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Alegorías de la derrota en La Malinche y Florinda ''La Cava'' - Leyenda y nacionalismo

Artículo creado por Juan F.Maura. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero23/malinche.html
17 de Septiembre de 2006
Historia de la literatura

1 - Leyenda y nacionalismo

En este trabajo se presentarán una serie de paralelismos entre dos figuras míticas del mundo hispano. Por su extraordinaria dimensión novelesca han sido objeto de todo tipo de relatos en los más diversos géneros literarios hasta el presente. Se incluirán también algunos ejemplos arquetípicos precedentes, y hasta cierto punto semejantes, de otras culturas anteriores. Estas dos figuras, por su valor nacional, y por lo que representan como justificación de las derrotas ocurridas a dos pueblos en determinados momentos de la historia, han cobrado un relieve muy superior al que en otras circunstancias hubieran tenido2. Se trata, por un lado, de Florinda "la Cava", "culpable y responsable" de la "pérdida" de España, y por el otro de la Malinche o Doña Marina, culpable y responsable de la "pérdida y derrota" del pueblo mexicano. Ambas figuras representan alegóricamente la traición y la deshonra a sus propios pueblos.

Son muchas veces pensadores, con una visión más global del limitado entorno que les rodea, los que hacen juicios que van más allá de las simples y a veces arbitrarias fronteras geográfico-políticas. En el caso de México ya han sido varios los intelectuales que han escrito sobre la complejidad de la ideosincracia mexicana, producto de un riquísimo pasado precolombino, unido, en muchos casos violentamente, a la cultura que trajeron los cristianos españoles3. Este conflicto religioso, lingüístico y social, que supuso el contacto y mezcla de pueblos altamente civilizados ha sido ya tratado por numerosos escritores hispanoamericanos. Vale la pena mencionar, aunque sea de manera sumarísima, algunos de los más relevantes: José Enrique Rodó, José Vasconcelos, Samuel Ramos, Octavio Paz y más recientemente, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa. Todos han deliberado de una manera u otra sobre la dificultad que representa para un pueblo la identificación y al mismo tiempo el rechazo de parte de su propia historia e identidad. En el caso de España ha ocurrido lo mismo. Pensadores como Menéndez Pidal, Unamuno, Maeztu, Ortega y Gasset y Américo Castro, entre otros, han hecho lo mismo, interpretando lo que significa el concepto de España y de quiénes son los españoles.

En el primer caso de esta dicotomía, tenemos al escritor mexicano Octavio Paz, que expone de una manera sencilla el complejo y a menudo doloroso tema de la idiosincrasia mexicana, ayudándonos a adentrar e interpretar el punto que intentamos probar.

Los mexicanos del siglo XX, sin excluir a los indios puros, vemos al mundo precolombino como a un mundo que está del otro lado. Lo vemos no sólo alejado en el tiempo sino en la otra vertiente. Es claro—aunque la opinión oficial, por una aberración intelectual y moral, se niegue a aceptarlo—que hay mayores afinidades entre el México independiente y la Nueva España que entre ambos y las sociedades prehispánicas...(Paz 25)

Fruto directo de esta compleja forma de pensar mejicana, es el personaje de doña Marina, "La Malinche", compañera de Cortés, de la que se ha escrito e idealizado por propios y extraños en numerosas ocasiones. En el presente trabajo, sin embargo, nos limitaremos al valor que su figura legendaria representa en cuanto al uso y abuso que se ha hecho de su persona para el beneficio del discurso, explicación ideosincrática y nacionalista de un pueblo en un determinado momento de su historia.

Para empezar, vale la pena mencionar la connotación que se da al término "malinchista". Octavio Paz en su conocida obra El laberinto de la Soledad, denuncia el hecho de que desde hace poco tiempo la prensa escrita haya puesto en circulación el término "malinchista", como equivalente a todo aquello que ha sido infiel a su pueblo por haber sido "corrompido" por influencias externas y extranjeras4. En este caso sobra decir que la influencia extranjera a que se refiere no es otra que la española, sin la cual, hoy en día, no se podría explicar la ideosincrasia mexicana. Esta identificación con el mundo no-español si tuvo sentido en un momento dado, como un rechazo a todo lo que por razones independentistas, revolucionarias, políticas, a fin de cuentas, pudiera connotar una identificación o sumisión al enemigo, en este caso España. Dice Messenger sobre este punto: "The revalorization of Indian culture after Mexican independence from Spain strengthened the diatribe against La Malinche and her sin of malinchismo, of acculturation" (148).

