Alma y Ciencia - EL PRINCIPIO ANTRÓPICO
Artículo creado por Fernando Fígares. Extraido de: http://www.editorial-na.com/articulos/articulo.asp?art=162
20 de Abril de 2005
Física
5 - EL PRINCIPIO ANTRÓPICO
El hombre jamás ha cesado de interrogarse sobre el lugar que ocupa en el Universo. Con el advenimiento de la ciencia moderna y la pérdida de interés por las mitologías antiguas, nos hemos ocupado de medir el Universo y de realizar el inventario de su contenido material, pero al mismo tiempo la eterna pregunta se ha formulado cada vez con mayor precisión: ¿Por qué es tan grande el universo observable y por qué comporta un número tan extraordinario de galaxias (evaluado en centenares de miles de millones)? En ese marco extraordinario, la aparición de la vida y del hombre, ¿es el resultado del puro azar? En otras palabras, ¿nuestra existencia es accidental, insignificante, absurda?
Antes de la llegada de la cosmología relativista (aplicación de la Teoría de la Relatividad General, A. Einstein, 1915), esas preguntas eran exclusivamente de orden filosófico o teológico. Con el tiempo, toda una serie de ideas, teorías y observaciones han conducido a los cosmólogos a ciertas reflexiones que iban a centrarse, en los años 70, en torno al llamado "principio antrópico". Este principio no ha cesado de excitar los ánimos de la comunidad científica y es el objetivo de numerosas controversias y de críticas no resueltas hasta ahora.
Resumiendo mucho, podemos abordar directamente la formulación del principio antrópico tal y como la ha dado el astrofísico británico Brandon Carter, quien ha propuesto dos versiones del mismo principio.
Según su "forma débil" (Weak Anthropic Principle), la presencia de observadores en el universo, es decir, nosotros mismos, exige una serie de condiciones predeterminadas en cuanto a la posición temporal que ocupan los mismos dentro del cosmos, y también en cuanto a algunas variables cosmológicas, como son la densidad o el tamaño del Universo.
Si se considera la "forma fuerte" (Strong Anthropic Principle), esas exigencias se generalizan en todos los campos, y cada una de ellas es indispensable e invariable, pues cada una de ellas determina nuestra presencia. En otras palabras, la aparición de seres complejos y evolucionados exige unas condiciones únicas y exclusivas desde los comienzos del Big-Bang. Esto lo ilustra Freeman Dyson con este aserto: Cuando miramos el universo e identificamos los múltiples accidentes de la física y de la astronomía que han trabajado de mutuo concierto en nuestro provecho, todo parece haber pasado como si el universo debía, de alguna manera, saber que nosotros íbamos a nacer.
A partir de las variantes del principio antrópico, surgen diversas interpretaciones, entre las que destacamos aquellas que tienen un marcado carácter finalista, y en donde la aparición de los seres vivos y de la conciencia forma parte de un plan premeditado, de un pensamiento que se expresa a través de la evolución de la vida.
Esas tendencias científicas responden a la esperanza formulada por Theilhard de Chardin en esta frase: La verdadera física es la que llegará, algún día, a integrar al hombre total en una representación coherente del mundo.
Gracias al "principio antrópico" nos colocamos en las antípodas de la filosofía existencialista de Sartre, puesto que este último calificaba al Universo, en la Nausée, de "larva húmeda" y de "suciedad asquerosa".
Así pues, el Universo parece calibrado de forma extremadamente precisa y con la intención de manifestar en su momento la vida, y algo más tarde, un observador capaz de apreciar su extraordinaria armonía.
Antes de la llegada de la cosmología relativista (aplicación de la Teoría de la Relatividad General, A. Einstein, 1915), esas preguntas eran exclusivamente de orden filosófico o teológico. Con el tiempo, toda una serie de ideas, teorías y observaciones han conducido a los cosmólogos a ciertas reflexiones que iban a centrarse, en los años 70, en torno al llamado "principio antrópico". Este principio no ha cesado de excitar los ánimos de la comunidad científica y es el objetivo de numerosas controversias y de críticas no resueltas hasta ahora.
Resumiendo mucho, podemos abordar directamente la formulación del principio antrópico tal y como la ha dado el astrofísico británico Brandon Carter, quien ha propuesto dos versiones del mismo principio.
Según su "forma débil" (Weak Anthropic Principle), la presencia de observadores en el universo, es decir, nosotros mismos, exige una serie de condiciones predeterminadas en cuanto a la posición temporal que ocupan los mismos dentro del cosmos, y también en cuanto a algunas variables cosmológicas, como son la densidad o el tamaño del Universo.
Si se considera la "forma fuerte" (Strong Anthropic Principle), esas exigencias se generalizan en todos los campos, y cada una de ellas es indispensable e invariable, pues cada una de ellas determina nuestra presencia. En otras palabras, la aparición de seres complejos y evolucionados exige unas condiciones únicas y exclusivas desde los comienzos del Big-Bang. Esto lo ilustra Freeman Dyson con este aserto: Cuando miramos el universo e identificamos los múltiples accidentes de la física y de la astronomía que han trabajado de mutuo concierto en nuestro provecho, todo parece haber pasado como si el universo debía, de alguna manera, saber que nosotros íbamos a nacer.
A partir de las variantes del principio antrópico, surgen diversas interpretaciones, entre las que destacamos aquellas que tienen un marcado carácter finalista, y en donde la aparición de los seres vivos y de la conciencia forma parte de un plan premeditado, de un pensamiento que se expresa a través de la evolución de la vida.
Esas tendencias científicas responden a la esperanza formulada por Theilhard de Chardin en esta frase: La verdadera física es la que llegará, algún día, a integrar al hombre total en una representación coherente del mundo.
Gracias al "principio antrópico" nos colocamos en las antípodas de la filosofía existencialista de Sartre, puesto que este último calificaba al Universo, en la Nausée, de "larva húmeda" y de "suciedad asquerosa".
Así pues, el Universo parece calibrado de forma extremadamente precisa y con la intención de manifestar en su momento la vida, y algo más tarde, un observador capaz de apreciar su extraordinaria armonía.
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