La razón es que XMM-Newton y Chandra son los primeros instrumentos capaces de detectar el tipo de radiación que emite la materia cuando cae hacia el agujero negro. “Es materia muy caliente, y emite básicamente un último grito en forma de rayos X”, explica Günther Hasinger, del Instituto Max Planck de Física Extraterrestre (Alemania), quien además se esfuerza por despojar a los agujeros negros de una visión mística: “No hay nada de mágico en ellos, cualquier cosa puede ser convertida en un agujero negro si se comprime lo suficiente. Si la Tierra fuera del tamaño de una canica también podría ser un agujero negro”.
Los telescopios espaciales de rayos X han demostrado, por ejemplo, que todas las galaxias tienen un agujero negro en su centro. Además, se cree que esos agujeros negros han crecido al mismo tiempo que la galaxia a su alrededor. La diferencia estriba en la masa del agujero. La Vía Láctea, una galaxia bastante tranquila y de tamaño medio, tiene un agujero con tres millones de veces más masa que el Sol, una de las estrellas de la galaxia. Es bastante pequeño comparado con los 10,000 millones de masas solares que probablemente abundan en las gigantescas supergalaxias en el centro de los cúmulos de galaxias.
De todas maneras, el que a cada galaxia le corresponda un agujero negro ya se venía sospechando. Más inesperado ha sido descubrir que las galaxias con agujeros enormes y muy activos son mucho más numerosas de lo que se creía.
Con el tiempo se dedujo que brillan tanto por la enorme cantidad de energía que emite la materia al caer hacia los agujeros negros supermasivos en sus centros. Pero se siguió considerando a los cuásares una pequeña minoría entre las galaxias. Ahora XMM-Newton y Chandra revelan que esa minoría no es tan pequeña.
“Muchas de las galaxias clasificadas como normales son en realidad cuásares oscurecidos por el polvo”, señala Mushotzky. “Los telescopios ópticos llevaban décadas estudiando estos objetos, y en sólo tres años los telescopios de rayos X han cambiado radicalmente el panorama”. También se sabe hoy que los agujeros negros iluminan el Universo en mayor proporción de lo estimado.
Una pregunta habitual para los astrónomos es qué proceso contribuye más a la cantidad total de luz en el cosmos: la formación de estrellas o la energía emitida en las inmediaciones de los agujeros negros. El marcador, mientras otras observaciones no demuestren lo contrario, está en aproximadamente 80% estrellas, 20% agujeros negros.