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  1. 1 Charla entre Sebastian Pinheiro (1) y Alberto Gómez (2)

«Producir sin matar, comer sin morir» - Charla entre Sebastian Pinheiro (1) y Alberto Gómez (2)

1 - Charla entre Sebastian Pinheiro (1) y Alberto Gómez (2)

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Artículo creado por Rel-Uita. Extraido de: http://www.lainsignia.org/2003/enero/ecol_005.htm
03 de Mayo de 2006
Sebastián - Me gustaría hacer una reflexión sobre los impactos indirectos de la agricultura convencional. En Brasil, por ejemplo, además de los problemas que generan los agrotóxicos, se desembocó en un proceso brutal de concentración de la tierra. El nuestro, es hoy uno de los países más injustos en este sentido. Por eso tenemos que repensarnos, ver lo que está pasando y asumir seriamente que debemos cambiar esto. Necesitamos nuevas ideas rectoras para la agricultura, porque no somos más ricos. Nos prometieron que seríamos más ricos, más felices, pero en mi país la gente está endeudada, sin tierra, desempleada y triste. Aunque parece que nadie lo quiere ver. Por eso creo que las salidas están en la agricultura ecológica.

Alberto - Habría que analizar las causas por las cuales un importante grupo de productores fue marginado por la Revolución Verde y otro grupo, que logró mejorar su rendimiento por hectárea, está quedando fuera del mercado. Como lo mencionabas, eso ocurre en Brasil, pero también aquí en Uruguay ha desaparecido en los últimos años cerca del 30% de los productores. Lo mismo se puede observar en Estados Unidos, que es uno de los países "mimados" de la Revolución Verde. En California, por ejemplo, han desaparecido casi todos los productores familiares; quizás han incrementado los rendimientos, pero si se analiza la dependencia de esos productores en relación con los bancos, con los intermediarios, sumado al aumento de los costos de producción, entonces se entiende porque esos productores no son viables. Nos dirigimos hacía una agricultura sin agricultores.

Sebastián - Un grupo de agricultores en Espíritu Santo acuñó esta frase: "Producir sin matar, comer sin morir". Dices bien que en Estados Unidos se ha provocado una gran exclusión, y lo mismo pasa en Japón o en Alemania. Pero, volvamos a Brasil, un país en el cual hay seres humanos que viven en condiciones propias del siglo XVI o XVII, y otros viviendo en el XXI. Pero, ¿sabes?, todos están descontentos. Entonces, esta mezcla de situaciones es muy intranquilizadora para todos. Es necesario establecer un nuevo orden internacional donde el agricultor tenga un vínculo, un compromiso ético con el consumidor, con la sociedad, para que tengamos una salida.

Alberto - Otra preocupación que debería tener el productor es que tradicionalmente ha sido considerado un abastecedor de alimentos, un productor de salud. Sin embargo hoy la gente relaciona a la agricultura con una de las fuentes más importantes de contaminación. Esa es una de las cosas que tenemos que cambiar. Antes que nadie, el productor se envenena con sustancias que también son nocivas para la salud del consumidor y para el ambiente.

Sebastián - Porque si no cambiamos, como dices, si seguimos por el mismo camino, la situación será cada vez más penosa e irreversible. Hoy los agricultores estadounidenses, latinoamericanos, africanos, están endeudados. Las empresas que crearon la segunda etapa de la Revolución Verde se están conglomerando, fusionando, para crecer aún más. Y el instrumental que éstas tienen hoy en las manos es la biotecnología, la ingeniería genética, la producción de semillas. En la Revolución Verde ellas trabajaron con sólo cuatro o cinco cereales, pero en esta nueva etapa que se inaugura, las empresas transnacionales pretenden trabajar con todo, incluso con los microbios. ¿Y cómo quedará el agricultor, sea uruguayo, mexicano, africano o brasileño dentro de ese nuevo contexto? El impacto será mucho mayor. Estamos dejando demasiado poder en manos de los malos, que ya hicieron mucho daño a la agricultura del mundo.

Por eso es fundamental que se cambie, y que todos sepan, agricultores, consumidores, niños, que sepan lo que pasó, porque estamos perdiendo hasta nuestra memoria. Hace 30 años teníamos una agricultura, una economía sana, un país con felicidad, rico. Hoy parece que no tenemos más referencias de ese pasado y muchas veces los medios, la propaganda, la mercadotecnia, presentan al futuro como una maravilla, pero si no cambiamos el rumbo no vamos a tener nada, ni siquiera futuro. Es vital denunciar que con esa tecnología que ya está aquí, vamos a tener catástrofes cada vez mayores para el ser humano, para el ambiente, para toda la sociedad.

Alberto - Siempre decimos que la pérdida de biodiversidad es negativa para el productor y para la agricultura, porque al perder "amigos naturales", al perder "calidad de naturaleza", el agricultor utiliza indiscriminadamente insumos artificiales que son caros y contaminantes. También el consumidor sufre por esa pérdida de diversidad. En un supermercado hay miles de artículos alimenticios, pero si nos tomamos el trabajo de leer las etiquetas, nos damos cuenta de que son cuatro o cinco los alimentos básicos que están en todos los productos. Lo que cambia es el color de la caja. Eso también debería ser percibido por los consumidores como una pérdida en la cultura y en la salud.