Doña Marina, sin embargo, fue una singular mujer, querida y odiada por su innegable importancia en los sucesos que se sucedieron, y muchas veces incomprendida al querérsela identificar como la "traidora" del pueblo mexicano, cuando en realidad los indígenas no aztecas con quienes se relacionaba, aliados y seguidores de Cortés, tenían tanto derecho a denominarse "mexicanos" como los mismos aztecas. No eran menos "mexicanos" los indígenas aliados de España que los indígenas enemigos de España. Como dijo Octavio Paz unas líneas antes, sería una aberración negar el pasado español por parte de los mexicanos de hoy. Igualmente lo sería para los españoles actuales negar su pasado latino. Dice Messenger al respecto: "Although the Aztecs overshadow other indigenous groups in popular legend, the pre-Columbian Amerindian world was not homogeneous but composed of many nations. The pre-Hispanic sociopolitical system was composed of tribal groups with complicated alliances" (17).

Octavio Paz tiene algo que decir también, sobre la constante bipolaridad en que es presentada doña Marina, que al igual que Isabel la Católica, Cristóbal Colón, o Hernán Cortés, han sido zarandeados a través de los años de héroes a exterminadores. En el caso de doña Marina, la "lengua" de Cortés, de pasar de "Chingada traidora" a "fiel amante". Dice Octavio Paz:

Doña Marina se ha convertido en una figura que representa a las indias, fascinadas, violadas o seducidas por los españoles. Y del mismo modo que el niño no perdona a su madre que le abandone para ir en busca de su padre, el pueblo mexicano no perdona su traición a la Malinche (77-78).

¿Fue consciente alguna vez doña Marina del concepto de "pueblo mexicano"? ¿Los mexicanos de hoy son cultural y racialmente los mexicas del primer cuarto del siglo XVI? Parece excesivo querer poner todo el peso y responsabilidad de la conquista de México en una sóla mujer. Por otra parte, tiene sus ventajas. Desde el punto de vista nacional-indigenista, es mucho más fácil echar la culpa de una derrota en la persona de una mujer que en la de todo un pueblo. Dice Sandra Messinger en su estudio de la Malinche: "Thus the sign 'La Malinche' fuctions as a continually enlarging palimpsest of Mexican cultural identity whose layers of meaning have accrued through the years"(5). Esto como se verá más adelante, no tiene nada de nuevo.

En cuanto a la Malinche, merece presentar, aunque solo sea de pasada, algunos trazos biográficos, que ayuden a delimitar el perfil real de la persona que nos ocupa. Jaime Delgado hace el siguiente resumen sobre la biografía de la Malinche, sacado de la obra del cronista-soldado Bernal Díaz:

Que su padre y su madre eran señores y caciques de un pueblo que se dice Painala, y tenía otros pueblos sujetos a él, obra de ocho leguas de la villa de Guazacualco; y murió el padre, quedando muy niña, y la madre se casó con otro cacique mancebo, y hubieron un hijo, y según pareció, queríanlo bien al hijo que habían habido; acordaron entre el padre y la madre de darle el cacicazgo después de sus dias, y porque en ello no hubiese estorbo, dieron de noche a la niña doña Marina a unos indios de Xicalango, porque no fuese vista, y echaron fama de que se había muerto (Díaz XXXVII, 61).

Después los de Xicalanco la entregaron a los de Tabasco y estos más tarde a Hernán Cortés5. Difícilmente se podrá calificar a esta mujer como la "traidora del pueblo mexicano". Fue ella más bien la que fue traicionada por los suyos. Parece existir una fuerte necesidad de expiar las culpas de la derrota de un pueblo en seres indefensos o en mitos que justifiquen de alguna manera los hechos ocurridos. Messinger añade a este respecto: "As a literary figure she has suffered in her representation according to the needs of the national agenda "(152). Paradójicamente, muchas veces los hechos en la historia ocurren a menudo a la inversa de como se presentan, comenta Delgado:

Como escribiera don Carlos Pereyra, los indios hicieron la Conquista, y los españoles la independencia. Malintzin-doña Marina simboliza ejemplarmente la fascinación experimentada por el amerindio ante los invasores, del mismo modo que el propio Cortés constituye el paradigma del fenómeno contrario: el conquistador conquistado por su conquista (109).

