Una emoción es, en esencia, un impulso que induce la acción, se origina en nuestro cerebro, en programas de reacción automática que se han establecidos a través de la evolución. En psicología se define como aquel sentimiento que se expresa mediante alguna función fisiológica, por ejemplo, el llorar.
Utilizamos la palabra emoción para designar el conjunto de cambios corporales que se ponen de manifiesto durante un estado emocional (gestos faciales, frecuencia cardiaca, etc.).
Las emociones no evolucionaron como sentimientos conscientes.
Evolucionaron como resultado de especializaciones de la conducta y respuestas fisiológicas: respuestas físicas controladas por el cerebro que permitieron la supervivencia a los organismos, en entornos hostiles y también como mecanismos para la procreación. Theodore Ribot, (psicólogo de reconocida trayectoria) sostiene que, nuestra personalidad envuelve en su profundidad el origen de lo que él denominó “trinidad afectiva” constituida por: el miedo, la cólera y el deseo: son los tres instintos nacidos directamente de la vida orgánica: instinto defensivo, instinto ofensivo, instinto nutrición.
Por otra parte, para John Bowlby, teórico del psicoanálisis) propone que: la forma primitiva no se sustituye, se modifica, se desarrolla, pero sigue determinando la pauta global. La conducta instintiva en el hombre procede de algunos prototipos que son comunes a otras especies. La evolución ha conservado los aspectos sustanciales del mecanismo cerebral, el mecanismo que conecta la detección de un peligro con los dispositivos que ponen en marcha la respuesta adecuada.
Cuando los mecanismos emocionales ancestrales, como la defensa ante el peligro, actúan en un cerebro conciente, se produce la percepción de la respuesta emocional del propio organismo bajo la forma que denominaremos SENTIMIENTOS.
Cómo influyen las emociones en la conducta humana?, sin duda esta ha sido la pregunta que ha despertado el interés de numerosas disciplinas que, a través de múltiples enfoques han tratado de explicar esta relación y su repercusión en la vida de los seres humanos. Peter Salovey y John Mayer, proponen en 1990 un modelo que denominaron INTELIGENCIA EMOCIONAL, en el cuál identifican dos tipos de inteligencias: la Inteligencia Cognitiva, en la cual ubican a la, atención, memoria, lenguaje y la abstracción y en la cuál tendría mayor preponderancia la carga ambiental que la carga genética, a la Inteligencia Emocional, en la cual se encuentran los elementos sociales y emocionales.
En este modelo propuesto, y que luego Daniel Goleman, desarrolla en su libro Inteligencia Emocional, el éxito de una persona, tanto personal como profesional está determinado por su capacidad para gestionar sus emociones. Innumerables experiencias e investigaciones han aportado mayor información y nuevas teorias sobre el particular; el Dr, Martin Seligman defiende en su libro “La autentica felicidad”, la capacidad que tenemos los seres humanos en elegir y propone identificar a las emociones como sentimientos positivos o sentimiento negativos.
La distinción podría tener un giro e identificar a las emociones como emociones productivas y emociones improductivas, desde esta conceptualización una emoción que nos permite y facilita la obtención de la meta que nos proponemos es una emoción altamente productiva, porque nos permite aprender, concretar y con poca pérdida energética, es decir, hemos gestionado de modo productivo nuestra respuesta emocional. Las emociones improductivas, en cambio, nos quitan libertad y obstaculizan nuestra capacidad de interpretar la realidad, estamos capturados por esas emociones.
Gestionar nuestras emociones es un proceso que primero debe ser personal, es importante comenzar a reconocer cuáles son nuestras emociones improductivas, descubrir que etiquetas cognitivas actúan en la interpretación de la realidad. Es un entrenamiento personal y necesario para alcanzar nuestras metas y luego poder disfrutar con ese logro.