Sebastián - ¿Cuántas frutas, cuántas hortalizas, cuántas legumbres conocían nuestros abuelos? Productos que hoy no llegan a nuestra mesa, no llegan siquiera a nuestro conocimiento. Hay algunas centenas de hortalizas, de legumbres, de frutas que desaparecieron. Desaparecieron en Perú, en Chile, en Argentina, en Brasil, porque no hay interés, porque se olvidó su utilidad. Me gustaría preguntarle a un gaucho viejo: "¿Usted se acuerda cuando se comía una vaina de tal planta?" Quizás al viejito se emocione y diga: "Mira, nunca más oí nombrar eso". Tenemos que realizar un rescate cultural urgente, para que no se limite nuestra cultura, nuestro patrimonio natural. El patrimonio natural actual del que disponemos no es nuestro. Como dijiste, son cuatro cereales, dos o tres papas y algunas frutas y se acabó. El indio norteamericano de la pradera, el indio bosquimano de Sudáfrica, del Kalahari, tienen una alimentación basada en más de 1.200 vegetales distintos; esto es fantástico porque ellos viven en el desierto ¿Y nosotros?

Alberto - Esta situación empeorará ante la concentración de semillas en manos de unas pocas trasnacionales y con la difusión de los cultivos transgénicos.

Sebastián - La etapa de la agricultura química provocó hasta ahora un impacto enorme sobre la biodiversidad, sobre la naturaleza. El impacto ese que nosotros ni sabemos aún lo que hicimos. Cuando vemos niños que nacen con enfermedades rarísimas, personas que padecen dolencias y tumores inexplicables, o miles de trabajadores bananeros esterilizados, y ahora vemos que se inserta un gen de lenguado en el tomate… debemos preguntarnos qué pasará después, dentro de algunos años. Esas son cosas que no están siendo hechas por la ciencia sino por el mercado, y sin las precauciones imprescindibles. Esto es muy grave. Un poquito de DDT o de un plaguicida cualquiera volcado sobre la mesa se podría limpiar totalmente. Habría que dejar pasar un tiempo prudencial y finalmente quedaría como antes. Cuando se extrae un gen de un organismo y se lo libera en la naturaleza, el mundo nunca más volverá a ser lo que era antes. La catástrofe es creciente e inevitable. Se truncó el sentido de evolución.

Pero las empresas no están pensando en eso. No. Ellas no tienen compromiso, no tienen ética, no tiene memoria. Ella nunca oyó hablar de un abuelo que se comía una vaina de un árbol de La Patagonia, o de La Pampa o de la selva brasileña. ¡No! Ella tiene intereses de lucro, hace negocios.

Estoy trabajando con niños desde hace años. Es fundamental que las nuevas generaciones sepan lo qué era comer una empanada hecha por la abuela. Y, ¿cuál es la diferencia de aquello hecho por la abuela, por la mamá, o por uno mismo? Alguien está interfiriendo en nuestra vida, en nuestro trabajo, algo está determinando lo que hacemos. Esto es lo que tiene que cambiar.

En la actualidad hay que demostrar no sólo el riesgo del transgénico, sino también su inutilidad. Japón tiene 140 millones de habitantes y es bien chiquito. Allí el promedio de producción lechera es muy alto, necesitan usar una tecnología sofisticada para aumentar un 2% esa producción. Nosotros no. Si algún productor tiene índices bajos, le dará un poquito más de sal a la vaca -que es una tecnología grosera, antigua-, y su producción se incrementará en un 20%. Entonces, ¿para qué los transgénicos? Las transnacionales que vienen invirtiendo sumas astronómicas necesitan un rápido retorno, mientras que los gobiernos no tienen fuerza y el Estado es cada vez más pequeño. Por eso la gente está cada vez más excluida de las grandes decisiones. Los transgénicos solo van a excluir a más y más personas. Las grandes transnacionales empiezan a manipular la naturaleza de una forma muy insidiosa, riesgosa e irreversible. Quieren cambiar el DDT de hoy por una bacteria transgénica, para controlar enfermedades y plagas en la agricultura. ¿Y qué cambia? No cambia nada. Cambió la transnacional que antes se llamaba Ciba-Geigy y ahora se llama Novartis, y que antes fabricaba DDT y ahora fabrica eso, pero el modelo es el mismo, el poder es el mismo, aunque hoy mucho más concentrado, excluyente y hambreador, y aún más concentrado, porque son poquísimos los que pueden hacer esa bacteria transgénica.


(1) Brasileño, Ingeniero Agrónomo, Coordinador de la Fundación Juquira Candirú o simplemente: Ecologista "Gaucho", como a él le gusta definirse. (2) Uruguayo, Ingeniero Agrónomo, Director de Agroecología del Centro de Estudio Uruguayo de Tecnologías Apropiadas (CEUTA).
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2 opiniones

Charla entre sebastián pinheiro y alberto gómez.

La situación es tan compleja para el campesino porque en la actualidad tiene que comprar desde la semilla, fertilizantes, agrotóxicos hasta la tecnología para cultivar lo que tradicionalmente ha producido. Las semillas criollas se las llevan y nos las devuelven mejoradas aptas para la creciente y exigente sociedad de consumo de la que somos partícipes. La charla es muy interesante y nos permite reflexionar en torno a nuestra corresponsabilidad como integrantes de una sociedad consumidora y compulsiva.
Opinion del curso.

Muy malo no se puede sacar ninguna informacion de la actualidad en el ambito ambiental.

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