En España, la "culpable", según los romances populares, de que las tropas musulmanas entrasen en la península, a principios del siglo octavo, fue otra mujer: Florinda "La Cava". Esta, para vengarse de la violación cometida en su persona por el último rey visigodo don Rodrigo, avisó en secreto del ultraje cometido a su padre el conde don Julián, encargado de proteger la frontera con los árabes. Como venganza contra los cristianos, éste abrió las puertas de la Península a la invasión musulmana, y provocó por consiguiente la "pérdida" de España. No hace falta que nos paremos a mencionar el incalculable valor que la aportación de la cultura islámica ha tenido en España, tampoco hace falta decir que los españoles de hoy no tienen que identificarse antes necesariamente con los hispano-visigodos que con los hispano-árabes. No obstante, merece la pena detenerse a ver el papel que ha jugado la iglesia católica así como algunos escritores, en perfilar y vertebrar una visión histórica y política que se ajustase a los más estrictos cánones de la ortodoxia cristiana. El filósofo español Ortega y Gasset en su España invertebrada, identificándose con el elemento germánico en general, y con los francos en particular, restará importancia y calificará denigratoriamente la llegada y conquista de los musulmanes como "un soplo de aire africano...", "la marea musulmana...", que a causa de la decadencia de los visigodos se pudo permitir la osadía de invadir la Península. Escribe Ortega y Gasset:

Pero los visigodos, que arriban ya extenuados, degenerados, no poseen esa minoría selecta. Un soplo de aire africano los barre de la Península, y cuando después la marea musulmana cede, se forman desde luego reinos con monarcas y plebe, pero sin suficiente minoría de nobles. (140).

Una de las figuras más prominentes dentro del campo de la historia de España, Menéndez Pidal, calificará agudamente a la "Cava", como "la desgraciada muchacha" que tendrá que llevar a hombros el deshonroso peso de la "pérdida de España". Esta calificación la sigue llevando hasta el presente. De una manera a menudo inconsciente, muchos españoles de hoy, sin pararse a reflexionar sobre la "culpabilidad" de este ser histórico-legendario, la verán como la mujer traidora que junto con su padre el conde Julián entregarán a España a sus enemigos6. Dice Menéndez Pidal en el volumen IV de su Historia de España:

Sobre la desgraciada muchacha debía pesar para siempre la responsabilidad de los males que abrumaron a España desde el día que este país cayó en manos de los musulmanes. Toda la literatura iba a inspirarse en la hija del conde Julián: relatos de época muy tardía, e incluso el Romancero, cuentan como, al bañarse en el Tajo, en Toledo, fue vista por Rodrigo, y le dan caprichosamente el nombre de Florinda y el infamante apodo de "la Cava" (de una palabra árabe que significa "prostituta") (Pidal 4: 9-10).

Mary M. Gaylord, haciéndose eco de esta fijación de la mitólogía de la España cristiana de querer poner todo el peso y responsabilidad de la conquista de España en una sóla mujer, escribe:

Told and retold in chronicles, in fictionalized history, and obsessively in sixteenth-century ballads, the legend blames La Cava's seductiveness and Rodrigo's transgression not only for the loss of a young girl's virginity (before her deflowering, she is known as Florinda), but for the loss of an entire Christian kingdom, which must then suffer eight centuries of infidel rule in shared penance for Rodrigo's sins (130).

Américo Castro, por otro lado, en su libro La Realidad Histórica de España, no hablará de "España" como nación hasta la llegada de los reyes católicos y afirmará aún, que los visigodos no eran ni siquiera españoles. En ningún momento rechazará a las culturas no-cristianas. Pero sí dirá que de los europeos, los españoles son los que menos contacto tienen con su propio pasado (66). Dice Castro:

Y por si fuera poco, hago además saber a los españoles, que son como son, se han comportado colectivamente en la forma que sabemos, valen lo que valen y sufren lo que sufren, porque siglos atrás sus antepasados —fueran cristianos o no cristianos— pertenecieron a una comunidad humana, sita temporal y espacialmente en la Península Ibérica, e integrada por tres castas creyentes: cristianos, moros, judíos. (Castro, xii)

El distinguido arabista español Emilio García Gómez, en el prólogo del tomo que le encargó Ramón Menéndez Pidal traducir y preparar sobre la España musulmana, dice que debido, en parte, a la dificultad que supone el conocimiento de la filología oriental, la mayoría de los arabistas en el mundo, incluso los más ilustres, desconocen la lengua árabe7. Con estas palabras, que dan buena cuenta de lo que ha representado hasta hoy un pasado riquísimo pero vergonzosamente desconocido, resume García Gómez esta penosa situación:

No pueden, por tanto [los arabistas], manejar directamente las fuentes en ellas escritas, que son abundantísimas, prolijas, bien informadas, únicas para conocer lo que pasaba allá dentro de la España musulmana, y, en cuanto a lo que pasaba en la frontera o en los contactos de ambas fracciones peninsulares, si no únicas —que muchas veces lo son—, infinitamente más circunstanciadas que las cristianas, a lo menos en los periodos antiguos. Dicho se está que sin un conocimiento, que ha de ser sino cabal, más que mediano, del árabe, la historia de nuestra Edad Media no podría hacerse sino parcialmente y en muchos casos mal (Pidal 4: X).

