espíritu, éste responde enviándonos más frecuentes resplandores de sabiduría o “iluminación”. A medida que se adquiere mayor grado de consciencia espiritual, tiene el hombre mayor confianza en esta voz interna y es capaz de distinguirla más rápidamente de los impulsos de la mente inferior. Aprende a seguir los del espíritu y acepta gustoso la mano guiadora que los tiende. Muchos hombres han llegado a conocer que el espíritu los conduce y no necesitan que les digamos más, porque sabrán exactamente lo que queremos decir. Los que todavía no lo han experimentado habrán de esperar a que les llegue su hora, pues no podemos expresar con palabras lo que está más allá de ellas.