Heidegger hace uso de una instancia, el lenguaje, que constituye un elemento insustituible en el propósito de hacer filosofía después de Hegel. Sin embargo, Heidegger no consigue tomar distancia de esta tradición trascendental al abordar el problema desde una perspectiva cognoscitiva que le hace incurrir en contradicciones. En último término, ha de apelar al lenguaje convirtiéndolo en un trascendental sublimado.
El planteamiento de Habermas acerca del habla parece más acorde con el proyecto postmetafísico pues logra situar la razón en el medio histórico, trata a los sujetos como capaces no sólo de conocimiento, sino también de acción, se aleja de las explicaciones omniabarcantes y deja un margen a la falibilidad, sitúa a los hablantes en el marco concreto de la comunicación interpersonal, establece las condiciones concretas que posibilitan la comunicación, disocia la imagen del "uno frente a todo" situando a los sujetos en ámbitos más complejos de acción y, en definitiva, trata de sustituir el paradigma de la conciencia, y del lenguaje, por un paradigma que incluye distintos aspectos, como es el paradigma del entendimiento, y que posibilita la noción de intersubjetividad.