En el modelo clásico del proceso de investigación, nos encontramos con dos posibles puntos de partida para el proceso. En el caso de los empiristas, el proceso comienza por la observación, una observación inocente, no contaminada por teorías, a partir de la cual, en el hallazgo de comportamientos comunes de los hechos observados, se inducen una o más reglas que definen la teoría. En el caso de los teoricistas o aprioristas, los científicos predicen un conjunto de reglas sin ningún tipo de fundamentación a partir de las cuales se realizan verificaciones que corroboren o falseen las reglas.
En el primer caso tenemos un modelo que hace hincapié en procesos de inferencias inductivos, donde a partir de un conjunto de hechos similares, defino una regla común que explica todos estos hechos. En el segundo caso, los teoricistas ponen el acento en procesos deductivos, que a partir de la regla o teoría, se define el comportamiento de los hechos observables.
A simple vista podemos ver que ninguno de los dos caminos es posible: nunca realizamos observaciones en un marco “aséptico”, sin vivencias y conocimientos previos que obliguen a la observación a dirigirse a ciertos aspectos y no otros. Y tampoco generamos mágicamente teorías a partir de la nada, que luego sean verificadas en los hechos. En sí, ninguno de los dos es un punto de partida: la combinación de prototeorías y protoobservaciones son las que nos permiten, en un camino oscilante de uno a otro, generar el conocimiento científico. A este conocimiento básico, que contiene en forma “primitiva” a la teoría y la observación, Ladriere la llamó precomprensión modelizante. A partir del mismo, mediante dos nuevas formas de inferencia, partimos de este conocimiento en formación o génesis y nos acercamos a lo que llamamos estructura. Estas formas de inferencia son la analogía y la abducción.
La analogía nos permite transpolar conocimientos de objetos o campos distintos a nuestro campo de estudio. Por ejemplo, en investigaciones sobre visión global en ambientes dinámicos llevados a cabo en nuestro centro, partimos de la idea gestáltica del proceso por el cual nuestro cerebro completa la imagen aún teniendo información incompleta de la misma. De esa manera, comenzamos nuestras investigaciones con algoritmos estadísticos que, con poca información de visión, permitían reconstruir los objetos en un tiempo mínimo.
La abducción nos permite inferir una hipótesis interpretativa de la causa del rasgo encontrado al relacionarlo con cierta regla que ya poseemos. Por ejemplo, si en nuestra detección de figuras en una imagen utilizando métodos estadísticos, nos encontramos que ante determinada toma de datos el error de detección es alto, arriesgaremos por abducción que la elección de los datos para el reconocimiento ha sido errónea. En este caso, el rasgo (error alto en la detección de la figura) junto a la Regla (con una muestra de distribución uniforme del 3% de los puntos de un cuadrado detectamos la posición de la figura con un porcentaje de error bajo) nos permiten abducir que el Caso (la muestra tomada de la imagen) ha tenido un problema de sesgo, es decir, una muestra con distribución no uniforme o un número menor al 3% de los puntos del cuadrado.
En síntesis, la deducción, la inducción, la abducción y la analogía son los métodos de inferencia esenciales (pero no los únicos) sobre los que se basa la construcción del conocimiento en el proceso científico. Presentados estos, veamos la vinculación existente entre ellos y el proceso de diseño de software orientado a objetos.