El acto de habla es la unidad elemental de la comunicación lingüística, que según J.R. Searle no es un símbolo sino "la producción o emisión de una 'instancia' de una oración bajo ciertas condiciones".13
La competencia del hablante ideal, argumenta Habermas, incluye la capacidad de entender y producir emisiones, pero también la capacidad de establecer y entender esos modos de comunicación con en el mundo externo que es donde tiene lugar el habla. Se trata por tanto de una intersubjetividad inserta en el mundo, actuante con él. Como el habla es el medio distintivo y omnipresente de la vida en el nivel humano, la teoría de la comunicación constituye la disciplina universal y básica de las ciencias humanas: revela la infraestructura universal de la vida sociocultural.
Para poder llegar a un entendimiento, hablante y oyente tienen que comunicarse en el nivel de la intersubjetividad, en el que establecen, por medio de actos ilocucionarios, las relaciones que les permiten entenderse entre sí, y el nivel de las experiencias y estados de cosas sobre los que se entienden en el contexto comunicativo.14 Desde el punto de vista de una teoría de la acción comunicativa, la teoría de los actos de habla ofrece una explicación de la fuerza ilocucionaria propia de las oraciones realizativas que pueden generar las relaciones interpersonales pretendidas por el hablante. Así la tarea de la pragmática universal es la reconstrucción de las "presuposiciones generales de las acciones de habla consensuales".15
De este modo, se introduce el acto de habla en el marco más amplio de la acción social, comprendiendo así el lenguaje en el contexto de una relación interpersonal. La distinción Dasein/seres distintos del Dasein queda por tanto anulada en una teoría comunicativa que es una teoría de la acción social.
Pero es preciso, para verlo con más claridad, señalar cómo, dentro de la teoría de Habermas, el acto de habla es un tipo de acción. Con ello se logran recortar las pretensiones transcendentales que el último Heidegger confería al habla. Ya Searle indica es que "hablar es una forma de conducta", es decir, que el lenguaje es un tipo de acción y que "la teoría del lenguaje es parte de la teoría de la acción"16. El acto de habla no es una acción independiente, aunque posea cierta autonomía, sino que necesita de una fundamentación17. Para Habermas esta acción es una acción social, esto es lo que garantiza que la fundamentación no sea apodíctica18. El acto de habla es "sólo el mecanismo de coordinación de la acción", su "infraestructura"19. Esto es lo que Austin y Searle no han visto: "que los actos de habla funcionan como mecanismos de coordinación para otras acciones".20
Habermas distingue entre acción y operación "las operaciones de habla son siempre realizadas dentro de otras acciones", en cuanto tales, las operaciones no tienen contacto con el mundo. Dicho contacto con el mundo vendría dado por la acción social. Esto se comprueba fácilmente al considerar que las reglas de operación, como son las reglas lingüísticas, determinan las condiciones para efectuar un determinado enunciado, pero no lo que es el enunciado mismo. Para ello se recurre a otro tipo de reglas, de acción, por las que las oraciones se convierten en proferencias y adquieren contacto con el mundo. No un mundo dual, como en la relación sujeto-objeto, o la diferencia ontológica heideggeriana, sino con un triple mundo objetivo, social y subjetivo. Dichas reglas pueden ser criticadas desde la perspectiva de la verdad y la sinceridad comunicativa.21
La teoría de los actos de habla en Habermas está, por tanto, inserta en su teoría de la acción comunicativa y tiene la intención de sentar los "fundamentos normativos de una teoría de la sociedad".22