El haber rechazado, por las razones mencionadas anteriormente, una parte de nuestro pasado —tanto en México como en España— ha hecho que tengamos todavía hoy, además de un gran desconocimiento histórico, una visión parcial y estereotipada de nuestra identidad.

Si nos remontamos un poco más en la literatura clásica para buscar ejemplos en donde la figura femenina ha sido usada con fines políticos, militares o religiosos, veremos como en las guerras entre griegos y troyanos la princesa Helena fue la culpable de "provocar" el conflicto entre estos dos pueblos. En las guerras entre romanos y vándalos (455), el rey vándalo Gaiserico, aprovechando el vacío de la muerte del emperador romano Valentiniano III, ocupa Roma, tomando como rehenes a Eudoxia, viuda de Valentiniano y a sus hijas, de las que éste sabrá sacar buen partido para negociar con sus enemigos (Boak 380). También es conocido el caso de Ariadna, hija del rey Minos, que proporcionó a Teseo el hilo con cuya ayuda consiguió salir del laberinto para después matar al Minotauro, siendo más tarde abandonada por éste; o Tarpeya, que entregó a los sabinos la ciudadela de Roma y más tarde fue muerta por ellos. Sobra decir que existen muchísimos más casos, como los anteriormente mencionados, en donde la mujer es engañada y usada como "cabeza de turco". Algunas de estas leyendas tienen su principio al comienzo de nuestra civilización, como es el caso de la epopeya más antigua de la humanidad donde Istar, diosa babilónica de la fertilidad ayudó al héroe legendario Gilgamés a conseguir sus conquistas, siendo más tarde rechazada por éste. No hace falta mencionar que la culpable de que en el mundo judeo-cristiano hoy se pueda disfrutar del paraíso terrenal haya sido otra mujer, Eva, que sedujo al "inocente" Adan para que comiese de la fruta prohibida. De la misma manera el mito griego de la caja de Pandora, donde se resalta como la “curiosidad” de la mujer fue la causante de innumerables plagas para el cuerpo y penas para el alma que llegaron por su culpa a los humanos. Todos estos ejemplos demuestran que es mucho más fácil echar la culpa de la derrota o la desgracia de todo un pueblo en una mujer, que aceptar la victoria del enemigo o la realidad tal cual es. Sin embargo, distorsionar la verdad creando un héroe o una villana para el beneficio del orgullo nacional de un pueblo en un momento dado de su historia, crea, de hecho, problemas de identidad.

Afortunadamente, en el México actual, cada vez son más los que han optado por aceptar tanto el pasado precolombino como el hispánico, ya que negar uno de ellos sería negar su propia identidad.8

En España, en la actualidad, está sucediendo un fenómeno paralelo, con el pasado semítico (judío y musulmán). En la literatura, música, pintura y poesía, parece que hay un renacer y cierto sentimiento de culpabilidad por haber ignorado por tanto tiempo un pasado tan rico. La iglesia católica, en su labor docente a través de los siglos, ha mostrado a las culturas no-cristianas como extranjeras, no españolas, cuando en realidad difícilmente se podría comprender la idiosincrasia española sin su legado romano, judío o islámico. De un tiempo a esta parte, afortunadamente, se ha corregido en gran manera tal interpretación de nuestro pasado, que era tan común hasta sólo hace unos años.9

Tan absurdo sería aceptar la culpa de la Malinche en la derrota de los aztecas como aceptar la derrota de las tropas hispano-visigodas por culpa de los excesos sexuales de don Rodrigo con la "Cava", y la consiguiente "venganza" de ésta. Será por lo tanto con tolerancia y respeto por nuestro pasado, como ya ha sido el caso de algunos pensadores y ensayistas de talla universal, la manera en que podremos enjuiciar los actos y personajes de nuestra historia, más cercanos a la tradición literaria en estos dos casos, mirando más lejos de las simples y frecuentemente arbitrarias fronteras geográfico-políticas. Estos dos paradigmas de nuestra mitología pasarán a ser, no ya elementos de desunión, sino, catalizadores de culturas encontradas en diferentes estados de evolución como lo fueron la musulmana y la cristiano-europea en el siglo VIII y la española con las ameríndias en el XV.

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Juan F.Maura Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero23/malinche.html CopyLeft
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