A cualquier precio - LA IMAGEN BUSCADA
Artículo creado por Paloma de Miguel. Extraido de: http://www.editorial-na.com/articulos/articulo.asp?art=127
06 de Mayo de 2005
Antropología, Ciencias sociales
6 - LA IMAGEN BUSCADA
Pero es que por nuestros pagos y en un mundo en el que la imagen y la apariencia tienen cada vez más primacía por encima de la esencia, ciertos cuerpos de mujer sirven como modelo para conformar el propio. Son las “mujeres de éxito”, las que gustan, las que nos presentan los medios de comunicación, aunque más allá de lo que juzguemos como un bonito cuerpo nos encontremos con esas “ideas cortas” que algún irónico autor de antaño citó. Pero si hacemos un análisis social de tales modelos, también están sujetos a modas. Hoy diríamos que las Tres Gracias de Rubens tienen celulitis y que a la Venus de Milo incluso le sobra algún kilito, eso sin ir demasiado lejos hacia otras “Venus” bastante más arcaicas y según parece nada preocupadas por la caloría, que llenan las vitrinas de los Museos y frente a las que nos asombramos por sus amplias, orondas y rellenas curvas que se acercan peligrosamente a la esfericidad.
Pero es que la línea curva define a la mujer en cuerpo y alma. El ritmo cíclico y ondulante es femenino, el movimiento circular es femenino, hasta se dice que la conciencia que posibilita la multiatención es femenina. Eros es femenino y se extiende como una vasta red que religa las cosas, y el cuerpo femenino es curvo. Sin embargo, hoy día la mujer adecua su cuerpo hacia patrones de belleza que proclaman la línea casi recta y que no contemplan la más mínima partícula de grasa en sus presupuestos. Adecua su cuerpo con operaciones para agrandar o empequeñecer sus senos según el dictado de otros. Y da la casualidad de que esos “otros” en la inmensa mayoría de los casos son hombres. A propósito de los senos, y esto sí se ha estudiado, resulta que los más valorados ¡no existen! Esa semiesfericidad soñada en todo caso es adolescente o propia de muñecas. ¿Podríamos tenernos en pie o caminar a buen paso si tuviéramos la configuración y las medidas de Barbie?
Precisamente por no adecuarse supuestamente al modelo establecido, el cuerpo, para la inmensa mayoría de las mujeres actuales, es un problema. Por rechazo al cuerpo se entra en la enfermedad física y psicológica. Y por enajenarnos a nosotras mismas queriendo adecuarnos al deseo de otros ahondamos en esa psicopatología. ¿No es hora ya de poner el eje en nuestro ser y reconocernos y valorarnos como portadoras de vida aceptando la morfología que la Naturaleza ha querido para nosotras? No estoy hablando de defectos congénitos ni de descuido, de desatención corporal, ni de enfermedades que proporcionan obesidad, sino todo lo contrario, incido precisamente en el autocuidado que surge del amor, en la valoración de lo que somos y cómo somos, con nuestras características propias y específicas como mujeres, de arriba a abajo, en cuerpo y alma, de la cabeza a los pies.
Estoy hablando de la necesidad de enfatizar la búsqueda de la esencia de lo femenino que nos acerque cada vez más a nuestro propio centro y en la necesidad de contemplar el camino inverso al impuesto para obtener amor; porque el modelo de lo que somos en todo caso es el único válido a exportar frente al modelo ajeno que nos ofertan, ya que es el único real. ¿No estaremos siendo lo que los otros quieren y como los otros requieren para la búsqueda de lo que comúnmente se llama amor, que en el fondo no es tal? ¿No estaremos pagando un precio excesivamente elevado, el de desposeernos, el de despreciarnos a nosotras mismas? ¡Por favor, no caigamos en la tentación de querer ser amadas a cualquier precio!
Así las cosas, mejor que no nos quieran. Al menos no así. No a ese precio.
Pero es que la línea curva define a la mujer en cuerpo y alma. El ritmo cíclico y ondulante es femenino, el movimiento circular es femenino, hasta se dice que la conciencia que posibilita la multiatención es femenina. Eros es femenino y se extiende como una vasta red que religa las cosas, y el cuerpo femenino es curvo. Sin embargo, hoy día la mujer adecua su cuerpo hacia patrones de belleza que proclaman la línea casi recta y que no contemplan la más mínima partícula de grasa en sus presupuestos. Adecua su cuerpo con operaciones para agrandar o empequeñecer sus senos según el dictado de otros. Y da la casualidad de que esos “otros” en la inmensa mayoría de los casos son hombres. A propósito de los senos, y esto sí se ha estudiado, resulta que los más valorados ¡no existen! Esa semiesfericidad soñada en todo caso es adolescente o propia de muñecas. ¿Podríamos tenernos en pie o caminar a buen paso si tuviéramos la configuración y las medidas de Barbie?
Precisamente por no adecuarse supuestamente al modelo establecido, el cuerpo, para la inmensa mayoría de las mujeres actuales, es un problema. Por rechazo al cuerpo se entra en la enfermedad física y psicológica. Y por enajenarnos a nosotras mismas queriendo adecuarnos al deseo de otros ahondamos en esa psicopatología. ¿No es hora ya de poner el eje en nuestro ser y reconocernos y valorarnos como portadoras de vida aceptando la morfología que la Naturaleza ha querido para nosotras? No estoy hablando de defectos congénitos ni de descuido, de desatención corporal, ni de enfermedades que proporcionan obesidad, sino todo lo contrario, incido precisamente en el autocuidado que surge del amor, en la valoración de lo que somos y cómo somos, con nuestras características propias y específicas como mujeres, de arriba a abajo, en cuerpo y alma, de la cabeza a los pies.
Estoy hablando de la necesidad de enfatizar la búsqueda de la esencia de lo femenino que nos acerque cada vez más a nuestro propio centro y en la necesidad de contemplar el camino inverso al impuesto para obtener amor; porque el modelo de lo que somos en todo caso es el único válido a exportar frente al modelo ajeno que nos ofertan, ya que es el único real. ¿No estaremos siendo lo que los otros quieren y como los otros requieren para la búsqueda de lo que comúnmente se llama amor, que en el fondo no es tal? ¿No estaremos pagando un precio excesivamente elevado, el de desposeernos, el de despreciarnos a nosotras mismas? ¡Por favor, no caigamos en la tentación de querer ser amadas a cualquier precio!
Así las cosas, mejor que no nos quieran. Al menos no así. No a ese precio.
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